viernes, febrero 23, 2024

A 8 semanas de las elecciones, el gobierno capitaliza donativos a los pobres

Por Osvaldo Santana

A partir de la semana que muere este 16 de diciembre, solo quedarán dos meses para la celebración de las elecciones municipales, para las cuales los funcionarios del gobierno corren con ventajas extraordinarias frente a sus competidores de la oposición. 

Aparentemente, la oposición no se percata del despliegue de recursos que hace el gobierno en ocasión del período navideño, en el cual normalmente las autoridades de turno incrementan los programas de ayudas sociales para los ciudadanos de más bajos ingresos, que son la mayoría de la población.

Las autoridades han puesto en marcha programas que incluyen donaciones de dinero en efectivo, bonos, entrega de alimentos, y “cenas” o “almuerzos sociales” para “confraternizar” con los pobres.

En perspectiva, se trata de un plan de posicionamiento entre estos estamentos sociales carenciados con la vista puestas en el 18 de febrero de 2024, lo que generaría un efecto recordación respecto a quienes se preocupan por ellos.

Durante este año, la política de asistencia social ha hecho énfasis en la entrega de dinero público directo a las familias convenientemente seleccionadas, como ocurrió con el “cariñito” para las madres, y posteriormente, la entrega de dinero en efectivo, alrededor de 1,500 pesos por cada estudiante para las familias más pobres, en agosto pasado.

En cada caso, esas iniciativas son anunciadas por el presidente Luis Abinader, lo que le da una trascendencia más allá de la dimensión de las agencias públicas que manejan el asistencialismo.

Millones de pesos en las calles 

Las donaciones constituyen un variado menú que incluye Bonos Navideños de 1,500 pesos, con el cual, según anunció el propio presidente Abinader, serán beneficiados no menos de 2.5 millones de dominicanos, lo que marcaría “un precedente como nunca lo había hecho ningún gobierno”.

Los recursos se distribuirían, mediante la entrega a 2 millones de dominicanos a través del Banco de Reservas, y   500,000 los recibirían mediante “tarjetas navideñas”, por transferencias a través del programa Supérate.

“Directamente se hará transferencia a las personas identificadas dentro del programa, como los más necesitados económicamente, es decir, no solamente las ayudas sociales, hemos duplicado la ayuda a los más necesitados, a los más pobres, como nunca lo había hecho ningún gobierno, sino que también en las ayudas puntuales, como Navidad”, dijo el presidente.

Además, según dijo, “cuando hablamos de las ayudas sociales, que eran unas 830,000 personas, de las cuales le daban 840 pesos, nosotros tenemos casi un millón 600 mil que les damos 1,650 pesos”. Es decir, que se duplica el monto entregado.

Almuerzos o cenas

Otro mecanismo de asistencia ha sido la celebración de almuerzos o cenas populares. Los almuerzos iniciales los encabezaron el presidente Abinader y la primera dama Raquel Arbaje. El presidente estuvo en el club Mauricio Báez, en Villa Juana, en el Distrito Nacional, y Arbaje en   Villa Duarte, en Santo Domingo Este. Arbaje dijo: “Me alegra muchísimo que en este encuentro hagamos entrega del bono navideño de 1,500 pesos, que el gobierno del presidente Abinader dispuso para que más de dos millones de familias celebren esta Navidad”. Un encuentro similar celebró la vicepresidenta Raquel Peña en Santiago.

En los barrios ha sido promovida la constitución de juntas vecinales, que también organizan comilonas para sus vecinos, siempre acompañadas de bebidas. Sus patrocinadores reciben fondos a discreción de diferentes agencias públicas o directamente de dirigentes políticos con instituciones a cargo.

La Ruta de la Esperanza

El pasado 8 de diciembre también fue iniciada la denominada “Ruta de la Esperanza” del Plan Social de la Presidencia. Con esta “Ruta” serían entregadas raciones alimenticias “casa por casa” y bonos navideños para al menos un millón de dominicanos. Esa acción está a cargo del Plan de Asistencia Social de la Presidencia, que dirige Yadira Henríquez. 

Además de esas ayudas, el gobierno despliega desde los torrenciales aguaceros del 18 noviembre que provocaron daños en Santo Domingo y la región Sur y parte del Nordeste, programas asistenciales de emergencia, a través de los cuales se entrega ayudas a la gente.

Pero desde septiembre, el gobierno impulsa otros programas, como el “Bono de Emergencia”, esta vez,  a favor de 784 pequeños comerciantes en la provincia Dajabón, como respuesta ante el impacto económico por el cierre de la frontera.

“La iniciativa, implementada conjuntamente por el Programa Supérate, el Sistema Único de Beneficiarios (SIUBEN) y la Administradora de Subsidios Sociales (ADESS), es un recurso que se pone en marcha y se entrega a personas afectadas ante situaciones adversas”, informó entonces Gloria Reyes, quien explicó que el Comité de Emergencia de Supérate (CES) identificó esos 784 pequeños comerciantes para compensarlos por el cierre de la frontera.

En toda esa labor asistencial está también el programa de ventas del Instituto Nacional de Estabilización de Precios (INESPRE), que igual ha acelerado su presencia en los barrios y pueblos de la provincias.  

Donaciones y campaña

Tan cerca las elecciones de febrero, y al margen de la vocación asistencial del gobierno, todos estas acciones para las personas de más bajos ingresos, en teoría, aquellas cuyos ingresos no excedan los 30 mil pesos, sugieren una acción conveniente que no está al margen de la celebración de las elecciones en febrero.

Y eso refleja, lo que es habitual entre quienes detentan el poder, una instrumentalización conveniente de los programas públicos de asistencia, y en esta coyuntura, en una primera fase, con atención a las elecciones de febrero, y posteriormente, para las previstas para mayo, es decir, las presidenciales y congresuales.

Entran en esa misma dirección las ayudas puntuales ante las diferentes tragedias, como la ocurrida muy recientemente, el 18 de noviembre, que condujo a un despliegue asistencial que igual deriva en ventaja, en un país donde la acción pública es asumida por los asistidos como un favor, o en todo caso, son inducidos para que así lo entiendan. “Es una ayuda por la voluntad del presidente de la República”. Es decir, que los daños catastróficos de los fenómenos naturales también suelen ser capitalizados políticamente.

Inauguraciones de obras

Es inevitable que el gobierno continúe de manera acelerada el programa de inauguración de obras, dentro del plan electoral, porque también apuntalan el posicionamiento oficialista frente a los electores. Según fuentes, sería adelantada dentro de poco la inauguración de la primera fase de la presa de Monte Grande.

El contrato con Aerodom

Fue sintomático el anuncio reciente del presidente Abinader de la renegociación del contrato o concesión con la empresa Aeropuertos Dominicanos (Aerodom), con 7 años de antelación del vencimiento, sin llamar a licitación a oferentes potenciales, pero resaltando las “ventajas” que el nuevo negocio representa.

Declaró que los recursos que generaría el nuevo contrato con Aerodom servirían para construir diferentes obras, todas situadas en el Gran Santo Domingo, donde está la mayor cantidad de electores. Enumeró las obras que realizaría. Fue obviamente un anuncio reeleccionista.

Ganar en febrero a cualquier precio

Y es que el gobierno ambiciona ganar abrumadoramente la mayoría de los municipios, lo que dentro de la lógica del poder es normal. Es que febrero se proyecta como una antesala de lo que podría ocurrir en mayo. Quien gana las elecciones municipales tiene muchas posibilidades de asegurar las de mayo, es decir, las congresuales y municipales. Es una proyección.

Febrero se torna de vida o muerte para el proyecto reeleccionista. No superar por mucho a la oposición podría ser visto como una derrota y eso podría ser considerado como inaceptable.

Va en ventaja

De todas formas, el gobierno va en ventaja, no solamente por lo que implica el ejercicio del poder, sino que el Partido Revolucionario Moderno (PRM) muestra más fortaleza que la oposición.

El presidente Abinader sigue apareciendo arriba, y por mucho, en la mayoría de las encuestas, y en esas condiciones, el remonte de la oposición en el ánimo ciudadano se dificulta más.

Las diferentes manifestaciones de la oposición continúan proyectándose débiles. El alcance de la Alianza RD no ha sido claramente transmitido a la población y la gente ve a los opositores compitiendo entre sí. La alianza fue anunciada sin que los dos principales líderes de los partidos involucrados les dieran un apoyo manifiesto que pudiera redituar aprobación entre los electores. Pareció como una negociación entre terceros, al margen de los principales liderazgos. Uno de los líderes, Danilo Medina, llegó a decir que se trata de una alianza “rara”.

Además, los actos de la oposición no están llegando claramente a las personas, al menos en los medios tradicionales, que los siguen manejando como expresiones de pequeñas agrupaciones, concediendo los mayores espacios a todo lo que signifique el gobierno.

La oposición se afirma en una crítica a los altos precios de los alimentos, que es real, pero esa campaña podría tener un efecto transitorio. Ahora en Navidad, con todas estas ayudas visibles y las que no se ven, las romerías, a pocas semanas de las votaciones, podrían barrer todo lo que implica el acceso a la canasta familiar en condiciones precarias.

Tras el goce de Navidad y año nuevo, la percepción de la  inflación y deterioro de los servicios, muy visibles en el sector salud, con el mal manejo de brotes epidémicos y peores condiciones de los hospitales, pudiera quedar atrás, muy lejana en los restos mnémicos de las masas, generalmente proclives al olvido.

Además, el discurso opositor tiene que cobrar mayor trascendencia, de modo que pueda lograr el propósito, una oferta electoral que entusiasme abajo y convenza arriba. 

Y visto todo esto a ocho semanas de unas elecciones, reducir los cuentos de las encuestas no resulta fácil. Quizás, la fortaleza de los liderazgos locales pueden ser una oportunidad, pero eso es válido también para quienes tienen el poder en sus manos y lo utilizan como mejor entiendan, al margen de cualquier discurso de manejo transparente de los bienes públicos.

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