Cuando lo valiente quita lo cortés, en la lucha política no hay amigos (3)

Por Lauterio Vargas   

Durante la precampaña, el equipo del presidente Leonel Fernández recorrió el país promoviendo la propuesta reeleccionista. Las ejecutorias del Gobierno eran su principal carta de presentación, pues el país disfrutaba de estabilidad económica y crecimiento de los aparatos productivos a nivel nacional.  

A Danilo Medina se le hacía más difícil promocionarse sin atacar al Gobierno o al partido del cual formaba parte sin renunciar al mismo.  

No había dudas; era la campaña interna más despiadada que se había dado en el PLD, que solo se asemejaba a las luchas de tendencias del PRD en las décadas de los 80 y 90.  

Danilo Medina asumía que contaba con el apoyo de los organismos internos, pero Fernández tenía el respaldo de la masa y el control del poder del Estado.  

De igual forma, casi todos los funcionarios de la cúpula del poder, incluyendo algunos amigos de Danilo Medina, se colocaron del lado de Leonel Fernández. Aun así, la contienda fue llevada hasta el final y los árbitros tuvieron que contar los votos.  

El presidente Leonel Fernández tuvo que medirse contra un envalentonado pero amargado Danilo Medina, quien estaba luchando, no para ganar la convención, sino para mantener su espacio y su cuota de poder en el PLD. Por eso, dejó que le contaran los votos. El primero que sabía que no ganaría la nominación presidencial era el propio Medina.  

Las primarias internas fueron celebradas el domingo 6 de mayo del 2007 y rompieron definitivamente los lazos de amistad entre Fernández y su ex estratega político y ex jefe de campaña en los procesos de 1996 y 2004. 

La noche de ese domingo, cuando ya se conocían los resultados, mientras sus seguidores coreaban “somos danilistas y no tenemos miedo”, al pronunciar unas breves palabras, Medina, admitió ante su equipo de campaña que el presidente Fernández había ganado las elecciones internas.  

Con la frase “el Estado se impuso”, Danilo Medina puso punto final a las expectativas sobre su posición en torno a los resultados. Aunque ante el país lució poco elegante, pues no fue vencido por el Estado, porque los resultados no fueron una sorpresa para nadie. No lo venció el Estado porque en esa ocasión competía en contra del carisma y la aceptación de la buena gestión de Leonel Fernández. No lo venció el Estado, porque todas las encuestas vaticinaban una derrota abrumadora para el danilismo.  

En sus palabras Danilo Medina no reconoció las dotes de líder que tenía el presidente Leonel Fernández, más bien le quiso restar méritos cuando dijo: “Desde que se inició el proceso tuve plena conciencia de que se trataba de una competencia con el Estado dominicano y el Estado se impuso.  Por los resultados preliminares que hemos recibido esta noche, está claro que la reelección se impuso y que los números les favorecen, queremos reconocer ante ustedes que los números les favorecen”. Al pronunciar esas palabras en el rostro de Danilo Medina se marcó un gesto de amargura y de rencor.  

Agradeció “profundamente” al “ejército de valientes” que lo respaldó a lo largo de la campaña. “Quiero felicitarlos por su entereza moral, capacidad de sacrificio y valor personal. Ustedes me llenan de orgullo, me llena de orgullo el hecho de saber que un grupo tan amplio haya resistido lo que pasó en estas elecciones internas”. 

Además, anunció que en los próximos días analizaría los acontecimientos que hicieron que los números finales variaran. No se sabe a cuáles números finales se refería, si las encuestas nunca lo favorecieron. Solo en su círculo de engreimiento y odio hacia Leonel Fernández se podían imaginar que podrían derrotar al anillo palaciego y al carisma del presidente. 

No había dudas de que las palabras de Danilo Medina mostraron a un hombre frustrado y amargado, con deseo de venganza. Estaba claro de que no había nada que analizar.  

Sus breves expresiones mostraron a un hombre contrariado que se negaba a reconocer que el PLD ya no era el partido de cuadros y con el voto de organismos, que le permitió arrebatarle el triunfo a Jaime David Fernández Mirabal en las primarias internas para escoger al candidato presidencial para las elecciones del 16 de mayo del año 2000.  

El espíritu de competidor se cambió por el de rencor y Danilo Medina se dispuso a esperar su momento para vengarse de Leonel Fernández y del anillo palaciego que lo acompañaba.  

Concluyó sus palabras diciendo que: “Nosotros haremos nuestra reflexión final en el curso de los días por venir. Haremos nuestra evaluación y, entonces, nos comunicaremos con ustedes. No sé cómo pagar a los hombres y mujeres que hicieron suyo el modelo de gestión pública que presentamos al país y que ha sido acogido por una buena parte del pueblo dominicano, aunque los números no reflejen el nivel de simpatías que hemos alcanzado al interno del PLD.” 

Para el 10 de mayo del 2007 la Comisión Organizadora de la Convención del PLD emitió su último boletín en el que se consignó a Leonel Fernández como ganador definitivo del Congreso Elector Profesor Juan Bosch, con 403 mil 577 votos, equivalentes al 71.55% de los sufragios emitidos, mientras que Danilo Medina fue favorecido con 160 mil 505 votos, para un 28.45%. En total votaron 574 mil 297 peledeístas. 

Estaba claro que a Danilo Medina no le ganó el Estado, sino que fue derrotado por la masa del PLD que aun recordaba las maniobras que realizaron los danilistas para arrebatarle el triunfo a Jaime David Fernández Mirabal, quien era el candidato natural para las elecciones del año 2000.  

Danilo Medina fue derrotado no por el Estado, sino porque el pueblo dominicano es presidencialista y los políticos saben utilizar eso a su favor cuando están en el poder. 

Además, una actividad política, en cualquier parte del país, siempre concita la atención de la gente que participa de las caravanas y levantan una bandera del color que sea, pero a la hora de votar eso no influye. Y ya en el PLD el voto era universal y secreto, por eso Danilo Medina encontró que los resultados del Congreso Elector no se correspondían con el apoyo que le manifestaban los peledeístas durante sus recorridos por las provincias y municipios del país.  

Eso fue lo mismo que ocurrió en las elecciones del año 2000, cuando fue candidato presidencial pues, aunque en los recorridos, él veía una gran receptividad de la gente, eso era solo en las caravanas y esa aceptación tampoco se correspondió con los resultados que arrojaron las urnas, pero en esa ocasión no dijo que había sido vencido por el Estado, pues él representaba al oficialismo, al Estado, él era el rostro del Estado.  

Cuando ganó la convención para las elecciones del año 2000, también se impuso el poder del Estado y el control de los organismos de dirección del PLD, pero Jaime David no dijo que lo venció el Estado y aceptó la derrota. 

A partir de la derrota en las primarias internas del 2007 los danilistas se cruzaron de brazos y no jugaron un papel importante en el proceso electoral, pero los leonesistas tampoco se lo ofrecieron ni lo solicitaron.  

A Danilo Medina nunca más se le vio participar en un mitin político en favor del presidente Leonel Fernández. 

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