De vuelta al campo con la camisa remangada

En algún momento, dentro de este panorama de pandemia y emergencia sanitaria, se escucharon tres voces autorizadas advertir sobre una hambruna global o sobre una escalada prolongada en los precios de alimentos de consumo masivo.

En julio del 2021 el secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), don António Guterres, en carta enviada clamaba por la colaboración del gobierno dominicano para contener "una hambruna global en marcha"; en este año 2022, específicamente en el mes de abril, el representante local de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), señor Rodrigo Castañeda, advertía sobre una "escalada prolongada de alimentos"; hace apenas semanas el presidente de la República Dominicana, Luis Abinader Corona, de nuevo tomaba los micrófonos para anunciar el surgimiento de "una hambruna mundial". A decir del mandatario, se daba "como consecuencia de la guerra desatada entre Rusia y Ucrania".

Como decía con frecuencia mi abuela, "sea que sí o sea que no", las causas que generan la hambruna y el desabastecimiento global de alimentos, el hecho evidente es la existencia real de ese fenómeno que a nivel planetario amenaza la misma existencia de la especie humana.

Es real un rebrote global de la pandemia que impacta ya a todos los países, tanto a las naciones desarrolladas, como a los países del Tercer Mundo.

El hecho de que estas figuras notables de la vida política regional y mundial, coincidan sobre una misma temática relacionada con la escasez alimentaria no admite descuido ni paños tibios frente a la toma de medidas preventivas responsables y audaces.

Ante esa amenaza global de la que el gobierno dominicano se hace eco, las medidas anunciadas por el presidente Abinader son muy tímidas y limitadas. Viendo la dimensión que le atribuye el mandatario, entonces la respuesta a este problema de dimensión mundial no se debe limitar, ni al regalo de gallinas ponedoras, ni a plantas para la siembra en huertos familiares, ni a simples anuncios de poner a producir las tierras del Consejo Estatal del Azúcar (CEA).

El presidente de la República y su Gobierno, deben remangarse los brazos y retornar al campo, si no con visitas sorpresas, al menos con la voluntad de poner de pie a los hombres y mujeres del campo promoviendo y dando apoyo masivo para la puesta en marcha de la producción a gran escala.

Para aportar a la solicitud de la ONU en su carta y las preocupaciones de la FAO en el país, de las medidas necesarias y de impacto que debe implementar el Gobierno, debe ser la de rescindir los contratos entre el CEA y el Consorcio Azucarero Central, teniendo la visión de poner esas tierras en manos de los productores agrupados en cooperativas y federaciones, haciendo de la región Sur una sólida retaguardia, impulsando la producción de víveres para el consumo local y la exportación. Son tierras fértiles que, con las aguas de la presa de Monte Grande, van a dar yuca, batata, maíz, plátanos, malangas, papas, arroz, habichuelas, etc.

Esa es la clave para derrotar en nuestro territorio la amenaza de hambruna planetaria.

Si esperamos la cuarentena que viene con el rebrote del Covid-19, sin la ejecución ya de medidas preventivas, entonces, sus efectos van a ser mucho más devastadores que las secuelas de la guerra en entre Rusia y Ucrania.

Santo Salvador Cuevas

Santo Salvador Cuevas

Quien escribe es militante social de larga data, egresado con honores de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) licenciado en Filosofía y Letras, con residencia en el municipio de Tamayo, al Sur del país.

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