viernes, junio 14, 2024

El incidente con guardias en el parqueo en el Palacio Nacional

Por Melton Pineda

Mientras cubría la fuente del Palacio Nacional, preciso es decirlo, en esa fecha estábamos de cumpleaños, llegamos como de costumbre a la sede de gobierno.

Los colegas que cubrían la fuente y el personal administrativo de Prensa decidieron hacerme un ágape. Compraron un bizcocho, refresco de todos los sabores, menos bebidas alcohólicas.

Al concluir el acto festivo, salí al parqueo del Palacio para tomar mi automóvil e irme a redactar las noticias del día.

Al llegar al carro, noté que unos de los espejos retrovisores del lado del chofer había sido robado en el mismo parqueo de la sede del gobierno nacional.

Noté que había un militar de servicio y fui a ponerlo en conocimiento. Mientras hacía el reporte, un raso del Ejercito Nacional, recién llegado a Palacio, me dijo de muy mala forma que él no estaba allí para cuidarme el vehículo. “Ah bueno, ahora van a decir que hasta en el parqueo del Palacio Nacional roban”, le dije al militar y me marché hacia el automóvil.

Decidí dejar las cosas así e ir a la Casa de Guardia a comunicar lo ocurrido. Comenzó a llover y me cubrí de la lluvia en el vehículo.

El militar, ya mojándose por la lluvia, toca con el puño el vidrio del automóvil y me pide que baje el cristal.

Así fue, semi bajé el cristal y cuando le fui a preguntar qué pasa, me lanzó un puñetazo que me inflamó el pómulo izquierdo de la cara.

Indignado por la agresión del militar, me bajé airado y le entré a trompadas y patadas. Logré darle una patada entre las piernas que el militar se retorció y buscaba un arma en la cintura que no tenía. Entré preparado a buscar la mía, pero noté que este solo tenía enganchada una cantimplora de aluminio.

En esos segundos llegó al Parqueo del Palacio, el periodista Ramón Colombo, quien encaró al militar diciéndole abusador: Usted no ve que ese es un periodista que cubre noticias aquí.

En la Casa de Guardia, que quedaba a pocos metros del parqueo, se dieron cuenta y llegó al lugar otro teniente de apellido Polanco. Este quería conducirme preso y llevarme a la Casa de Guardia. Colombo, que había presenciado todo, se opuso y mientras el oficial quería tomarme por el antebrazo, lo desafié a que soltara la pistola, “que te voy dar a ti también”.

El oficial subalterno le explicaba a Colombo que yo había golpeado a un militar, mientras el colega le decía que quien inició la agresión fue el militar.

Insistía en conducirme a la Casa de Guardia y yo con la indignación   le repetía: “suelta la pistola, suéltala”.

Mientras Colombo le decía que iría “para donde el presidente Jorge Blanco”.

En ese instante, venía bajando el director de Prensa, licenciado Juan Manuel García. La disputa conmigo y el oficial seguía: “suelte la pistola, que yo estoy desarmado, cobarde, pelea como un hombre”. 

El licenciado García, molesto, dijo: “vamos donde el Presidente, no, no, vamos donde Hatuey, o donde el licenciado Rafael Flores Estrella”.

Subiendo la escalera trasera del Palacio, ya enterado del caso, venía a toda prisa el coronel Gil, jefe de la Guardia Presidencial.

Me llevó a su oficina en el segundo piso, deplorando la agresión. 

El oficial Polanco insistía en que había agredido a un guardia. Éste le decía: “cállese oficial, que ya me enteraron de todo”.

 El licenciado García no contenía su indignación y hasta amenazó con renunciar del cargo, mientras el colega Colombo le explicaba al coronel Gil lo que había visto.

Colombo siguió el pasillo lateral y subió al tercer piso, donde estaban los despachos del presidente Jorge Blanco. Al parecer, lo enteró del caso y el mandatario encomendó al licenciado Hatuey Decamps que atienda esa situación con ese amigo periodista.

En la tercera planta del Palacio Nacional funcionaba además del Despacho Presidencial el de la primera dama, Asela Mera de Jorge, y el asesor Leonte Brea.

Una vez en su Despacho, el coronel Gil, dispuso desarmar al teniente Polanco y enviarlo preso.

Aproveché el momento en que habían desarmado al oficial y traté de brincarle: “ven ahora que estás desarmado, pelea”. Me subí en el escritorio del coronel Gil… mientras me agarraban, le tiré varias patadas y trompadas, sin lograr darle, y terminaron llevándose preso al oficial Polanco.

En ese momento, sonó el teléfono. Era el licenciado Hatuey Decamps, que había sido enterado por el fotógrafo Tomás Aybar.

El coronel Gil, muy indignado, al verme el rostro hinchado solo decía: “la vaina que me ha echado ese oficial.

En el teléfono le narraba al licenciado Decamps todo lo ocurrido. El funcionario le dijo que el presidente Jorge Blanco estaba muy ocupado y que eso se resolvería, que no suelte a los detenidos, porque, además del teniente Polanco apresaron toda la dotación de retén en la casa de Guardia de la avenida México.

Volví al vehículo y me dirigí al periódico El Sol, a redactar el incidente y las noticias del día.

Luego de explicarle a mis colegas del periódico cómo ocurrieron los hechos, mientras redactaba el incidente, el director del Periódico El Sol, el doctor Miguel Ángel Cedeño, a eso de las 5.00 de la tarde llegó corriendo, desesperado, a la Redacción, indicándome: “Melton, ven urgente, urgente, a la Recepción que te llama el presidente”.

En principio, creía que era una broma, pero insistió que fuera antes de que el Presidente cerrara la línea.  Él quiere hablar contigo.

Aún no lo creía y a tanta insistencia, decidí ir a tomar la llamada.

Aun incrédulo y decir “aloo”, yo no conocía la voz del Presidente Jorge Blanco, y este me decía: “Melton, es tu amigo el Presidente Jorge Blanco, yo tengo a Hatuey y a Asela mi esposa aquí, ahh, está llegando tu amigo y hermano Flores Estrella, delante de ellos te digo que me lo han contado todo como ocurrió, incluso, Colombo que estaba ahí, eso no puede pasar en mi gobierno, te adelanto mis excusas, las de mi familia y del gobierno dominicano”.

“¿Y qué tú haces, ahora?”, nos dice el jefe del Estado, le contesto: “Presidente, estoy redactando lo sucedido, cómo pasó todo. Despreocúpese presidente, que yo sé que el gobierno no tiene nada que ver en eso”.

El mandatario me dijo: “bueno, ¿fuiste al médico?, me dicen que tiene la cara alterada.  Aquí a mi lado, en mi casa, tengo al secretario de las Fuerzas Armadas Cuervo Gómez, quiero verte aquí en mi casa a las 7 de la mañana y luego en mi Despacho del Palacio. Invita a todos tus colegas de Prensa; yo voy a dar una excusa pública, pero ven mañana temprano, habla con Juan Manuel, que me avise cuando llegues al Palacio”.

Al día siguiente, a las 6:45, estaba frente a la casa del mandatario. Inmediatamente, los militares de custodia me hicieron pasar y a pocos minutos llegó el presidente, los altos jefes militares, Cuervo Gómez, Ramiro Matos, el Jefe de la escolta militar, general Landestoy y otros.

El Presidente Jorge Blanco, con mucha energía, le decía al grupo; “Ustedes ven qué abuso más incalificable ha pasado, a un periodista serio que cubre la fuente del Palacio Nacional”, muy airados y nerviosos, todos deplorando la agresión, cuando nos vieron la cara. Jorge Blanco dijo: “Melton, se cómo debes sentirte, vaya a mi Despacho con sus colegas de allá de prensa, vayan todos, les doy mis disculpas personal, también el gobierno le va a hacer un desagravio público”.

Llegué al Palacio, como de costumbre, le informé de la invitación a los demás colegas. Ya el licenciado García lo había hecho y a las 9:00 A:M. entramos al Despacho presidencial. Allí estaban los jefes militares, Rafael Flores Estrella, Luis González Fabra, Hatuey Decamps Jiménez, entre otros funcionarios.

El mandatario, en nombre del Gobierno, dio las excusas ante todos los periodistas, con la advertencia de que hechos como ese no son tolerados en su gobierno y que no volvería a suceder y que los militares involucrados en el incidente serían severamente sancionados.

Luego me enteré de que al Coronel Gil, Jefe de la Guardia Presidencial, sus superiores le cantaron 5 días de arresto disciplinario, porque cometió la imprudencia de desarmar a un oficial delante de civiles, según la disciplina militar.

En la ocasión rechacé una sugerencia del doctor Germán Emilio Ornes, Presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), de hacer un escándalo internacional, y le mandé a decir  con el emisario al entonces director propietario de El Caribe, enemigo de los gobiernos del PRD,  que yo estaba conforme con el desagravio público que hizo el Presidente Jorge Blanco.

A los militares le hicieron un Consejo de Guerra, en la fortaleza de El Polvorín, camino a Villa Mella.

No recuerdo la sanción, vi que era benigna, creo que tres meses de prisión y al escuchar la sentencia de boca de los jueces militares, les dije: “ustedes son todos guardias conspiradores contra el PRD”, no me dijeron nada. Di la espalda y me marché del salón.

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