Amamantar al vacío

Lo que al principio era un simple gemido, poco a poco se fue convirtiendo en gran preocupación.
Desde que nació Jaimito, su abuela Ernestina, con casi 60 años de edad, se hizo cargo de él. Era un bebé muy sano y juguetón, que en ocasiones se convertía en el entretenimiento de toda la familia y su entorno.
Pero ese día su abuela tuvo que salir muy temprano y se lo dejó encargado a su vecina Aurora, que era como su segunda abuela. Cuenta la vecina que no debió pasar ni una hora para que el niño comenzara a quejarse como si tuviera un dolorcito. Él apenas tenía seis meses de nacido, pero por su fortaleza aparentaba de un año.
Por eso, cuando sus quejidos se convirtieron en llanto, Aurora no dudó en llevarlo al hospital. Pero ese esfuerzo parecía que era en vano, pues Jaimito seguía llorando y ahora transmitió la pena de Aurora al personal médico que le asistía.
Ya con el tormento del niño, más el temor que le generaba que se haya puesto malito en sus manos, Aurora mandó a la casa para ver si su abuela Ernestina había llegado. Pero no, a quien encontraron fue a Ramonita, la madre biológica de Jaimito, que de inmediato salió para el hospital.
Pero qué va, no había forma de calmarlo.
El médico a cargo, ni la enfermera que le asistía, entendían la situación.
No habían hecho análisis, ni otros estudios, pues en ese lugar, en ese tiempo no había disponibilidad, pero le medicaron calmantes y antiespasmódicos, sin resultados positivos.
Nadie ha podido explicar cómo Ernestina, la abuela de Jaimito, llegó al centro médico. Quizás sus vecinos le dijeron que el niño había sido llevado al hospital, o talvez su instinto la llevó hasta el lugar. El hecho es que tan pronto Ernestina vio al niño en ese estado, lo tomó entre sus brazos y comenzó a acariciarlo, como si supiera de qué se trataba.
Aun así, Jaimito seguía llorando.
Entonces fue cuando ocurrió lo inesperado.
Ernestina, con su nieto en los brazos, se sacó uno de sus senos y comenzó a amamantarlo.
De inmediato, como por arte de magia, Jaimito se calmó, comenzó a juguetear y se quedó dormido.
Ni los médicos, ni las enfermeras, ni la vecina, ni la madre biológica de Jaimito, ni la gente que estaba en el lugar, podían creer aquello.
Ernestina, con sus 60 años de edad, le trajo la salud a su muchacho, amamantándolo al vacío.

Lito Santana

Lito Santana

Nació en Tamayo. Locutor y periodista. Ha trabajado en distintos medios de comunicación. Aboga por la participación de todos los sectores en la solución de las dificultades por la que atrevieza el País.

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