lunes, abril 22, 2024

Aún para profesionales calificados, alcanzar su sueño en un país extraño no es tan sencillo como lo pintan

Por Evelyn Irizarri Santos

NUEVA YORK, Estados Unidos. – Para muchas personas, la vida fuera de los límites de sus fronteras se torna muy difícil, en muchos aspectos.

Un nuevo comienzo en un lugar distinto al de nacimiento, representa un desafío del que no todos salen airosos. 

En algunas ocasiones, quien emigra suele encontrar muchas similitudes entre su tierra de origen y el nuevo lugar en el cual ha decidido establecer residencia. 

En otras, son mayores las diferencias y se convierten en la primera causa de tormento para los recién llegados a su nuevo destino. 

Hay que vivirlo

Como en todo escenario, siempre habrá actores y espectadores.  Para quien ve desde las gradas, jamás será comprensible, por más que se le explique, que no es fácil, que es como estar fuera de lugar, que es sentirse perdido en un espacio desconocido. 

Para quien mira de lejos, si dominas el idioma ya eres parte de la sociedad. Estás dentro.

Sin embargo, conlleva el aprendizaje de toda una cultura de años. Frases idiomáticas, celebraciones o conmemoraciones, reglas, tradiciones, que se toma años asimilar, pero sobre todo, entender, aceptar y aprender a respetar. 

En Nueva York 

Esta es la problemática que enfrentan quienes se radican en los Estados Unidos, en este caso, en la ciudad de Nueva York.

Cuando una persona decide aventurarse a otras tierras, lo hace consciente de que no sólo se trata de una mudanza. De lo que se está hablando es de un nuevo comienzo.

Al llegar a suelo norteamericano, europeo o cualquier otro, no sólo quedan atrás el hogar, la familia y los amigos. Debes guardarte tus títulos profesionales y olvidar todo lo que fue tu estilo de vida anterior. 

No importa toda la experiencia acumulada durante años, de estudio y trabajo. Deberás adaptarte a la realidad y aceptar el trabajo que aparezca, pues las facturas de alojamiento, comida y los diferentes servicios no esperan, llegan cada mes y hay que pagarlas, y a tiempo. 

Volver a las aulas

Si quieres ejercer tu carrera, debes regresar a las aulas o traducir tus títulos en los centros autorizados por el Departamento de Educación de la ciudad estadounidense en la cual te radiques.

Luego de solicitar la evaluación de los títulos o el título universitario de su país de origen, la persona debe esperar la validación, lo que de ningún modo significa que ya estará listo para ejercer su profesión.  Para esto, deberá cursar una maestría en el área de interés laboral. Por tratarse de personas cuyo idioma de origen no es el inglés, las instituciones educativas exigirán al aspirante que se someta al examen TOEFL, un medidor de su desempeño en el idioma inglés, que incluye lectura comprensiva, escritura, análisis de párrafos. También será evaluada la comprensión del idioma inglés hablando y escuchando. 

Los resultados de estas pruebas permitirán a la universidad establecer si el estudiante requiere tomar clases adicionales de inglés o si su nivel gramatical es suficiente para ingresar directamente a las asignaturas de su maestría.  

Las maestrías, en su mayoría tienen una duración de dos a tres años, pero transcurrido este tiempo, la prueba final, será un examen del Estado, mediante el cual el aspirante obtendrá la certificación profesional para ejercer la profesión elegida.

Algunos ejemplos

Existen diversos casos de profesionales que desean insertarse en la vida académica en las ciudades a las que emigran.  Unos siguen adelante, otros, la mayoría, se dan por vencidos, por los tantos procesos que tienen que agotar antes de lograr sus metas.

Ese es el caso de Viviana Rodríguez. Ella, se había graduado de licenciatura en Finanzas en la Universidad Tecnológica de Santiago, pero al llegar a la ciudad de Nueva York, comenzó a trabajar en una lavandería de clientela esencialmente hispana. Como éste, existen millones de ejemplos. 

Esta joven madre de tres niños acudió al distrito escolar de su comunidad para obtener información sobre los requisitos que debía cumplir para trabajar en las escuelas de su comunidad.  Allí le indicaron que debía agotar un proceso largo y complicado antes de calificar plara ser admitida como parte de la escuela.

Uno de los requerimientos era que debía solicitar a un centro autorizado, la traducción de su título de bachillerato. Si quería ser asistente de enseñanza, tendría, además, que completar unos tres talleres, indispensables para obtener la licencia que la acreditaría para el trabajo en las aulas. Al final, se dio por vencida y decidió continuar con su trabajo en la lavandería. 

Otro ejemplo es el de Antonio Castro, quien trabaja como dependiente en una farmacia, en el condado de Suffolk. 

Hoy en día, Antonio es padre de cuatro hijos, la mayor tiene 23 años y está a punto de concluir sus estudios de Criminal Justice, en la Universidad Hofstra. "Mi felicidad es que mis hijos puedan estudiar y ser profesionales aquí, que puedan trabajar como profesionales y no como obreros".

El señor Castro cuenta que cuando llegó a este país era un joven de 21 años, que ya se había graduado de contador, pero que tan pronto llegó a Nueva York, tuvo que comenzar a trabajar haciendo cualquier cosa diferente a su profesión para ayudar con los gastos de la familia.

Comunidades latinas

Con el paso de los años, los barrios de ciudades como Miami o Nueva York se han transformado en comunidades latinas.

Sus pobladores provienen, en su mayoría, de zonas rurales de El Salvador, México, Honduras, Nicaragua, Ecuador y más recientemente de Venezuela. Los venezolanos, en su mayoría, vienen de Caracas, la capital, donde pertenecían a la clase media y media alta.

Hasta el final

En el caso de las personas que han realizado y concluido sus estudios en sus países de origen antes de emigrar a los Estados Unidos, les resulta más difícil adaptarse a unas condiciones laborales diametralmente opuestas a las que, como profesionales disfrutaban en sus países, producto de sus años de esfuerzo y de haber empleado la mayor parte de sus vidas preparándose en las aulas universitarias.

Es por eso, aunque les cueste años y tengan que transitar un camino que ya recorrieron en sus primeros años de adolescencia y juventud, algunos lo intentarán hasta lograr el verdadero sueño, que no es americano. Es el sueño de quienes no están dispuestos a dejarlo todo perdido, aquellos que tienen entereza para volver a empezar, aún cuando a veces sientan que se les ha hecho un poco tarde. 

Vivian o Antonio no son solo muestras, como ellos, miles de latinoamericanos, profesionales calificados en sus países, pasan por ese largo drama, y cada uno tiene su historia.

Evelyn Irrizari
Evelyn Irrizari
Evelyn Irizarri Santos es periodista, con experiencia en televisión, medios digitales y prensa. Es, además, abogada y educadora.

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