jueves, abril 25, 2024

Cómo hacerlo, y para qué invadir a Haití

Cómo hacerlo, y para qué invadir a Haití

Esa es la pregunta que se deben estar haciendo los países con mayor capacidad de acción y con una historia que los vincula al pasado de ese territorio.

Finalmente, Estados Unidos se ha dado por aludido ante la dramática situación de nuestros vecinos del Oeste, después que las propias “autoridades” de ese territorio optaron por pedir ayuda las naciones amigas ante el caos total impuesto por las bandas criminales.
El desmadre de Haití igual ha provocado una singular reacción del secretario general de las Naciones Unidas (ONU) Antonio Guterres, quien ha sugerido que toda acción de ocupación militar se realice a través de un determinado país o de varios países, sin el patrocinio formal de la entidad que encabeza.
La cuestión es qué hacer en medio del estado de ingobernabilidad y la impotencia de las autoridades haitianas. Los países con más capacidad de acción y vocación de intervención se estarán preguntando acerca de cómo sería el acto de ocupación.
Asimismo, en la agenda debe estar en algún lugar qué hacer en Haití después de materializar la ocupación. Tratar de alcanzar la pacificación y propiciar la instalación de un gobierno que necesariamente sería de transición.
¿Cómo hacerlo?
La historia de las intervenciones sugiere, y en el caso haitiano en particular, que generalmente las fuerzas de ocupación inmediatamente tratan de asumir el control de la situación.
Y tiene lógica. Su presencia obedece al hecho concreto de que los actores del conflicto nacional fueron incapaces de establecer un determinado orden de cosas que no fuese el caos. De entrada, quedan descalificados para recibir las riendas de quienes han ido en su ayuda.
Precisamente, la tradición de las intervenciones a pedido de parte de una nación es que los invasores se alían con esa parte para establecer un “orden”, hasta pretendidamente solucionar las causas que dieron lugar al conflicto.
Lo ideal
Conocida la historia, lo interesante sería que la fuerza interventora no obrara en función de una de las partes envueltas en el conflicto nacional, y trabajaran para restablecer el orden desde su propia perspectiva (civilidad, orden, convivencia pacífica, modelo democrático y todas esas cosas), al margen de los intereses enfrentados.
De ese modo, las fuerzas de ocupación estarían en condición de ganarse la aprobación de las partes y propiciar un diálogo conducente a una conciliación que no puede ser absoluta.
Necesariamente tendrían que ser perseguidos y procesados quienes tienen responsabilidad en la actual situación de Haití. Y eso es válido para los que controlan lo que queda de la institucionalidad formal y las bandas criminales.
No hace poco, organizaciones sociales, populares, de la sociedad civil y políticas, dirigieron una comunicación al secretario general de la ONU, Guterres, en la cual plantean la necesidad de ser escuchados en medio del drama nacional.
Significa que no solo debe ser registrado el punto de vista de los incapaces responsables del poder formal y las bandas criminales, sino también los sectores políticos y sociales que se movilizan por un Haití diferente al que hemos conocido.
Las fuerzas interventoras deben romper con el pasado y propiciar un diálogo, o crear medios, o redes de contactos con las fuerzas que en el seno de la sociedad resisten a la claque dirigente tradicional y a las bandas criminales.
La auto marginación de la ONU
Ha debido sorprender la petición de Guterres de que la ONU como tal no sea involucrada en una probable intervención en Haití. Para muchos, “redentora y noble”. Quizás esa conducta se deba a su conciencia del grado de deterioro que acusa la ONU. Una fuerte pérdida de autoridad moral después de la invasión de Estados Unidos a Irak, que invocando el supuesto peligro de existencia de armas de destrucción masiva en manos de Sadam Hussein procedió por cuenta propia, lo que debilitó a la organización de las naciones.
Desde entonces, la ONU ha devenido en un simple foro donde las líderes plantean sus puntos de vista, sin que haya consecuencia alguna.
A los propios gobernantes tampoco les interesa una realidad que no quieren reconocer, y es la falta de eficacia de ese organismo. Siguen recurriendo a la misma de manera conveniente, y según coyuntura. Sea para denunciar a países competidores o contrarios, o para propiciar alguna resolución contra determinada nación.
En el caso haitiano que ocupa la atención actual, probablemente, nadie quiere cargar con ese muerto.

Rechazo a la intervención

La petición del primer ministro de Ariel Henry de ayuda internacional para contener la violencia y especialmente las operaciones de las bandas criminales que controlan más del 70% del territorio haitiano, encontró el lunes el rechazo de al menos diez senadores y de sectores sociales que sostienen que en vez de pedir una fuerza de ocupación extranjera, lo que debe es renunciar para allanar el camino a una solución a la dramática situación que vive Haití.

Osvaldo Santana
Osvaldo Santana
Osvaldo Santana es periodista.

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