El medio ambiente es asunto de todos

Muchas décadas de migraciones desordenadas del campo a la ciudad, por la falta de oportunidades y la concentración de la renta en las grandes urbes, han servido de canal para que tengamos una concentración de más del 80% de la población en el Gran Santo Domingo y Santiago, junto a cuatro o cinco ciudades más de más de trescientos mil habitantes.

La dimensión de los problemas urbanísticos, sanitarios y sociales en general que se cocinan en semejantes aglomeraciones humanas en tiempos normales son siempre desbordantes y se acrecientan geométricamente en momentos en que el país es impactado por fenómenos atmosféricos como tormentas y huracanes.

Aparte de la lluvia y las ventiscas, uno de los problemas más evidentes en estos días de tormenta es el enorme basural de desechos plásticos en que se ha convertido el país. En cualquier ruta que se recorra, muchos de los cauces naturales de las escorrentías de la lluvia se observan abarrotados de botellas, vasos, platos y toda suerte de desperdicios. Igual o peor situación observamos en los imbornales de las ciudades, obstruidos por represas plásticas y de otros desperdicios, que en muchas ocasiones son lanzados a propósito para deshacerse de ellos ante la precariedad del servicio de recogida, sin detenerse a pensar en que, tanto a la corta como a la larga, lo que están es agravado su propia situación.

No hay dudas de que el cambio climático está incidiendo en el incremento de fenómenos de la naturaleza que impactan la vida de la gente. Pienso que tampoco nadie con un mínimo de conciencia niega ya que los desastres naturales, que mayormente afectan a los pobres del mundo, son principalmente desastres sociales.
A través de su impacto queda al desnudo la cruenta historia de despojo a que la inmensa mayoría de la humanidad ha sido sometida durante siglos de historia. Pero esos acertados macro relatos tampoco pueden desmentir la altísima responsabilidad de los individuos en la creciente suciedad y en la grave contaminación ambiental que impacta nuestro territorio.

No se puede negar que ha faltado educación cívica, que hay un alto grado de inconciencia e inconsecuencia con la causa común y hasta se evidencia un alto nivel de desorden personal en buena parte de los habitantes de este amado terruño. Y eso no podemos endilgárselo a la opresión de siglos, porque muchos individuos criados en los mismos ambientes asumen otros comportamientos.

Hay que proponerse generar un cambio de actitud colectiva. Ya es hora de que todo el que tenga un mínimo de compromiso con el país asuma una postura más activa frente a este tipo de problemática. Hay que encarar a los familiares, a los amigos y vecinos que tienen las calles, autopistas y vecindarios como sus vertederos. Hay que proponerse programas de educación, de organización y movilización vecinal, que hagan posible un país limpio.

Si no contamos con una malla organizacional fuerte y, lo más complicado, si no tenemos una cultura ciudadana que remolque el compromiso colectivo hacia el proyecto de nación, muchas de las tareas diarias que cada dominicano debería asumir para afrontar la agenda de los asuntos públicos seguirán dejándose en manos de las agencias gubernamentales, que darán continuidad a la lógica paternalista de siglos, que por demás se constituye en un círculo vicioso de obstrucción de la emergencia de la condición de ciudadanía empoderada.

Fidel Santana

Fidel Santana

Fidel Santana: Sociólogo y político con maestria en Metodología de investigación. Desde el año 2007 imparte docencia en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde también ha ocupado en diversas funciones de dirección en áreas administrativas. Entre los años 1999 y 2007 fue uno de los principales líderes y voceros de los movimientos sociales dominicanos. Es autor de los libros “Amín Abel: un gigante dormido” y “Resistencia y Colectivismo en los Convites Campesinos de San Cristóbal”. Fue Diputado Nacional en período 2016 al 2020, en cuyo órgano legislativo presidió la Comisión de Derechos Humanos, entre 2016 y 2020.

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