jueves, abril 25, 2024

Arde el cañaveral en el ingenio Barahona

LITO SANTANA

Cuentan los antecesores, los más viejos residentes en la región Suroeste y sobre todo en el entorno de la Zona Cañera del Ingenio Barahona, que cuando aparecía una chispa en cualquiera de los campos sembrados de caña de la comarca, había que salir despavoridos a esconderse.

Una señal de aviso de fuego en el cañaveral, venía acompañada de la guardia campestre o de las patrullas del Ejército Nacional, que con “fusiles “embayonetados” y en grandes camiones, salían a los pueblos cercanos a recoger a los hombres con excelentes condiciones físicas para apagar el fuego.

Se dice de la voracidad de una “chispa que podía incendiar la pradera”, pero así mismo se convertían en rápidas gacelas, los hombres para no dejarse atrapar por las patrullas del Gobierno, que salían a buscarlos, en una especie de caza humana. 

Pero la persecución no era sólo para apagar el fuego, también era para atrapar presuntos autores de este desastre, que en ese tiempo podía ser económico, obras de simples vagos, y hasta algún elemento de conspiración política en contra del Gobierno de turno. 

Si era en los tiempos de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, esta persecución alcanzaba ribetes de muerte y en los tiempos de su sucesor, el dictador disfrazado Joaquín Balaguer Ricardo, las consecuencias también podían ser funestas.

Como todo en el mundo va cambiando, ahora el ¡Arde el Cañaveral! es otra cosa.

Nadie sale huyendo, mucho menos patrullas militares o de guardias civiles en busca de potenciales criminales que habrían provocado el incendio, pues quienes queman los cañaverales son los mismos dueños del ingenio, que hacen tremendo negocio al “achicharrarlas”, sin medir los daños ambientales, y sobre todos, a los pobladores

Si, así como suena.

Los dueños del Ingenio Barahona, que ahora se llaman Consorcio Azucarero Central, son quienes queman la caña para, terminado el fuego, agilizar la recogida con hombres y maquinarias, ahorrando millones de pesos, pero destruyendo la vida de quienes realizan esa labor.

No les importa destruir la flora y la fauna y disparar millones de partículas contaminantes a los vecinos cercanos, a otros pueblos de la zona, y más allá. Hasta más de 50 kilómetros, y quién sabe.

No se explica cómo las autoridades del Gobierno, y más cercanos, los empleados del Ministerio de Medio Ambiente, no se han dado cuenta de estos incendios en las más de 236 mil tareas de tierra, que explota de manera leonina el Consorcio Azucarero Central.

En el Suroeste solicitan que manden a la Zona Cañera del Ingenio Barahona a técnicos de Medio Ambiente del municipio de Bonao, en la provincia Monseñor Nouel, que sometieron a la justicia a un productor de arroz, porque para preparar su tierra para el siguiente cultivo quemó, a cielo abierto, los desechos de la cosecha anterior. 

A los residentes de Barahona le puede caer en su patio la “cachipa” o “el barbojo” quemado y ni siquiera se dan cuenta lo que está pasando, aunque a veces tienen que cambiarse su ropa con las cenizas negras en sus espaldas.

Cuídense que ¡arde el cañaveral! y un día sus sustancias tóxicas pueden llegar hasta dentro de sus casas y envenenar a su familia. ¡Abusadores!

Lito Santana
Lito Santana
Nació en Tamayo. Locutor y periodista. Ha trabajado en distintos medios de comunicación. Aboga por la participación de todos los sectores en la solución de las dificultades por la que atrevieza el País.

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