jueves, abril 25, 2024

El Padrino para reconciliar a Leonel y Danilo               

Por Eloy Alberto Tejera 

“Esto tiene que parar”, dijo compungido y al tris del sollozo mientras estaba reunido con la crema nata de los capos,  don Corleone, luego que le mataran a su impetuoso hijo Sonny en represalia llevada a efecto por la familia Barzini. Se habían desatado los demonios y las ametralladoras entre las “familias”, y nada más sabio que esta frase. Efectivo vendaje. Olfateaba que el correr de la sangre nada más se detiene cuando encuentra como muro de contención a la prudencia. Y don Corleone  la tuvo y la puso de manifiesto y sobre la mesa de negociaciones. Esta escena (memorable según los padrinistas) de “El don” es utilizada por los vivos conferencistas (aprovechable para estos) para hablar de la importancia del perdón como elemento de sanación. ¿Puede haber algo más grande que la muerte de un hijo? Si el don pudo perdonar la muerte de su prole, usted puede someterse a la misma mecánica en cualquier situación de la vida. 

Traigo esto a colación para especular en torno a si puede existir una reconciliación futura entre los expresidentes morados Leonel Fernández y Danilo Medina, para entonces dar paso a una alianza de cara a las elecciones presidenciales. Los peledeístas que tragan aire y que sueñan con volver donde se guisa y hay grasa a granel, esperan que se desinflen asperezas y rencores, no obstante a que la vejiga del odio fue inflada con mucha fuerza. 

La relación de Danilo y Leonel se remonta a cuando en el PLD existían los circulistas y “la olla económica” no molestaba y era el denominador común y estandarte. En aquella época tenían bigotes copiosos y copiosa hambre de poder, y como norte se hablaba de pureza y redención social. Hoy andan “desbigotados”, y esas palabras ya no están en su vocabulario, y suenan con la ironía con que el político siempre pronuncia la palabra “pueblo”, como diría personaje de Milán Kundera.  

Danilo y Leonel se conocen. Eran fabulosa mancuerna. Tándem exitoso. Compinches fueron y en la rama del poder y la ambición ambos, cual oscuras aves, se posaron. El más joven (Leonel) por 12 años, el más reciente (Danilo), por 8 años. Entre ambos, 20 años sumaron cruzándose “la noña”, que no es paja de coco en ningún lado. Arriba disfrutaron de las mieles del poder, abajo, ahora las hieles. Uno paladeó el trago amargo del descrédito, de Quirino, otro, aunque no se lo ha tomado (el de César el Abusador), y que la familia haya estado en la chirola y con procesos judiciales pendientes donde la vergüenza se ha quedado en un closet.  

De acá para allá ha llovido mucho. Y como se sabe, la lluvia unida al poder y el polvo trae lodos. 

Danilo sabe que Leonel es por la ambición que sangra. Y nada hay más que recordar a César Pavese cuando señalaba que quien conoce bien el calendario mensual de una mujer siempre sabe por dónde cogerle. Y bien que Danilo Medina sabe por dónde puede cogerle a Leonel, y que no es por el pichirrí. 

En las actuales condiciones si hay un proceso de negociación, el mismo estará encaminado en dos direcciones; Danilo para su pellejo salvar, y Leonel para con su ego encumbrarse, y volver a “subir las escalinatas del Palacio Nacional” como repite un tanto embriagado. Los procesos actuales son contra la administración de Medina; Leonel, hasta el momento, duerme tranquilo, aparentemente indultado, olvidados por el Ministerio Público los desmanes e indelicadezas de sus administraciones. (Sun land, Tucanos, etc…). 

A Leonel se le mató un hijo, como a Corleone, pero fue el hijo de la reputación. ¿Podrá perdonar? Danilo no cree en la palabra de él. ¿Se atreverá a pactar y que el rencor sea fantasma del pasado?  

Que la gente olvide y perdone 16 años de corrupción, es harina de otro costado, y como panadero de la escritura que soy, debo amasarla en otro análisis. De lo que Danilo tiene certeza es que la palabra solo en boca de gallero vale, que en boca de político no es de fiar nunca, y Leonel, en un país como éste donde después de Dios, es al presidente a quien se le reza, debe estar dispuesto a tragarse no un tiburón podrido, sino una docena que pululan por las aguas del mar Caribe, alimentados de las desgracias humanas. Es poco probable que haya reconciliación, a menos que a Danilo se le monte el espíritu de don Corleone, y hasta donde yo sé, no es fanático de la película El Padrino, y sus geniales secuelas. 

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