Al inicio del tercer año, se decanta la confrontación política con la mirada en el 2024

El pasado 16 de agosto el presidente Luis Abinader inició el tercer año con la vista puesta en el 2024. Pero atrás quedaron las pérdidas de importantes figuras durante sus dos primeros años. Desde los primeros meses empezó a sufrir desprendimientos a consecuencia del desempeño cuestionable de varios de sus ministros o directores.
El equipo que llegó incompleto, desde el primer año y al cierre del segundo se computaron caídas mayores, como las de dos ministros clave para la victoria del Partido Revolucionario Moderno (PRM), el de la Presidencia Lizandro Macarrulla y el de Educación. El primero fue jefe de su Gabinete de Campaña, uno de los soportes financieros y el segundo jefe del Comando de Campaña.
Un balance negativo para un gobierno joven, que sin embargo no se ha reflejado en el nivel de activismo del presidente Abinader, que al cierre del segundo período de gestión buscó sellarlo con lo que se pretendía como un impresionante mitin en el área frontal del Monumento a los Héroes de la Restauración en Santiago, abruptamente desmontado por un temporal lluvioso, que obligó a cambiar de escenario: los salones del Gran Teatro del Cibao.
De todas formas, la tormenta no evitó que Abinader presentara lo que se ha considerado como una “segunda rendición de cuentas” ante la nación, y durante el discurso al país resaltó las realizaciones de su administración durante 2 años. Fue su carta de presentación con vista hacia el futuro.
Y en efecto, si se pasa balance a la administración de Abinader, habría que reconocer que concentró su actuación en superar la COVID-19, al menos durante el primer año y medio, lo que se agravó con la guerra entre Rusia y Ucrania, que estimuló la inflación global y la ralentización de la cadena de suministros desde combustibles e insumos fundamentales para la alimentación y la salud y otros servicios.
En ese tiempo, su enfoque ha estado orientado a mantener la gobernanza, la estabilidad de la macroeconomía y la paz social. Los subsidios y programas de financiamiento a los grupos menos favorecidos, la congelación de los precios de los carburantes y algunos intentos de contender la escalada de precios han sido muy útiles para alcanzar los propósitos antes enumerados.
En paralelo, la estrategia para recuperar la economía ha estado muy marcada por el relanzamiento de la República como un destino turístico, gestión que ha sido, a partir del número de visitantes, exitosa.
Sin embargo, la administración de Abinader no ha podido contener la violencia ni la percepción de inseguridad. De hecho, la violencia doméstica, la propia de los hogares, mayormente contra las mujeres, y las riñas callejeras, han recrecido la incertidumbre y la desconfianza de la población.
La oposición, si bien ha hecho algunas críticas, hasta hace pocos meses, mantuvo una línea de moderación y tolerancia. Podría decirse hasta de colaboración, en atención a la crisis global decretada por la pandemia. Tanto que no hizo reparos significativos al creciente endeudamiento público para atender la emergencia por la pandemia.
Sin embargo, en los últimos dos meses la oposición ha endurecido el discurso frente al gobierno, al resaltar que no resuelve los principales problemas de la población, y que tampoco materializa las obras anunciadas cada semana, que gobierna para los ricos, mientras se deteriora el nivel de vida de la gente por el escalamiento de los precios de la comida, los servicios médicos y los medicamentos.
Hay quienes sostienen que el montaje de las “segunda rendición de cuentas” desde Santiago fue una respuesta al entendido de que las críticas de la oposición habían ganado niveles de adhesión popular. Y que por eso el presidente Abinader centró sus ataques a las administraciones de Leonel Fernández, en particular, los costos del parqueo de la UASD y del Metro de Santo Domingo. Al mismo tiempo, eludió tocar directamente durante su discurso la administración del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) durante los períodos de Danilo Medina Sánchez. Una suerte de contemporización con la cúpula de esa organización. El fallecimiento de la madre de Temístocles Montás el 20 de agosto permitió que coincidieran en el velatorio tanto el presidente Abinader como el presidente del PLD, en San Cristóbal.
Hacia el 2023 con vista en el 2024
En la medida que transcurre el nuevo período de un año, al presidente Abinader le empezarán a reclamar el cumplimiento de las obras prometidas. A ello concurrirán elementos de las comunidades como de la oposición, que será más activa.
Igual, el presidente Abinader tratará de apurar el paso de por sí ya acelerado. Durante los días laborables y durante los festivos del fin de semana, acude a diferentes lugares, entrega tarjetas Supérate, se reúne con vecinos, jóvenes y mujeres, inaugura pequeñas y medianas obras y promete otras.
Fundado en el discurso de la cercanía y transparencia, Abinader puede sufrir los efectos de una excesiva exposición. Podría acelerar el desgaste, fenómeno muy usual en la dinámica dominicana del poder después del segundo año.
De todas formas, los actores acelerarán la marcha.
La jornada opacada por la lluvia en Santiago fue el grito de guerra hacia el 2024, incluido el paso por Capotillo, donde acudió a conmemorar la Restauración, y la planeada culminación en el Monumento reducida al Gran Teatro del Cibao.
La oposición, alentada con los resultados de las encuestas divulgadas en medios de comunicación, que proyectan un empate técnico entre Leonel Fernández y Abinader, probablemente endurecerá su discurso, también de cara al 2024.

Osvaldo Santana

Osvaldo Santana

Osvaldo Santana es periodista.

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