El desafío de los jóvenes

Hoy, como ayer, ser joven no es una tarea sencilla. Es una etapa de transición entre la infancia y la adultez. Son muchos los sueños y muchos más los descubrimientos que resultan de atreverse a derrotar el miedo que acompaña cada nuevo paso, esquivando la mirada inquisitoria de los adultos que, aun sin quererlo, consideran que todo lo de los jóvenes es sospechoso de estar desviado y fuera de las normas de la decencia.

Aun cuando la sociedad centra su atención en los adultos, cuando se pasa un balance a lo que somos como sociedad hay una verdad poco resaltada: los jóvenes fueron los principales protagonistas de todos los grandes acontecimientos que han definido la dominicanidad y están llamados a determinar con su accionar el porvenir.

Como ejemplo, basta recordar que el proyecto de nación que hoy somos, los símbolos que nos identifican y hasta los cimientes morales y culturales que nos dieron forma fueron ideados, amasados y horneados, por un grupo de muchachos, liderados por Juan Pablo Duarte, que apenas alcanzaba la edad de 24 años cundo promovió la organización de La Trinitaria, una entidad secreta y conspirativa que procuraría la separación de Haití y la independencia plena de toda potencia extranjera.

El admirable descollar de muchos jóvenes en todas las épocas pasadas, que aportaron tantas cosas a lo que somos hoy, no fue resultado de que fuera más sencillo ser joven en aquellos tiempos. La verdad es que casi no había tiempo de ser joven. En la práctica, se pasaba de la niñez a la adultez, teniendo que asumir tareas muy demandantes, como eran los trabajos agrícolas o de crianza de animales, y las de apoyar en los oficios domésticas, como la búsqueda de agua, de leña y toda suerte de actividades que ocupaban a los muchachos en una pesada e intensa jornada diaria, que iniciaba desde antes de despuntar el sol hasta bien entrada la noche.

Esa carga de tareas domésticas impedía estudiar a la mayoría de los jóvenes, e incluso limitaba significativamente el aprovechamiento del tiempo para el ocio y los juegos. Asistir a la escuela era un sueño que, cuando pudo hacerse realidad, era también un sacrificio para los pocos privilegiados que podían acudir a las aulas, pues las instalaciones escolares eran muy pocas y quedaban muy distantes, teniendo que caminar por horas por caminos y veredas polvorientas, pues no muchos años atrás no existía la fluidez de medios de transporte, públicos y privados, que hoy existe. Eran pocos los que lograban cursar el bachillerato, para lo cual había que vivir en las ciudades ya que en los pequeños pueblos no existían instalaciones de nivel secundario.

Y Llegar a la universidad era un privilegio de muy pocos. Hasta el 1966 en el país solo existía un centro de estudios superiores, que lo era la Universidad de Santo Domingo, hoy Autónoma. Durante la dictadura de Trujillo sólo los hijos de los burócratas del régimen y muy pocas familias acomodadas podía lograr el privilegio de que sus hijos recibieran cátedras en sus aulas. Sólo después de la Guerra de Abril del 1965, con el Movimiento Renovador Universitario se logró abrir las puertas plenamente de la Primada de América para que los hijos del pueblo pudieran cursar sus carraras profesionalizantes.

Y ya abierta la UASD al pueblo, por varias décadas más el acceso de las muchachas siguió siendo difícil, porque los roles sociales asignados en épocas pasadas a las mujeres impulsaban a las niñas a formar familia y tener hijos a muy temprana edad o a quedarse relegadas a las tareas domésticas y a la cuida de los menores de la casa. Imaginemos lo dura que era la cotidianidad, no mucho tiempo atrás, cuando no proliferaba el pañal desechable y todos los días había que lavar a mano los pañales de tela en ríos o arroyos, porque tampoco había sistema de acueductos. Por eso, la inmensa mayoría de las chicas no tenía ni siquiera la oportunidad de asistir a la escuela primaria y quedaban prisioneras de las tareas domésticas, haciéndose adultas y envejeciendo en la misma rutina.

Gracias a muchas luchas y sacrificios de los jóvenes de generaciones pasadas los jóvenes de hoy tienen un mayor horizonte para desplegar sus sueños y poner sus granos de arena en la conquista de los desafíos de esta época, que no dejan de ser muchos y grandiosos. Afianzada la democracia y superados muchos de los obstáculos institucionales y culturales del pasado aun queda un largo trecho por recorrer.

La historia que se escribirá en los años postreros está a la espera de poder recoger los grandes hitos con los que los jóvenes del presente seguirán diciéndole a las generaciones futuras que todo lo grandioso que existe ha sido principalmente el fruto de sus iniciativas. En esas páginas gloriosas yo espero que se reseñen las grandes luchas por recuperar el medio ambiente, actualmente contaminado y saqueado; las jornadas en procura de derrotar la pobreza y la falta de oportunidades; el arduo despliegue de energía empleado para trascender todo tipo de inequidad y discriminación; las estrategias y acciones desplegadas para la superación definitiva de la violencia contra las mujeres; el empeño humano y la ruta recorrida para conquistar la condición de ciudadanía plena; los afanes infinitos por la institucionalización cabal del país; la carrera de emprendimientos en procura de desatar las trabas económicas para sembrar el territorio de iniciativas productivas; las grandes luchas y las acciones de gobierno que alcancen finalmente redistribuir más equitativamente la riqueza; entre otras.

Confío en que los jóvenes encontrarán los caminos (ojalá que sean atajos), a pesar del ruido y la distracción que no nos deja escuchar la lluvia caer, como dice la canción de Ismael Serrano.

Fidel Santana

Fidel Santana

Fidel Santana: Sociólogo y político con maestria en Metodología de investigación. Desde el año 2007 imparte docencia en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde también ha ocupado en diversas funciones de dirección en áreas administrativas. Entre los años 1999 y 2007 fue uno de los principales líderes y voceros de los movimientos sociales dominicanos. Es autor de los libros “Amín Abel: un gigante dormido” y “Resistencia y Colectivismo en los Convites Campesinos de San Cristóbal”. Fue Diputado Nacional en período 2016 al 2020, en cuyo órgano legislativo presidió la Comisión de Derechos Humanos, entre 2016 y 2020.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.