Cuando la nostalgia se hace mayor de edad

"Lo que fracasa como ideología, triunfa como nostalgia" plantea en su libro "El vértigo horizontal" de Juan Villoro, el más reciente ganador del reconocimiento a la excelencia del Premio Gabo 2022, que lo valora por la "mirada propia, profunda y crítica que proyecta en su ejercicio periodístico con rigurosidad, ética y talento ejemplares", cualidades que se me hacen familiares a El Siglo, aquel periódico dominicano que en  este 31 de octubre se cumplieron 21 años de su desaparición del mercado.

Y todo eso fue El Siglo desde su inicio bajo la conducción innovadora de Bienvenido Álvarez Vega – su primer director – que en 1989 presentó a la sociedad un producto que desató aquel alborozo, que con "arrobo y entusiasmo" sintió la perspicaz Solangel Valdez -entonces la más joven fotógrafa del matutino-, que se generalizó aquel 3 de abril cuando llegó a las manos de lectores que afanosos buscaban ese ejemplar iniciático de una era adelantada del periodismo dominicano.

La diagramación, el diseño, la calidad del impreso, el estilo de redacción, la profundidad en el enfoque de los temas y la calidad de reporteros, fotógrafos, redactores y columnistas era la parte más visible de aquel esfuerzo prohijado por el Banco del Comercio en el inicio de una borrachera del sistema financiero, que a lo largo de la existencia del periódico lo zarandeó de acuerdo a cómo se comportara el aval ético, los conocimientos  sistémicos y  responsabilidad social de los "propietarios" y/o de los manejadores económicos.

Bajo el predicamento de ser "un periódico para nuestro tiempo", El Siglo aunó inteligencia, capacidad, disposición y perspectiva para mostrarse como medio moderno que inauguró en el país una estructura comunicacional de última generación, diversidad de la oferta noticiosa y una "paridad" de género, que si no era reivindicada entonces, sí aportó una visión más amplia en el enfoque, más profunda por las cualidades y el entusiasmo de mujeres como Margarita Cordero, Elsa Expósito, Patricia García, Emilia Pereyra, Vivian Jiménez, Mildred Minaya y otras.

Esa calidad profesional tenía y siempre tuvo en El Siglo un plus: la convivencia, solidaridad, respeto y compañerismo que todavía hoy, a 21 años de aquel cierre norma las relaciones de muchos/as que en las distintas etapas del periódico (cinco directores en los 12 años de su existencia) se conocieron allí, y de quienes ya estaban relacionados, hasta el grado que hoy sobrevive con ánimo, lealtad, solidaridad y alegre camaradería un grupo de aquellas/os que en el tramo final se juntaron.

Lauterio Vargas, que llegó al periódico en su última etapa, cuando el medio se proponía "para saberlo todo en menos tiempo", escribió un libro narrando su experiencia, el qué título "Huellas de Él Siglo", y refiere que ese nombre lo tomó a partir de un "hilo" de email iniciado por María Mercedes, una de las dinámicas periodistas, que al cumplirse los primeros cinco años del cierre quiso compartir con los/as ex-compañeras/os vivencias y recuerdos de cuando trabajan en el número 1 de la calle San Antón, en Herrera.

Yo, que formé parte de ese grupo (llevado por Osvaldo Santana), por más tiempo que al inicio de El Siglo en abril del ' 89, expresé mi sentir, el que ahora reivindico: "me alegra saber de algunos/as de ustedes, también de esa etapa (aunque algunos/as todavía no perdonan algunos excesos) que compartimos. El cierre de El Siglo -algunos lo comentamos- fue al periodismo dominicano como el derribo de "las torres gemelas" al mundo. Ojalá que no sea ya por mucho tiempo y que el periodismo de RD pueda recuperarse un tanto de la situación actual".

21 años después, esa esperanza que entonces cobijaba se diluye en el periodismo, pero las relaciones entre nosotros/as se cincelan con la complicidad, la solidaridad y afectos. Tanto una como otra, Juan Villoro me ayuda a reivindicarlas, y me atrevo a decir que El Siglo es ese "ausente necesario" aunque por ahora sea el "triunfo de la nostalgia".

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