Por Federico Pinales
El ser humano que no tiene respeto por la vida y el dolor ajeno, que se goza disfrutando sus maldades, es algo peor que un perverso y sádico.
Eso es lo que son el presidente Donald Trump y los colaboradores que siguen y obedecen sus macabras locuras, plasmadas en órdenes ejecutivas crueles y criminales, repudiables desde cualquier perspectiva mínimamente sensata.
Con los apresamientos, encarcelaciones y deportaciones de cabezas de familias, dejando huérfanos a decenas de menores de edad, nacidos en el país que se auto proyecta ante el mundo como el paladín de la “libertad y los derechos humanos”, dejan sin argumentos a los incautos que repiten como papagayos la propaganda engañosa de los medios corporativos alineados con los intereses de esos criminales de estado, al servicio de las peores causas.
Ver y callar esas acciones por temor a represalias, equivale a hacerse cómplice de ellas y yo no estoy dispuesto a irme a la tumba con cargo de conciencia.
Los apresamientos y deportaciones sin justificación no tienen mi aprobación, porque además de inhumanos violan la Constitución norteamericana.






