El americano que era turco

Comedido pero afilado siempre, Emiliano Reyes muestra sus talentos en cada manifestación a lo largo del ejercicio periodístico suyo, tal como en la última entrega donde refirió un incidente ocurrido muchos años atrás en El Palmar, comunidad perteneciente al municipio de Neyba. El Palmar es una comunidad muy cercana a Tamayo, que es escenario frecuente en las historias, anécdotas, costumbres y relatos con que cada semana nos hace revivir momentos que el tráfago por la subsistencia relega.

Con el título "La Guardia se respeta”, Emiliano recordó uno de los abusos que eran cotidianos durante la dictadura, que en este caso particular involucró el lamentable fallecimiento de un miembro del Ejército que durante una fiesta en El Palmar, reclamó de un conocido comerciante saldar una deuda con una trabajadora sexual, aunque entonces ni la sociología ni el lenguaje – por lo menos en el Sur- la denominaban así.

Rememoró el hecho contado por una hermana suya, quién tal vez permeada por la falta de detalles, hizo "desaparecer" a uno de los protagonistas, el comerciante que identificó como "El Americano", quien en realidad vivió hasta hace alrededor de diez años, cuando murió en la ciudad de Nueva York, adonde recaló como parte de un proceso de migración que ha movido hacia el país del norte a más de dos millones de dominicanos/as en las últimas décadas.

A "El Americano" en cuestión le decían "El Turco", resultado de las identidades superpuestas con que el ingenio dominicano bautiza a gente por su labor y/o actividad, procedencia y/o presunción, mecanismo que facilita así las relaciones del diario vivir, muchas veces eliminando barreras de clases, posiciones sociales y distancias.

Norberto Lugo Brea era el nombre de Noris y cuando se produjo el incidente vivía en La Puerta del 3, entonces un colorido sector donde había casas de dos plantas (de madera) y era residencia de algunos hombres de negocios muy conocidos en los bateyes, lugares estos que se caracterizaban por las precariedades propias de comunidades del central azucarero, en las cuales, tras la  zafra (período de cosecha y molienda del ingenio) sucedía "el tiempo muerto" (cuando termina la cosecha y molienda), que incrementa las penurias y miserias de sus habitantes.

Noris tenía su negocio en batey 6, una bodega, que era el tipo de establecimiento que primaba en los centrales azucareros, que habían pertenecido a estos, pero con el tiempo empezó a cambiar la propiedad de esos centros de expendio donde se vendía desde los imprescindibles pan y azúcar hasta otros productos que eran más difícil de conseguir.

En esa bodega del batey 6, Noris vivió largo tiempo, caracterizándose por ser un hombre muy cordial, cooperador, pero sin menoscabo de su interés mercurial, conocido de todos/as. Como habíamos anotado, su familia residía en La Puerta del 3, primero, y después en la ciudad de Barahona. Su esposa e hijos hacían vida común en el batey 6, de donde algunos de ellos se sienten ser, como también se consideraba El Turco.

Para entonces, el incidente en que estuvo envuelto, en el batey 6 se mencionaba ocasionalmente, pero los detalles eran más difusos que precisos, cómo si pareciera que la omisión del mismo fuera una especie de absolución, pues nunca oí a nadie insistir en su aireamiento.

Noris provenía de una familia bodeguera, su padre tenía también una bodega en La Puerta del 3, tal como  otra hermana suya (Eddy) tenía la suya en el batey 2, Noris era hijo de Pepito Lugo, puertorriqueño, a quien oía referir algunas veces sus correrías en "El carro sin luz", una expresión del espanto con que la dictadura trujillista sometía al pueblo dominicano en las noches más oscuras, y que estoy invitando a Emiliano a indagar y recoger en sus  escritos.

Un muy avispado bateyero que reside también en Nueva York, comentando el texto de Emiliano, me dice que la posible absolución penal de Noris en el caso del militar muerto pudo haber sido alcanzada por ese papel de Pepito Lugo como colaborador del régimen. 

Todo es posible.

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