domingo, abril 21, 2024

El comportamiento electoral del dominicano  

Por Eloy Alberto Tejera  

Quien suscribe y el novelista Viriato Sención, quien amaba sutilizar e indagar en torno a los mecanismos secretos del arte y de la inteligencia, acostumbrábamos a dilucidar temas, a tratar de colocar foquitos de luz donde primaba lo oscuro. Cierto día, el comportamiento de los dominicanos a la hora de votar, fue el tema elegido. Nos enfocamos en décadas cruciales, y lo que descubrimos, en un mano a mano, no de tango gardeliano, sino de merengue, fue sorprendente.  

-Los dominicanos votan bien- Ese eureka rebotó en nuestras conciencias.  

Esa fue la primera conclusión, para finalizar posteriormente, con un dejo de pesadumbre. “Quienes terminan fallándole al pueblo son los gobernantes, aliados a las élites y los intereses más espurios, quienes se encargan con el arte del retorcimiento más críptico, cambiar el rumbo cuando promete ser luminoso y próspero para los de abajo”, me dijo Sención mientras saltaba del tupido mueble.  

Viriato se marchó del valle de los vivos, y lo que ha pasado ha seguido el mismo curso. En sucesivas elecciones el patrón se repite: dominicanos votando bien, y gobernantes gestionando de la forma más canallesca. Estudiando patrones, viendo números, cotejando resultados y actuaciones de protagonistas, eso requeté compruebo.    

1962.  Luego de terminar el dictador Trujillo o “Chapita”, tirado en el baúl de un vehículo, en las primeras elecciones libres en tres décadas, el pueblo elige a Juan Bosch. Fue lo más sabio. Que se haya dejado tumbar, que las élites o sectores poderosos se confabularon, es harina de otro costal, y que yo como no soy panadero, por ahora, no amaso.  

1966-1978. Los doce años de Balaguer.   

1966. Luego del golpe de Estado a Juan Bosch, este último que caracterizó toda su vida política por desatinos e inconsistencias, se le ocurrió decir a sus seguidores que fueran con piedras y palos a las urnas a defender sus votos.  Como era de esperarse, muchos se abstuvieron, y el gallo colorao de Balaguer ganó. Solo un 57 por ciento fue a votar.  

1970. El cuadro político aún no se había modificado. Balaguer se reeligió. Un 63.5 por ciento acudió a las urnas. Era lo previsto y lo lógico. La oposición mostró inconsistencia y el Estado la suya en abonar las calles de terror y cadáveres. El PRD, aun con Bosch en sus predios, reconoció el triunfo.  

1974. El Acuerdo de Santiago, creado con el fin expreso de derrotar a Balaguer, y con todo y general golpista e infame de Abril, llevado como vice, finalmente no concurrió a elecciones. Balaguer se reeligió, pero el gallo ya estaba casi acorralado.  

1978. Fue una época brava. El pueblo, ya harto de la era balaguerista, se comportó a la altura. No le importó las bayonetas y fusiles con pañoletas rojas adornándolas, la fuerte represión balaguerista, ni los cadáveres que aparecían para intimidar a los votantes. A la urna se fue y se venció, con un porcentaje de votación de un 75,8 por ciento.   

1982. En el año, alzando y enarbolando la consigna de manos limpias, que terminaron ensangrentadas y con grilletes, el pueblo le compró el discurso y votó por un jurista: Salvador Jorge Blanco. Fue lo más sabio. La bestia del reformismo estaba viva, y el triunfo blanco, (dejando de lado aspectos negativos de un jorgeblanquismo irreflexivo), quedó asegurado.  

1986. Quien se divide en su casa no merece el triunfo. Los perredeístas, haciendo caso a su ADN autofágico y divisionista, se la puso fácil a Balaguer, quien retornó cual Cid Campeador. Buen castigo del pueblo.  

1990. Juan Bosch siendo coherente a su accionar desacertado en términos políticos, se negó a hacer una alianza con José Francisco Peña Gómez, con la cual había obtenido un triunfo holgado. Joaquín Balaguer cobraría caro este acto de soberbia. Tejemaneje y la trampería, especialista, favorecieron que Balaguer se quedara.   

1994.- El pueblo se volcó a votar por el más carismático líder de todos los tiempos. Pero Balaguer cobró, aunque ganara Peña Gómez. Fino birlador y experimentado truhan, el doctor Balaguer y el PRSC robaron las elecciones. El zorro líder rojo empujó a un acuerdo-trampa: gobernar dos años y hacer elecciones en el 1996.  

 1996.- El pueblo volvió a votar bien. Lo hizo por Peña en la primera vuelta, pero en una segunda vuelta el nativo de Villa Juana se alzaría con el santo y la limosna que le ofrendaron desde el infame Frente Patriótico.  

2000.  El pueblo volvió a sus aguas de votar correctamente. Sacó al PLD, mediante un dicharachero Mejía a un desdibujado Medina, pero un desastroso Hipólito Mejía hizo que le pueblo volviera sus ojos hacia los líderes morados y el villajuanense supremo:  Leonel Fernández. 

2004. Luego de la desastrosa gestión presidencial de Hipólito Mejía, donde quebraron tres bancos (Bancredito, Mercantil y Baninter), una votación abrumadora saca del poder al guapo de Gurabo y retorna al poder Leonel Fernández. 

2008. No le fue muy difícil a Leonel Fernández reelegirse y derrotar al candidato presidencial del Partido Revolucionario Miguel Vargas Maldonado, quien pese a todo sacó una votación de un 40 por ciento frente a un 53 por ciento del candidato morado. 

2012. A pesar de que duró varios meses teniendo una amplia ventaja durante la campaña electoral, Hipólito Mejía cayó derrotado frente al candidato peledeísta Danilo Medina, en unas elecciones que estuvieron matizadas por la utilización masiva de los recursos del Estado, siendo esto confesado por el propio presidente Leonel Fernández. 

2016. Luego de cuatro años de relativa estabilidad, y donde el estado clientelar estaba consolidado, Danilo Medina logró la reelección, pero una gran presión le impidió sus deseos continuistas.   

2020. En el 2020 el pueblo se comportó de nuevo épicamente. Si en el 1978 derrotó las bayonetas y el terror, en esta el pueblo se burló de la pandemia y el río de dinero que amenazaba con ahogar la democracia.  

En definitiva, si se estudia el comportamiento electoral del dominicano, podemos ver que ha saltado el clientelismo, la poca educación, la voracidad y la mentira. Los políticos electos representan la canallada de una película que se hace larga, pero a la que algún día habrá que ponerle un glorioso final. O un ya es suficiente.  

Y es que los dominicanos, hasta donde han podido y en la mayoría de las ocasiones, han saltado el charco asqueroso del clientelismo, la falta de educación, y la pobreza en que han sido sumidos, para dar el ejemplo. Cobardes han sido las élites y los elegidos, que siempre terminan arrodillados al dios Mammón y el sentido de cuerpo, que es el amor a la patria y su desarrollo, ha sido lo suyo desprecio y desprecio. 

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