Por Alfonso Tejeda
Entre el barullo protagonista de la agenda cotidiana del país, en la semana pasada se colaron dos temas que, sin alcanzar millones de “me gusta” , concitaron una atención importante en la discusión pública, que ojalá se mantenga más allá del impacto producido al momento de su divulgación: el informe Pisa 2025 y el estudio sobre la abstención electoral en República Dominicana.
El “Estudio sobre la abstención electoral en la República Dominicana: voto nacional y en el exterior, elecciones 2024”, investigación del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH), a través de su Centro de Asesoría y Promoción Electoral (CAPEL), indaga las dinámicas socioculturales, logísticas y políticas que motivaron el abstencionismo en los pasados procesos, práctica que define como “un problema estructural y no simplemente una manifestación de apatía ciudadana”.
Admite que el sistema electoral es sólido, pero reconoce factores que marcan a este, como la desconfianza política, el clientelismo, la falta de propuestas atractivas y diversas barreras logísticas, especialmente para los dominicanos residentes en el exterior, que se expresa según la relevancia de los cargos en disputa, y como respuesta, el estudio propone un pacto entre los actores electorales y la sociedad civil que fortalezca la educación cívica, que renueve la oferta de los partidos, facilite el acceso a los centros de votación, y así garantizar procesos transparentes y seguros.
Esos hallazgos, que impugnan a los partidos, al órgano de administración electoral y a los procesos últimos, pueden conectarse, en un paralelismo, con el informe PISA 2025: alertan de dos realidades que cuestionan unos resultados, que pese a cuantiosas inversiones, tiempo consumido, la incapacidad de los actores para superar trabas y alcanzar logros tangibles, con eficiencia y eficacia nos muestran que estamos muy lejos para satisfacer las demandas de la sociedad en cuanto al pleno ejercicio de derechos democráticos, en un caso, y en el otro, dotar al país de la herramienta indispensable para su desarrollo .
Por ser la Educación transversal a toda la sociedad, el informe ha concitado mayor atención pública, con el añadido de que esos planteamientos, en su mayoría, son protagonistas, coautores y conocedores del sistema educativo dominicano, unos que reconocen avance al comparar los resultados con los del 2018, o de retroceso frente a los 2022, pero lo cierto es que las notas alcanzadas por los alumnos examinados certifican que la Educación dominicana está entre las peores del mundo.
La discusión -ojalá que sea tendencia en el espectro comunicacional-, en particular, la de los resultados de Pisa, por su importancia en la sociedad toda, la hace tema de una agenda en la que tiene poca relevancia el “me gusta”, apoyo que potencia a “influencer y comunicadores” que invaden las redes sociales, y, en cambio, es un espacio en el que se reclama de datos, cifras, análisis, ponderación, respeto y transparencia, entre otras categorías discursivas.




