Por Alfonso Tejeda
Cuando el sábado próximo se apague la llama de fuego en el pebetero de los juegos centroamericanos y del Caribe, por sobre las estadísticas y el esfuerzo de los atletas para conquistar lauros, quedará la más trascendente de la medalla que exhiba participante alguno, más allá de las competiciones deportivas.
Esa medalla la labró desde más allá de sus destrezas en el Taekwondo, una práctica milenaria asiática en la que el respeto al contrario y a las reglas son consustanciales a la competencia, el comportamiento es esencial, y aunque cada uno lucha por vencer, al contrario, la victoria, más que física es de otra dimensión.
Todo eso lo sabe y lo práctica Luisito Pie, un joven dominicano de nacimiento, hijo descendiente de haitianos, condición en la que se regodea la miseria humana de algunos a los que la trascendencia nunca ha pasado por su universo, y viven enfangados en sus ruindades, en las que creen que habitan todos, y por eso reparten sin rubor ni vergüenza sus iniquidades.
Por eso y sus triunfos, Luisito Pie es una de sus víctimas preferidas, quien, sin embargo, está muy encima de esas mezquindades, tal como lo refleja este texto con el que responde los ataques en su contra:
“Hoy decido hablar de un tema que durante mucho tiempo preferí callar.
He recibido ataques racistas por mis raíces haitianas. A quienes cuestionan mi nacionalidad les respondo con respeto, pero con firmeza: Soy dominicano. Y aunque a algunos les incomode, nada cambiará esa realidad.
"Orgulloso de mis raíces, no las reniego ni las escondo: son parte de quien soy. Pero cuando hablen de mis logros deportivos, háganlo como lo que son: los logros de un atleta dominicano que dedicó su vida a defender con orgullo la bandera tricolor.
"Agradezco a Dios por haberme permitido nacer en esta tierra; si pudiera elegir, volvería a nacer en la República Dominicana una y mil veces.
"Muchos sin compartir mi sangre me han tratado como a un hermano. Ustedes son el verdadero corazón de este país.
"Un verdadero dominicano no se define por el color de piel, apellidos o el origen de sus padres. Se define por amar esta tierra, levantar su bandera y trabajar por un país mejor.
"Quiero ser claro: apoyo que la República Dominicana haga cumplir sus leyes migratorias y regule la migración irregular. Eso es soberanía y Estado de derecho. Pero defender las leyes jamás debe ser excusa para el racismo o el desprecio hacia otro ser humano.
"La Dominicana que conozco es solidaria, trabajadora y generosa. Es el país que creyó en mí y me permitió llevar su bandera a lo más alto.
"Yo no elegí dónde nacer, pero todos los días elijo amar, servir y representar a la República Dominicana.
"Mi mayor identidad son mis acciones y el orgullo con el que defiendo a mi país. Porque la patria se lleva en el corazón.
"Cuando gané una medalla olímpica, no la ganó un color de piel o un apellido: La ganó la República Dominicana. Esa fue la bandera que llevé en el pecho y la que siempre defenderé.
"También quiero dejar algo muy claro: con el mismo orgullo con el que digo que soy dominicano, también hablo de mis raíces.
"Soy dominicano de ascendencia haitiana. Esa es mi historia, esa es mi identidad y no tengo por qué ocultarla ni avergonzarme de ella. 
”.

”.¡Cuánta entereza"







