Armando Olivero: "La música nació conmigo, desde el vientre de mi madre"

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Por Lito Santana 

De los patios de Tamayo a los grandes escenarios nacionales e internacionales, Armando Olivero ha construido una trayectoria que combina talento, disciplina y una incesante búsqueda de conocimiento. 

Músico, compositor, arreglista, director orquestal, teólogo y abogado, su historia es también la de un hombre que nunca deja de aprender. 

En esta conversación con Pronosticamedia.com, recuerda sus orígenes, su infancia y los primeros pasos que marcaron el rumbo de una carrera excepcional.

A continuacion la entrevista:

  1. Tu obra artística-musical más reciente, titulada "Bachán y Siquín" despierta mucha curiosidad, especialmente entre quienes conocen el municipio de Tamayo, provincia Bahoruco. ¿Qué representa para ti?
  2. Es una obra profundamente personal. Es un homenaje a mis raíces. Está inspirada en mis padres y en los recuerdos de mi infancia en Los Charquitos, Tamayo. Cada una de sus sonoridades evoca momentos que marcaron mi niñez. Es una composición que trasciende lo musical, porque recoge mi historia, mis raíces y la esencia de mi familia.

Muchas veces me pregunté por qué mis padres llevaban esos nombres. Mi madre me explicó que a mi padre le decían Bachán (Armando Olivero Matos), porque había una persona muy alegre y carismática con ese apodo, y él tenía una personalidad muy parecida. El nombre de mi madre, Siquín (Francisca Reyes de Olivero), surgió de unos personajes muy populares de la época, similares a las historietas ilustradas que entonces leían los niños. Esos nombres quedaron grabados en nuestra memoria familiar y hoy forman parte de esta obra.

La música siempre estuvo en mi vida

  1. ¿Cuándo descubriste que la música sería tu destino?
  2. Siempre digo que la música nació conmigo, desde el vientre de mi madre. Crecí en un ambiente donde prácticamente todo giraba alrededor de ella. Mi padre era músico y todos sus amigos también lo eran.

En aquella época, las fiestas de toda la región terminaban en nuestra casa. Eran celebraciones que comenzaban temprano en la noche y muchas veces se prolongaban hasta el amanecer. Yo crecí viendo ensayos, escuchando instrumentos y compartiendo con músicos. Era imposible no enamorarme de ese mundo.

A los diez años ya tocaba la trompeta. Fueron años de mucho sacrificio, porque las jornadas eran largas y exigentes, pero también fueron mi mejor escuela.

  1. ¿Qué recuerdos permanecen vivos de aquellos años?
  2. Hay sonidos que nunca desaparecen. Recuerdo acostarme escuchando la música que salía del bar de Tavito. Aquellas melodías acompañaban mis noches y todavía hoy resuenan en mi memoria.

Todo era distinto. El sonido era completamente orgánico; no existían los equipos de amplificación de ahora. Esa experiencia marcó mi oído musical y, de alguna manera, sigue presente en todo lo que compongo.

También recuerdo el enorme esfuerzo físico que implicaba tocar durante horas. Había personas que decían que ese ritmo de vida acabaría conmigo antes de cumplir veinte años. Mi tía Sarita, que me quería como a un hijo, me preparaba ponche con huevo de pato, porque aseguraba que era el mejor alimento para recuperar fuerzas.

Entre la música y la vocación religiosa

  1. ¿Hubo algún momento en que la música compartía espacio con tu inquietud espiritual?
  2. Así fue. Durante muchos años viví entre dos vocaciones. Por un lado, estaba la música; por el otro, una fuerte inclinación hacia la vida religiosa.

Los sacerdotes notaron ese interés desde muy joven e incluso pensaban que debía ingresar al seminario. Llegué a dar los primeros pasos en esa dirección. De hecho, fui clérigo en la Iglesia Católica, en la parroquia San Antonio de Padua.

Con el tiempo estudié Teología Luterana en Estados Unidos y ejercí durante varios años como ministro de la Iglesia Luterana en Tampa, Florida. Presidía los cultos dominicales y esa experiencia enriqueció profundamente mi formación humana.

  1. Hoy eres músico, compositor, arreglista, abogado y también estudiaste Teología. ¿Cómo logras integrar tantas facetas?
  2. Nunca he visto esas disciplinas como caminos separados. La música me enseñó sensibilidad; la teología me ayudó a comprender la dimensión espiritual del ser humano; y el Derecho me permitió servir a los artistas desde otra perspectiva.

Con los años comprendí que ninguna de esas decisiones fue casual. Todas terminaron complementándose y formando la persona que soy hoy.

El salto a Santo Domingo

  1. ¿Qué motivó tu llegada a la Capital?
  2. Mi padre siempre quiso que yo tuviera oportunidades, que en Tamayo ya no existían. Él nunca se opuso a que fuera músico, pero insistía en que debía prepararme académicamente.

Un día le dije: “Papá, si quieres que llegue más lejos, tenemos que salir de aquí”. Esa conversación lo hizo reflexionar.

Poco después vino a Santo Domingo, ingresó a la banda de música del entonces Ejército Nacional y comenzó a establecer relaciones. Cuando logró cierta estabilidad nos llamó para que nos trasladáramos a la capital y continuáramos nuestros estudios.

En 1976 llegué a Santo Domingo. Ingresé a la UASD con el sueño de convertirme en psiquiatra. Sin embargo, las pruebas de orientación vocacional mostraron una marcada aptitud para la economía y las finanzas.

Aunque durante algún tiempo insistí con la idea de estudiar Psiquiatría, comprendí que antes debía cursar Medicina, una carrera con la que nunca me identifiqué. Finalmente opté por Economía, sin abandonar jamás mi verdadera pasión: la Música.

Mientras estudiaba en la Universidad también ingresé al Conservatorio Nacional de Música. Desde ese momento entendí que mi formación profesional tendría siempre dos caminos paralelos: el académico y el artístico.

  1. ¿Cómo fueron esos primeros años en que llegas a Santo Domingo centrado en estudiar?
  2. Fueron años de mucho aprendizaje. Mientras cursaba Economía en la Universidad e ingresaba en el Conservatorio Nacional de Música, nunca abandoné mi formación musical porque entendía que ese era mi verdadero camino.

Mi padre consiguió que ingresara a la Policía Nacional como músico. Era una modalidad que permitía estudiar y cumplir con los compromisos de la banda de música de esa institución. Durante el día asistía a la Universidad; luego me trasladaba a los ensayos y a las presentaciones oficiales.

Recuerdo que llevaba el uniforme de la Policía en una mochila para cambiarme cuando era necesario. Era una rutina intensa, pero también una oportunidad extraordinaria para seguir creciendo.

Un talento que comenzó a llamar la atención

  1. ¿Cuándo sentiste que comenzabas a destacar como músico?
  2. En la banda de música de la Policía tuve la oportunidad de demostrar mis conocimientos como pianista, trompetista y arreglista. La formación que había recibido en Tamayo, especialmente gracias al maestro Arturo Méndez, me permitió llegar con una base muy sólida.

El entonces director de la banda era el maestro Luis Rivera, un extraordinario músico y arreglista. Esposo de Casandra Damirón, un ícono del folclore dominicano. Un día escuchó uno de los ensayos, bajó de su oficina y preguntó quién era el joven que estaba tocando el piano. Quiso conocerme personalmente.

A partir de ese momento me asignaron exclusivamente funciones musicales. Dejé de realizar tareas policiales y pude dedicarme completamente a tocar, hacer arreglos y continuar mis estudios universitarios.

La oportunidad que cambió mi vida

  1. ¿Cómo surge tu llegada a Los Kenton?
  1. En 1982 ocurrió algo que transformó mi carrera. Luis Medrano buscaba un pianista, director musical y arreglista para sustituir a Bonny Cepeda en Los Kenton.

En la Policía trataron de convencerme para que no renunciara. Tenía un salario fijo y estabilidad, mientras que trabajar con una orquesta significaba asumir muchos riesgos.

Finalmente acepté, pero puse una condición muy sencilla: que me garantizaran el mismo sueldo que recibía como músico de la Policía. Ellos aceptaron y decidí dar el paso.

Fue una decisión que cambió mi vida para siempre.

El arreglo que se convirtió en un clásico

  1. ¿Cuál fue tu primer trabajo con Los Kenton?
  2. Me entregaron un casete con un tema titulado "Palo con ella" y me pidieron preparar el arreglo para el ensayo del día siguiente.

Hoy todo se hace con computadoras, pero entonces el trabajo era completamente artesanal. Me llevé el casete, papel pautado, lápiz y borrador. Aproveché el trayecto en una guagua pública desde Los Mina hasta la Universidad Autónoma de Santo Domingo para escuchar la canción una y otra vez y escribir toda la orquestación.

Durante las horas libres entre clases terminé las partituras de cada instrumento. Lo hice completamente de memoria, sin utilizar piano. Siempre he trabajado mucho con la imaginación musical.

Cuando llegué al ensayo ya estaba todo preparado.

Confía en la idea

  1. ¿Hubo dudas sobre ese primer arreglo?
  2. Sí. Algunos músicos pensaban que la canción debía interpretarse más lenta, porque esa era la tendencia del momento.

Yo defendía otra idea. Les propuse ensayar ambas versiones y dejar que la propia orquesta decidiera cuál funcionaba mejor.

Después de escucharlas, todos coincidieron en que la versión rápida tenía mucha más fuerza.

Fuimos al estudio, la grabamos y el tiempo confirmó aquella decisión. "Palo con ella" terminó convirtiéndose en uno de los merengues navideños más populares del país y, décadas después, sigue sonando cada diciembre.

Dirigir siendo muy joven

  1. Además del arreglo, ¿asumiste la dirección musical de la agrupación?
  2. Así fue. Cuando llegué al primer ensayo me presentaron como el nuevo director musical de Los Kenton.

Era una enorme responsabilidad. Yo era muy joven y sustituía a un músico de gran prestigio. Sin embargo, siempre confié en mi preparación y trabajé con mucha disciplina.

Aquella oportunidad me abrió las puertas al mundo profesional. Los años siguientes estuvieron marcados por giras, grabaciones y un crecimiento constante como arreglista y director musical.

Con Los Kenton comprendí que el talento es importante, pero que el verdadero éxito depende de la preparación, la disciplina y la capacidad de asumir retos cada vez mayores.

Con la música conocí el mundo

  1. Después del éxito con Los Kenton, ¿cómo evolucionó tu carrera?
  2. Permanecí con la agrupación hasta finales de los años ochenta. Fueron años de mucho trabajo, de grabaciones y de giras constantes. Viajábamos al extranjero prácticamente todos los años y el merengue vivía uno de sus momentos de mayor proyección internacional.

Tuvimos el privilegio de presentarnos durante cinco años consecutivos en el Madison Square Garden, en Nueva York. Aquellos conciertos eran verdaderos acontecimientos para la comunidad dominicana. También realizábamos presentaciones en clubes y salones de baile donde el público permanecía hasta el amanecer para disfrutar del merengue.

Recuerdo noches en las que comenzábamos a tocar a las nueve y terminábamos cerca de las siete de la mañana. En ocasiones salíamos directamente del último baile hacia el aeropuerto para regresar a República Dominicana. Era una vida muy intensa, pero también muy gratificante.

La búsqueda de nuevos horizontes

  1. A pesar del éxito, decidiste cambiar de rumbo.
  2. Sí. Siempre sentí que necesitaba explorar otros espacios musicales. Aunque disfrutaba el merengue, había una parte de mí que buscaba tranquilidad y nuevas formas de expresión artística.

Comencé a trabajar en la balada y en los conciertos. Eso implicó dejar temporalmente los bailes y dedicarme a acompañar a artistas en escenarios diferentes.

Tuve la oportunidad de trabajar con Olga Lara, Marta Echenique, que era una destacada intérprete de esa época, Edilí y muchos otros artistas. Uno de los conciertos de Olga Lara fue reconocido entre los mejores del año en los entonces Premios Casandra, y tuve el honor de realizar toda la dirección musical.

Aquella etapa me permitió crecer como compositor, orquestador y director.

Manuel Jiménez y una nueva etapa

  1. ¿Cómo pasaste a trabajar con Manuel Jiménez?
  2. Asumí la dirección musical de su orquesta de conciertos, una experiencia completamente distinta.

Con Manuel conocí otros escenarios y otros públicos. Ya no era solamente el ambiente del merengue bailable; se trataba de conciertos con una propuesta artística diferente.

Gracias a ese trabajo viajé por Suecia, Japón, Taiwán, China y otros países. Siempre digo que la música me permitió conocer el mundo.

Recuerdo una conversación con el empresario Luis Medrano antes de uno de esos viajes. Me dijo: “Ustedes los músicos son privilegiados. Yo quisiera conocer todos esos lugares y ustedes viajan con todo cubierto”. Aquella frase me hizo valorar aún más las oportunidades que la música me estaba brindando.

Un regreso triunfal

  1. Sin embargo, también regresaste a Los Kenton.
  2. Sí. En determinado momento la agrupación atravesaba una etapa difícil y algunos de sus integrantes entendían que era necesario renovar el proyecto.

Conversaron con Yaqui Núñez del Risco y él les hizo una recomendación muy directa: “Busquen nuevamente a Armando Olivero”.

Fueron a mi casa y retomamos la relación profesional.

Fue una etapa muy importante, porque llegaron nuevos cantantes y una nueva generación de éxitos.

El primer tema que preparé en ese regreso fue "Te lo pido por favor". La canción tuvo una extraordinaria acogida y marcó el renacer de la orquesta. Después llegaron muchas otras producciones que devolvieron a Los Kenton un lugar privilegiado en el merengue.

Reconocimiento como arreglista

  1. En esos momentos ¿trabajabas también para numerosos artistas?
  2. Sí. Mientras dirigía orquestas continuaba realizando arreglos para diferentes intérpretes nacionales e internacionales.

Muchos cantantes me buscaban exclusivamente para producir sus grabaciones de merengue, aunque yo no perteneciera a sus agrupaciones.

Aquello hizo que mi nombre comenzara a sonar con mucha fuerza dentro del medio.

Fui nominado durante cinco años consecutivos a los Premios Casandra y obtuve el galardón como Arreglista y Orquestador del Año en 1998 y en 1999. Fue un reconocimiento muy especial porque representó el respaldo de mis propios colegas.

La llamada desde Miami

  1. ¿Cómo llegaste a participar en una producción cinematográfica internacional?
  2. Todo comenzó cuando me contrataron para realizar una producción de la orquesta Merengue Sound, radicada en Miami.

Detrás de ese proyecto estaba Emilio Estefan. Al parecer le gustó mi forma de trabajar y, tiempo después, cuando surgió la necesidad de producir una escena musical para una película de Hollywood, fui convocado para participar. Era un filme que el protagonista era Sylvester Stallone, el creador de personajes de cine como Rambo o Rocky Balboa.

Mi responsabilidad consistió en escribir y dirigir el arreglo de un merengue compuesto especialmente para una escena de la película. No se trataba de utilizar una obra ya existente, sino de crear una pieza original para esa producción.

Grabamos parte del trabajo en República Dominicana y luego viajé a Miami con las cintas maestras para completar la grabación junto a músicos estadounidenses.

Una experiencia inolvidable

  1. ¿Cuál fue exactamente tu función?
  2. Fui el arreglista y director musical de esa sesión de grabación.

La producción me llevó a Miami, donde permanecí varios días trabajando con todo el equipo. Fue una experiencia extraordinaria por el nivel de profesionalismo y por la oportunidad de representar la música dominicana en una producción internacional.

Ese proyecto confirmó que el merengue también podía ocupar un espacio dentro del cine y que los músicos dominicanos teníamos la preparación necesaria para trabajar en cualquier escenario del mundo.

Entendí que Dios me estaba preparando para servir a los artistas

  1. Después de consolidarte como músico y arreglista, sorprendiste a muchos estudiando Derecho. ¿Por qué tomaste esa decisión?
  2. Siempre he sido una persona inquieta. Nunca dejé de estudiar ni de leer. Me interesaban la filosofía, la espiritualidad y distintas corrientes de pensamiento. Sentía que todavía tenía una meta pendiente.

En ese momento trabajaba como productor musical exclusivo de Global Talent, la empresa de Luis Medrano. Tenía cierta estabilidad y pensé que era el momento adecuado para volver a la universidad.

Ingresé a estudiar Derecho en la Universidad del Caribe. Aproveché un descuento para militares, porque todavía pertenecía, como músico asimilado, a la Policía Nacional. Con mi salario y mi trabajo como productor pude costear toda la carrera.

Me gradué en 2003 con honores, Cum Laude.

Una decisión que al principio no entendía

  1. ¿Nunca dudaste de haber escogido una carrera tan distinta a la música?
  2. Claro que sí. Recuerdo que en una ocasión le confesé a uno de mis profesores que sentía haber cometido un error.

Le dije que antes era feliz haciendo música y que, de pronto, estaba estudiando una profesión dedicada a resolver conflictos ajenos. Sentía que había abandonado el mundo que realmente amaba.

Sin embargo, decidí terminar la carrera.

Con el tiempo comprendí que todo tenía un propósito.

La unión perfecta entre dos profesiones

  1. ¿Cuándo descubriste cuál era ese propósito?
  1. Cuando me especialicé en "Propiedad Intelectual".

Entonces entendí que los artistas necesitaban abogados que conocieran realmente el oficio, que entendieran cómo funciona la creación artística, los derechos de autor y la industria musical.

Comprendí que podía servir a los músicos desde otra posición.

No era simplemente un abogado; era un músico defendiendo a otros músicos.

Ahí entendí por qué Dios me había llevado por ese camino. Hoy colaboro en esta parte de mi vida como funcionario en la Oficina de Derechos de Autor (ONDA)

La música nunca se detuvo

  1. ¿En algún momento pensaste retirarte definitivamente de la música?
  2. Nunca.

La música forma parte de mi vida y seguirá acompañándome mientras tenga fuerzas para crear.

Aunque desarrollo mi carrera como abogado, jamás dejo de componer, hacer arreglos y escribir nuevas obras.

El nacimiento de Bachan y Siquín

  1. ¿Ese camino nos devuelve precisamente a Bachán y Siquín?.
  2. Así es.

Todo comenzó cuando varios antiguos compañeros del Conservatorio Nacional de Música me invitaron a participar en un homenaje al maestro Santiago Fals, quien fue uno de mis profesores de Composición y Orquestación Sinfónica.

Yo tenía escrita esta obra y decidí adaptarla para un quinteto de metales.

Preparé toda la partitura y la envié.

Cuando los músicos la escucharon quedaron muy entusiasmados y decidieron incluirla en el homenaje.

Escuchar aquella obra interpretada en vivo fue una experiencia muy emocionante.

Ese momento despertó nuevamente mi deseo de desarrollar proyectos sinfónicos.

Un nuevo proyecto internacional

  1. ¿Qué viene ahora para Armando Olivero?
  2. Estoy trabajando en un proyecto llamado Armando Olivero & Emporium Brass, un quinteto de metales con el que deseo presentar música dominicana desde una perspectiva contemporánea.

Además, varias instituciones internacionales me han invitado a impartir conferencias y desarrollar actividades académicas relacionadas con la música y la creación artística.

Tengo compromisos en Boston, Nueva York, Uruguay y otros escenarios donde compartiré experiencias sobre composición, arreglos musicales y patrimonio cultural.

Me llena de satisfacción comprobar que, después de tantos años de trabajo, todavía existen nuevos retos y nuevas oportunidades para seguir aprendiendo.

Mi mayor compromiso sigue siendo la música

  1. Después de una vida tan intensa, ¿cómo defines hoy tu mayor misión?
  2. Seguir creando.

Quiero aportar obras que permanezcan en el tiempo y compartir el conocimiento adquirido durante tantos años de estudio y trabajo.

He tenido la fortuna de vivir muchas experiencias: dirigir orquestas, viajar por el mundo, trabajar con grandes artistas, escribir música para el cine, estudiar Teología y ejercer el Derecho.

Pero, al final de todo, sigo siendo aquel muchacho de Los Charquitos, en Tamayo, que descubrió la música escuchando tocar a su padre.

Esa esencia nunca ha cambiado.

Mientras tenga vida, seguiré escribiendo música, formando nuevos talentos y defendiendo la cultura dominicana.

Porque la música ha sido, desde el primer día, el verdadero hilo conductor de mi existencia. (Transcripción con ayuda de IA)

Lito Santana
Lito Santana
Nació en Tamayo. Locutor y periodista. Ha trabajado en distintos medios de comunicación. Aboga por la participación de todos los sectores en la solución de las dificultades por las que atraviesa el país.

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