lunes, abril 22, 2024

Ayudas mal dirigidas

Hace ya muchos años los gobiernos de turno regalaron estufas de mesa a miles de familias en nuestras zonas rurales más deprimidas.
Incluso les entregaban junto a este utensilio un tanquecito lleno de gas propano para que las estrenaran.
La idea era controlar la depredación del bosque, diezmado por el uso de carbón vegetal.
Con el paso de los días se les acababa el gas a las familias, y al no poder reabastecerse por la falta de dinero, volvían a sus viejas prácticas de buscar en su entorno carbón o leña.
El negocio de estas familias, de vender sus pequeñas estufas y tanquecitos de gas a usuarios en los poblados más cercanos, cobró vida de manera impresionante.
Luego, en coordinación con instituciones internacionales, otros gobiernos entregaban paneles solares en estas comunidades, para que los pobres conocieran la energía eléctrica, tuvieran acceso a la iluminación en horas nocturnas, y abandonaran las “lámparas jumeadoras”, que funcionaban con gas kerosene.
Era un kit de paneles solares, un pequeño inversorcito y una batería de 12 voltios. A veces sólo entregan el panel y la batería que acompañaban con lamparitas de 12 voltios y funcionaban directamente desde la batería.
Cuando la batería cumplía su ciclo de vida y ya no cogía carga, no había forma de que el beneficiario pudiera bajar al pueblo y comprar la sustituta.
Entonces, se abrió un enorme negocio de ventas de paneles solares que eran acaparados por los más pudientes en esos lugares o recogidos por gente de los pueblos que los compraban “por cabezas de arenque”.
Más reciente, y en algún momento influenciado por la Pandemia del Covid 19, los gobiernos entregaron en esas empobrecidas comunidades tabletas y pequeñas computadoras para que los niños recibieran clases virtuales.
En la mayoría de estos pueblitos no hay sistema de Internet y cuando logran encontrar alguna señal, subiendo a las partes más altas de su geografía, deben tener un aparatito wifi o poner recargas, para su conexión.
Ni está la señal, ni está el equipito, ni está el dinero para que en aquellos lugares dónde aparezca señal de internet utilizar la recarga.
La venta de las pequeñas computadoras o laptops regaladas por el Gobierno es como “ofertar pan caliente” entre personas con hambre.
Es innegable que estos tres esquemas de ayudas a comunidades muy empobrecidas tuvieron algún impacto en su momento, pero su sostenibilidad en el tiempo ha sido un rotundo fracaso.
Cada vez que este tipo de asistencia llega a los pobres, lo primero que aflora entre los beneficiarios o quienes dan seguimiento a estos temas, es la conclusión de que se trata de argucias políticas o populistas de quienes gobiernan, cuando se acercan los procesos electorales, o por conveniencia para favorecer algún tipo de negocio con suplidores o aliados estratégicos del partido en el poder.
Hace falta crear programas reales de desarrollo sostenibles en el tiempo para esta parte de la población y que les ayuden a salir del abandono a que han sido sometidos por los mismos que episódicamente impulsan estos proyectos fallidos.

Lito Santana
Lito Santana
Nació en Tamayo. Locutor y periodista. Ha trabajado en distintos medios de comunicación. Aboga por la participación de todos los sectores en la solución de las dificultades por la que atrevieza el País.

1 COMENTARIO

  1. Buenas noche
    Que recopilacion de los temas mas relevantes que hacen posible la pobreza en estos campos del sur, Santana siga dando las voces para que las autoridades entiendan que en cada Comunidad hay personas pensantes y saben cual es la intencion de todos los que estan arriba olvidandoce de los de abajo

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