Leonel retoma el poder al ritmo del contagioso coro: ¡E pa’ fuera que van! (1)

Por Lauterio Vargas   

Tras las experiencias de las últimas tres elecciones, en las que había sido derrotado en forma consecutiva, para el año 2003 el PLD aprobó el voto universal y secreto de su militancia en sus procesos internos o convenciones, así como la libre inscripción de los candidatos que aspiraban a la presidencia de la República para las elecciones del 16 de mayo de 2004.  

En esa contienda interna para escoger al candidato presidencial peledeísta, participaron Leonel Fernández, Jaime David Fernández Mirabal, Julián Serulle, Miguel Solano y Ramón Andrés Blanco Fernández.  

Mientras que Danilo Medina, aún con la derrota del año 2000 reflejada en su rostro y obligado por la necesidad de que el PLD retornara al poder, prefirió postergar sus aspiraciones y observar el proceso interno para dejar el camino libre a Leonel Fernández.  

En realidad, no fue un gesto de desprendimiento, pues Danilo Medina sabía que no tenía posibilidades de derrotar a Leonel Fernández en unas primarias abiertas, porque en la base del PLD lo miraban como a un hombre sin carisma, incapaz de derrotar el populismo y la chabacanería del presidente Hipólito Mejía. 

Además, en el Congreso Elector el voto sería universal y secreto de toda la militancia morada inscrita en padrón de miembros. Esa condición complicaba las cosas para Medina, porque a pesar de que tenía el control de los organismos, no podría influir en la base peledeísta. 

El proceso convencional de los morados para escoger a su candidato presidencial fue organizado sin mayores inconvenientes y Leonel Fernández fue seleccionado nuevamente para competir por la primera magistratura de la nación en las elecciones del 16 de mayo del año 2004. El expresidente era la carta de triunfo del PLD. Todos lo sabían y lo veían así, incluyendo a Danilo Medina. 

El descalabro económico del gobierno y el deterioro de la imagen del presidente Hipólito Mejía, sumado a sus intenciones reeleccionistas, abrieron el camino a Leonel Fernández, quien aparecía en las encuestas como el candidato con mejores posibilidades para derrotar al PRD que, como el colofón de su crisis, estaba dividido entre reeleccionistas del gobierno y anti reeleccionistas de Hatuey De Camps.  

Al margen de la crisis económica en que estaba sumido el país, lo que más afectó  las aspiraciones de Hipólito Mejía fue su cambio de actitud en torno a la reelección, pues desde antes de asumir al poder satanizó el continuismo de los mandatarios y sus deseos de perpetuarse en el poder.  

En varias ocasiones, con su estilo irreverente y de hombre poco refinado, el presidente Hipólito Mejía insultó a los periodistas cuando le preguntaban sobre el tema de la reelección y si se lanzaría como candidato.  

Pero luego de tomarle “cariño al carguito”, sus más cercanos colaboradores iniciaron los aprestos para modificar la Constitución de la República para habilitarlo y que pudiese aspirar por otro período presidencial consecutivo.  

Afectado por la ceguera momentánea, que muchas veces provoca el poder e impulsado por sus colaboradores del Palacio Nacional, el otrora anti reeleccionista Hipólito Mejía decidió buscar un nuevo mandato presidencial.  

El presidente se quería reelegir, pese a que su gestión se había vuelto impopular, pese a la crisis económica y pese a la oposición de importantes dirigentes de su partido, como es el caso de la vicepresidenta de entonces, Milagros Ortiz Bosch, a quien estimuló para que presentara su proyecto presidencial y se lanzara tras la nominación presidencial, pero luego la dejó con el moño hecho. 

Con el manejo del poder y la compra de voluntades que solo el gobierno puede hacer, Hipólito Mejía gestionó la reforma constitucional para habilitarse como candidato presidencial reeleccionista. Pero un sector importante del PRD no apoyaba el proyecto de reforma constitucional. El anillo palaciego tampoco contaba con los votos suficientes en la Asamblea Constituyente para aprobar una reforma, fue en ese escenario que “gestionó el favor” de 11 diputados peledeístas para que apoyaran el restablecimiento de la reelección presidencial para aprobar un segundo período consecutivo con la muletilla del nunca jamás.  

Aunque el PLD advirtió a sus legisladores que quienes votaran a favor de la reelección serían expulsados, esa advertencia no les importó a los 11 diputados que apoyaron la reforma constitucional.  

Así, el25 de juliodel 2002, con el cadáver del expresidente Joaquín Balaguer aún fresco en la tumba, las cámaras legislativas constituidas en Asamblea Nacional Revisora para la Reforma Constitucional, aprobó una modificación a la Ley Sustantiva de la nación, para restablecer la reelección presidencial, pero solo por un segundo período consecutivo y el “nunca jamás”.  

Con ese modelo se habló mucho de imitar el sistema constitucional de los Estados Unidos, en donde el presidente tiene la opción de repostularse por un segundo período consecutivo luego del cual no puede aspirar jamás.  

Durante la sesión de la Asamblea Nacional, el senador por Monte Plata, Ramón Alburquerque, a la sazón, presidente del Senado, aunque votó por el restablecimiento de la reelección presidencial, advirtió que eso le podría costar al PRD muchos años fuera del poder.  

Ramón Alburquerque tuvo toda la razón.  

Con la modificación constitucional del 2002, el PRD que tanto satanizó la reelección, terminó reivindicando a Joaquín Balaguer y tiró por el suelo los principios por los que luchó su líder Peña Gómez.  

Con una Constitución reeleccionista, el 29 de junio del 2003 el PLD realizó su primera convención con el voto universal y secreto, en la que se tenía proyectado el sufragio de 863,015 miembros en 1,591 centros de votaciones diseminados a nivel nacional.  

El 2 de julio concluyó el escrutinio del Congreso Elector, y Leonel Fernández obtuvo el 87.19% de los votos (416,102 sufragios); Fernández Mirabal un 12.32% con 58,807 votos.  

Los votos sumados de Julián Serrulle, Ramón Andrés Blanco Fernández y Miguel Solano no alcanzaron ni el uno por ciento. 

 

Lauterio Vargas
Lauterio Vargas
Periodista y abogado, experto en opinión y manejo de crisis institucional.

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