Por Osvaldo Santana
Ahora que el presidente de la República Luis Abinader asume formalmente la dirección del Partido Revolucionario Moderno (PRM), concentra toda la responsabilidad política en su persona, y más allá del liderazgo indiscutible, pasa a conducir la administración partidaria, aunque delegada, con la vista puesta en el porvenir.
Por esta vía el presidente no solo es el centro de atención de la oposición como conductor de los destinos nacionales, sino como jefe directo del partido de gobierno.
En tal virtud, las críticas, por no decir los ataques, le caerán en toda su dimensión, ya como jefe de Estado y ya como presidente de su partido, en el cual no había desempeñado cargo alguno diferente a la pertenencia a los órganos deliberativos, sea el comité nacional, como ente superior de dirección entre una convención y la siguiente, o la dirección ejecutiva, como instancia superior de conducción cotidiana, a cargo de la estrategia y de las decisiones ejecutivas.
Si bien tiene a un vicepresidente ejecutivo, Deligne Asención, como máximo dirigente, más que como líder, debe intervenir en la cotidianidad, al margen del ejercicio de la Presidencia, y como tal, a dos años del término de su mandato, deberá enfrentar los embates de sus adversarios.
No será nada nuevo para el presidente Abinader, porque en todos los procesos electorales anteriores, no solo lideró la opinión partidaria, sino que siempre ejerció la vocería como jefe de Estado, igual la defensa de su partido.
Además, como reafirmó en su discurso ante sus compañeros, al ser proclamado, ya no será candidato presidencial del PRM, y si bien sigue siendo el blanco principal de la oposición como jefe de Estado, tan pronto sea elegido el nuevo candidato, se asume que el foco de atención se dirigirá a esa persona. Pero obviamente, él no quedará excluido.
Mientras tanto, y quizás durante todo el proceso electoral, Abinader es el responsable de su gestión, que ahora con más vigor, arrastra también a su partido que recauda méritos o fracasos de la Administración. Las tendencias críticas en esa dirección se acrecentarán.
¿Por qué asumió Abinader la presidencia del PRM?
Las crónicas habituales no se lo preguntan. La perspectiva lineal sugiere que como líder es un garante de la unidad partidaria, y como no puede aspirar a la presidencia de la República, igual deviene en la figura clave para administrar el proceso interno en un ambiente tranquilo para escoger un candidato presidencial y demás cargos.
Pero eso no significa que sea el administrador de un proceso para elegir su sucesor. Su legado se queda con él y parece que por ese motivo abraza la presidencia de su partido.
Ya lo hizo en el pasado reciente otro presidente saliente, que en un primer momento dijo que no buscaría la presidencia de su partido, pero a medida que fueron desarrollándose los acontecimientos tras su salida del poder y los procesos que sufrieron elementos de su entorno, obró para controlarlo y convertido en su instrumento de defensa.
Más temprano que tarde, Abinader no ha ido simplemente tras la presidencia del PRM como garante de unidad y de un proceso de selección de candidatos, sino con una visión preventiva de la impredecibilidad del futuro. Construir en el mejor tiempo un valladar defensor ante cualquier cambio de rumbo de los vientos, lo que podría constituir un motivo más importante que lo contenido en el discurso conocido.
“Yo les garantizo que, si seguimos trabajando unidos y con el proyecto de cambio que está transformando este país, no solo ganaremos las siguientes elecciones, sino que transformaremos el país para siempre y el PRM tendrá muchas más victorias por delante”.
Muy bonito para un presidente que no solo orientó el rumbo a seguir, sino normas de conducta de cómo deben comportarse los líderes y militantes del PRM para lograr los propósitos.
Pero no se supone que ningún político diga, que también requiere el poder del partido para lo que pudiera ocurrir mañana, a partir del 17 de agosto de 2028, cuando haya salido del Palacio Nacional, y entregue las riendas del poder, incluso, a un compañero de partido.
De modo que, si bien puede concentrar ahora todo el foco opositor como presidente de la nación y jefe administrativo y político del PRM, valdrá la pena, especialmente si se piensa en ese mañana, según sugiere la historia dominicana.




