sábado, marzo 2, 2024

Doña Antonia Reyes Espejo: Con 94 años, narra cómo creció en Tamayo, cómo se hizo primera bachillera e ingresó a la Universidad bajo el terror de la tiranía

LITO SANTANA

Para la profesora, doctora y jefa de familia Antonia Reyes Espejo, Tamayo siempre fue un pueblecito pujante, de gentes muy trabajadoras que vivían felices, pues eran muy solidarios. Asegura que la gente se buscaba mucho. Se apoyaban unos con otros y no existían rivalidades.

“Yo admiro mucho a la gente de Tamayo. Ese es un pueblo muy progresista. Yo fui la primera que salió, pero después de eso son muchos los profesionales, de todas las ramas, que se han formado aquí en la ciudad de Santo Domingo”, nos cuenta en una entrevista para pronosticamedia.com, esta profesional de la odontología que se graduó Cum Laude en la ahora Universidad Autónoma de Santo Domingo, en 1958.

A continuación, la entrevista:

Doña Antonia, ¿cuál es su fecha de nacimiento?

16 de febrero de 1929 

¿De qué familia usted proviene? 

Reyes-Espejo, pues soy hija del señor Prebistilio Reyes y doña Agustina Espejo. Por el lado de mi padre era una familia muy numerosa, aunque del lado de mi madre ella solo tenía una hermana, Mercedes y sus dos hijas.

¿Cómo era la vida en Tamayo para esos tiempos?
Cuando nací se llamaba Hatico. De chiquita, no recuerdo algunas cosas, porque mi mamá murió en el 1936 y para mí esa fue una impresión tan grande que yo olvidé muchos detalles. Te cuento que hasta la cara de mi madre la olvidé: Mis recuerdos más antiguos comienzan entre 1938 y 1939.

¿Qué recuerda a partir de ese tiempo?

Tengo presente como vivía la gente, la solidaridad que existía entre los vecinos, cómo se intercambiaban las comidas. Ese compartir era mayor cuando se preparaba una comida especial por algún motivo como un cumpleaños, o una visita que llegaba a la casa; en fin, el vecino disfrutaba de tus alegrías. La solidaridad era muy grande y todo era tranquilo, mucha paz. No existía la violencia de estos tiempos.

¿Cómo iniciaron sus estudios?

Mi primer maestro fue Maximiliano Núñez: Mucha gente cree que el primer maestro de Hatico, como se llamaba Tamayo antes de ser municipio, fue Renato Arias. Pero para mí, fue Maximiliano Núñez, que fue quien me alfabetizó. Ese señor llegó desde Azua y comenzó con una escuelita particular. Recuerdo que era minusválido, no podía caminar, pero llegaba en su burro y entre todos los muchachitos lo ayudábamos a sentarse en una silla colocada al lado de una mesita, que era como su escritorio. Era un gran profesor que nos enseñó a leer y a escribir. Me alfabetizó y muy bien alfabetizada. Fue el primer maestro de Tamayo, aunque no el maestro oficial, porque el primer maestro oficial fue Renato Arias, que lo nombraron cuando el Gobierno instituyó allá una escuela rudimentaria.

¿De qué año estaría hablando doña Antonia?

Bueno, eso debió ocurrir entre 1939 o 1940, por ahí. Cuando me alfabetizó Maximiliano Núñez, yo pasé a la escuela de Renato Arias, que había llegado a Hatico junto con su familia, desde la zona de Las Matas de Farfán, en San Juan. El segundo curso yo lo hice con Renato Arias. Eso fue en una escuela bastante tradicional, que nos enseñaban, además de las letras, la forma de trabajar la tierra, hacer surcos para las cosechas. Esa escuelita tenía un gran patio y estaba ahí mismo donde ahora está el liceo secundario, frente a lo que era el Partido Dominicano de Trujillo.

¿Cómo era la dedicación de los maestros?

Los profesores se interesaban más en alfabetizar, pero alfabetizaban bien. Se ocupaban personalmente del estudiante, no como ahora que los profesores se lo dejan a la pantalla y las tareas, casi son compartidas con los padres.

¿Después de la instalación de la escuela de Renato Arias, que siguió?

Renato me impartió el segundo curso. Entonces mi papá decidió que teníamos que seguir estudiando y fue así que nos trasladamos a San Juan de la Maguana. Hacia allá viajamos mi hermano Negro Reyes y Yo. Nos inscribieron en la escuela Mercedes Consuelo Matos, siendo doña Tatá Cabral Ramírez, mi primera profesora. Sucedió que como yo había hecho el segundo en Tamayo, me inscribieron en tercero y me pusieron como tarea que escribiera una biografía de Rafael Leónidas Trujillo Molina. A la directora le gustó tanto el trabajo que hice, que me regaló el tercer curso y me pasó al cuarto. Eso fue muy emocionante para mí. Pero estar en San Juan no era fácil. Lo más difícil era el transporte. Eso nos obligaba a estar hasta un año sin volver a Tamayo, ni de visita.

Explíqueme eso

Regularmente uno quería volver a su comunidad y no había carretera, sino caminos vecinales y nos trasladábamos a lomo de mulos en fechas especiales, como las vacaciones o para el mes de diciembre, a celebrar las Navidades y el Año Nuevo. Íbamos para San Juan bajo lluvias, atravesando la sierra de Neyba y pasábamos por esos campitos de Guanarate, El Granado y Cabeza de Toro en Tamayo. Luego El Capá, Cardón, Pueblo Nuevo, Pandié, La Culata y llegar hasta San Juan de la Maguana. A veces en tiempos de lluvias, por esas montañas que le digo, ocurrían unos truenos tremendos, cuando íbamos subiendo por ahí, ¡ay, Dios mío! La mayoría de las veces salíamos a las cuatro de la mañana desde Tamayo y llegábamos a San Juan a las cinco o seis de la tarde. Nos desplazábamos en una recua de cuatro o cinco mulos. Eso no era fácil.

¿Qué siguió después?

Hice el cuarto, quinto, sexto, séptimo y octavo en la Escuela Mercedes Consuelo Matos, luego pasé a la Escuela Normal y cursé el primero y el seguro del bachillerato. En esos tiempos llegaron de España unos profesores que eran muy buenos, bien capacitados, que vinieron huyendo de la guerra civil en España. Ellos se instalaron en San Juan e impartían clases de álgebra y biología. No sé lo que pasó, pero hubo un movimiento político y acusaron a los profesores. Héctor Bienvenido Trujillo Molina, hermano del dictador, se apareció a la escuela con dos camiones llenos de guardias y tiraron los estudiantes a la calle. Recuerdo que esa escuela estaba en la calle “Presidente Trujillo”, esquina Anacaona, allá en San Juan de la Maguana, en una casa particular.

¿Por qué habrían tomado esa decisión tan violenta?

En esos tiempos la gente no se atrevía a hablar, pero por abajito se comentaba que había un movimiento entre esa escuela y un bar que se llamaba Tupinamba. Muchos lo asociaban al hecho de que aparecieron en los bancos del “Parque de la calle Sánchez” unos letreros en contra del Gobierno de Trujillo. Se llegó a decir que la dictadura vinculaba esos mensajes a los profesores españoles que nos daban clases. Era dizque una conspiración y estaba involucrada la Escuela Normal. 

¿Después de San Juan hacia a dónde va usted para continuar sus estudios?

Te recuerda que te dije que me mandaron a San Juan junto con mi hermano Negro, que era un apodo, porque su nombre era Juan Francisco Reyes, y al presentarse este problema con los maestros y la escuela, también llegaron las persecuciones contra mi hermano. A Negro la dictadura comenzó a acusarlo de comunista.

¿Qué pasó con Usted entonces?

Mi papá se vio obligado a sacarme de San Juan para internarme en el Colegio Inmaculada Concepción, en la ciudad de La Vega, en el Cibao. Ahí en La Vega terminé el segundo de bachillerato, que era el que estaba cursando en San Juan, hice el tercero y el cuarto y me gradué de bachiller.

¿Mientras eso ocurre, como sigue la historia en Tamayo?

Cuando terminé, hice mi investidura de bachiller en La Vega y regresé a Tamayo, sólo como bachiller. Pero el problema político de mi hermano Negro seguía latente y de una u otra manera eso involucraba y afectaba a nuestra familia. Esa situación acabó a mi padre económica y espiritualmente. Un día se desaparece Negro y no se sabe dónde está. Después, y como a los dos años, resultó que Trujillo lo tenía preso en una cárcel de El Seibo. En medio de ese drama, mi papá dijo que yo no iba para la universidad, por temor a que me pasara algo malo, pues ya yo había vivido el episodio de San Juan y a todos nosotros en la “Familia Reyes”, el Gobierno nos tenía en la mira. Por temor a lo que me pudiera pasar, no me dejaban ir a las fiestas, solo salía de la casa durante el día y teníamos mucho miedo. Pero, gracias a Dios, a mí nunca me implicaron, pero pasamos momentos muy tristes y la familia muy apenada por nuestro querido hermano. Fueron dos años desaparecido, sin saber nada de él. Mi papá tuvo que vender una finca para darle dinero a unos generales de apellido Fiallo. Me parece que era para obtener su libertad. Cuando por fin apareció, estaba muy enfermo y hasta con tuberculosis, producto del sufrimiento y maltrato en la cárcel.

¿Precíseme algunos detalles del Tamayo de esa época?

El pueblito en Tamayo estaba limitado por regolas. Había una regola que salía por los conucos de “Capitán Pin” y bordeaba las partes norte y oeste.  Esa regola se internaba en los conucos de Ninín Reyes. Había otra regola que cogía por el Alto de las Flores, pasaba cerca del mercado y bordeaba la parte este y sur. Ahí era que íbamos a buscar agua para todo en la casa. Todas estas regolas provenían de las aguas del río Yaque del Sur. Ellas eran los límites del pueblito. La actual Avenida Libertad, que comenzó llamándose Trujillo, siempre fue como la principal del pueblo. Entonces estaba la casa de Pedro Soto, que fue el primer médico en Tamayo, que era el papá de Sotico, que tiraba fotos. Luego venía la calle 10 de Marzo, que decíamos que fue fundada por Fabián Matos, Prebistilio y Ninín Reyes con sus respectivas familias. 

Para ese tiempo eran como los grandes patriarcas, no sólo por sus bienes, sino que todos tenían hasta cuatro mujeres mudadas con sus hijos. Eso sí, eran hombres muy responsables con sus familias. No sé como se la ingeniaban, pero eran de los hombres que tenían más dependientes a su cargo, y eran de las familias más acomodadas para sus tiempos. 

¿Cómo se fueron conformando los poderes y sus responsables, o los funcionarios en Tamayo?

El primer jefe de la Policía Nacional en Tamayo era de apellido Fermín. Después pusieron un destacamento del Ejército Nacional, en el que había guardias que se iban a los bateyes del Ingenio Barahona para hacer sus servicios. El primer síndico fue Humberto Michel. Yo tengo muy presente que los discursos de él, los leía yo en su representación. Cuando yo iba de vacaciones ya yo sabía que esos discursos del 16 de agosto había que leérselo. Al primer presidente del Partido Dominicano, el partido de Trujillo, le decían Don Pedro, y me parece que era analfabeto.  Al no saber leer, le pusieron de secretario a Joaquín Silfa. En esa familia estaba la primera talabartería del pueblo, que la dirigía José Silfa, que estaba en esa casa, donde está ahora el Banco de Reservas. Había un mercadito formado por pequeños bohíos que estaban techados, pero no estaban cerrados, más bien eran enramadas. Había dos calles. Entonces, en un lado se vendían las verduras, los plátanos y otros productos agrícolas. Del otro lado, se vendía las telas que casi siempre las traían de los lados de Barahona. Los turcos venían en una guagüita a vender sus telas al mercado viejo y tenían sus casetas, eran como tres puestos. Eso desde el comienzo estaba en la calle 10 de marzo, precisamente donde está ahora. El negocio de vender leche, lo inició también mi padre, que recuerdo ahora que tenía su chiquero detrás de la casa de tus abuelos Reyes Santana y Salomón Moreta. En las tardes traían las vacas, para ordeñar tempranito y la gente iba hasta el lugar a comprarla. Es decir, que los primeros pobladores del pueblo se ocuparon de suministrar los alimentos que consumía la comunidad. Quizás esa aplicación al trabajo fue llamando la atención de otros pobladores en la zona, que comenzaron a llegar al pueblo y se quedaron y fundaron sus familias. Allá llegó una señora llamada doña Porfiria Bidó, que abrió la primera tienda de tela para ropa y la atendía junto a sus hijos Adán, Marolina, Malvina y Amparo. Amparo se casó con Humberto Michel, que fue su primera esposa, antes de su siguiente matrimonio que fue con Doña Estervina. La de Porfiria fue la primera tienda de ese tipo. Después vino Anita Arias, con los hijos, dentro de ellos Renato Arias. Esas dos mujeres hay que mencionarlas también porque fueron luchadoras y todas esas mujeres de Prebistilio, de Fabián Matos, de Ninín Reyes, fueron luchadoras. Allá nada más mencionan a los hombres, pero hubo muchas mujeres que aportaron al desarrollo de Tamayo. Ahí está el caso de Manuela Vólquez, que en realidad era Manuela Reyes, mi tía, pero que se cambió de apellidos por algún motivo, que nunca me quedó claro, aunque decían que fue por una discusión con mi padre.

Han pasado esos tiempos y usted a sus 94 años tiene presente estas cosas. ¿Cómo define ese proceso de crecimiento?

Mira, Tamayo fue un pueblecito pujante, de gente muy trabajadora. Tengo que poner de ejemplo a mi papá, que era agricultor, comerciante, ganadero y padre de familia con 22 hijos. Hay que decir que la gente en Tamayo vivía feliz, pues todos eran muy solidarios. La gente se buscaba mucho. Se apoyaban unos con otros y no existían esas rivalidades.

Llegada usted de La Vega ¿Cómo se incorpora a la vida productiva en Tamayo?

Recién llegada de La Vega, y tras graduarme en el Colegio Inmaculada Concepción, viendo que no podría ir a la Universidad por el problema político que había, pensé en ponerme a trabajar en Tamayo. Hacía falta una maestra en la Escuela Primaria Apolinar Perdomo, que funcionaba en una casa de dos plantas. Los maestros venían desde Neyba y faltaban algunos profesores. El director era de Azua. Yo tomé una hoja de papel y a manos escribí una cartita dirigida al Inspector de Educación en Neyba, explicándole mis deseos de trabajar. Eso fue un domingo. Al otro día lunes, aproveché el paso del correo que hacía su recorrido en una guagua para llegar a Neyba, pasando por Tamayo, y envié la correspondencia. Ese mismo día, como a las cuatro de la tarde, que era la hora en que regresaba el vehículo que se encargaba del correo, llega y me trae un telegrama, firmado por el inspector y que traía mi nombramiento como maestra del tercer y cuarto grado de la escuela Apolinar Perdomo. Esa fue otra agradable sorpresa. De modo, que me convertí en la primera maestra nacida en Tamayo, que trabajó en la escuela. Eso ocurrió en el año 1948. Recuerdas que Renato Arias vino desde la zona de Las Matas de Farfán y Maximiliano Núñez llegó desde los lados de Azua. Entonces la primera profesora tamayense fui Yo. Luego me casé y tuve mis primeros dos hijos. Un día me dije que tenía que seguir estudiando y desafiando la tiranía de Trujillo, desobedeciendo a mi papá, decidí marcharme a la Capital. Preparé todo y viajé hacia Santo Domingo. El más grande de mis hijos, se lo llevé a su abuela en Batey Cuatro, del Ingenio Barahona, y la más pequeña, que era Bethania, con sólo 8 meses, la traje para la Capital con dos sobrinas, Chía y Agustina, la hija de Purita y Eloy Espejo, que me cuidaban la niña. Esos fueron años muy duros. Pero el 6 de noviembre del 1956 llegué a la universidad. Antes tuve que pasar por el interrogatorio del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) del Gobierno, que controlaba todo. Recuerda que al Yo ser hermana de Negro Reyes, teníamos vigilancia de esos organismos de seguridad de la Tiranía por donde quiera que uno pasaba. Cuando me llamaron del SIM pude alegar que nunca fui mencionada en esas cosas de política y que, aunque Negro y Yo éramos hermanos, vivíamos en casa distintas, pues teníamos distintas madres. A mí el SIM me llamó al interrogatorio el último día de las inscripciones. Les dije que comencé a estudiar en San Juan, luego me fui para La Vega y que tenía años que no veía a Negro. Tuve que negar a mi propio hermano. Entonces me dieron el permiso para entrar a la Universidad. No sé si Trujillo no se dio cuenta o qué, porque en esos tiempos, además del tema político, a la Universidad sólo podían matricularse los ricos y Yo pude entrar. Fui la primera mujer que salió a estudiar a otro pueblo. Fui la primera bachillera de Tamayo. La primera graduada en una universidad y la primera que se graduó como doctora en odontología, cum laude.

¿Qué pasó después de caer la dictadura?

Cuando ajusticiaron a Trujillo, me llamaron a los tres días de la Universidad, para dar clases. Así me convertí en la primera mujer de Tamayo profesora de una Universidad. A partir de ese momento comencé a servir en distintas dependencias de la Universidad y me llamaron para crear el Departamento de Biología y ahí trabajé durante 25 años. Tengo que decirte que también fui la primera mujer de Tamayo que incursionó en la televisión dominicana. Eso fue en el Gobierno de Donald Read Cabral. Era un proyecto que estaba forjando la televisora del Estado. Trajeron unos profesores de Estados Unidos y Puerto Rico para impartir un curso de animadora de televisión. Me invitaron a la reunión y yo fui e hice el curso en la secretaría de Educación, en mi condición de profesora de la Escuela Eugenia María de Hostos, en la que trabajé durante muchos años, al lado de las Ruinas de San Francisco, en la ciudad Colonial. Para ese tiempo trabajaba en cuatro lugares distintos y salía de mi casa a las seis de la mañana y regresaba a las 10 de la noche. Cuando hicieron la evaluación del curso para animadores de televisión, cada alumno debía presentar su proyecto y el mío ganó el primer lugar. De inmediato me designaron para el primer programa de la televisión educativa. Eso fue en 1962 y en la primera filmación estaba el presidente de la República. El programa se llamó “Salud Dental” y se trataba de instruir a las personas a cepillarse los dientes.

¿Cómo fue su vida al devenir del tiempo?

Tuve cinco hijos, dos varones y tres hembras en una familia muy bonita, integrada por 13 nietos y 11 biznietos. Y me alegro de haber trabajado tanto para levantarlos y darles educación.

¿Como ve usted que ha evolucionado su pueblo al día de hoy?

Tamayo era un pueblo muy pacífico, tranquilo. Pesaba mucho la formación familiar. Los líderes del pueblo eran toda una autoridad. Se ganaron un respeto absoluto. Tamayo ha progresado mucho. Su crecimiento ha sido muy notable y aunque ya no estén las regolas que bordeaban el pueblecito, como es la del Alto de las Flores, llenas de uvas parras y rosas hermosas, la gente ha podido construir sus casas muy bonitas. Algo impresionante para mí fue que hace como tres años visité la zona de San Juan y me invitaron a pasar por Tamayo y yo pensé en ese camino de antes, a lomos de mulo, bajo lluvia, a veces cayendo granizos y no quería ir por esa ruta. Entonces me explicaron que de San Juan a Tamayo eran apenas 45 minutos por una carretera nueva. No lo creía, pero así fue. Llegamos a Tamayo de una vez. Eso fue muy bueno.

Doña Antonia, alguna exhortación a estas generaciones de Tamayo.

Yo admiro mucho a la gente de Tamayo. Ese es un pueblo muy progresista. Yo fui la primera que salió, pero después de eso son muchos los profesionales de todas las ramas que se han formado aquí en la ciudad. Esta vertiginosa carrera de violencia que vive nuestro pueblo en estos días no es la que esperábamos en aquel momento. Lamento mucho esos casos bochornosos que han ocurrido, como la muerte de estas tres personas jóvenes en un lugar de venta de bebidas alcohólicas. Esa violencia atemoriza a uno, pues nunca nos imaginamos, ni soñamos, que ese pueblo caería en esos conflictos. Al parecer, es imposible que la paz y la tranquilidad vuelva a nuestro terruño. Pero quedan los recuerdos y a veces uno vive de esos recuerdos, principalmente, a esta edad que yo tengo.

Muchas gracias.

Lito Santana
Lito Santana
Nació en Tamayo. Locutor y periodista. Ha trabajado en distintos medios de comunicación. Aboga por la participación de todos los sectores en la solución de las dificultades por la que atrevieza el País.

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