La Comarca (2/2)

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Por Rafael Céspedes Morillo

Mi padre era una especie de jefe en la comarca. Él era el "centro comercial" más importante de toda la comunidad. Eso le daba ciertos privilegios que nos colocaban a sus hijos en una situación especial. Éramos los hijos de Blanquito; era como tener una entrada abierta a cuanto quisiéramos. 

Pero también estaba Marcia, nuestra madre! El que se pasara de listo entre nosotros recibía un agarre especial que ella tenía. Nunca pude entender cómo era que lo lograba. Te agarraba la oreja junto con un mechón de cabello y te levantaba de donde estuvieras. Y ese ni siquiera era el peor castigo, así que ninguno de nosotros se atrevía a usar el "poder" de ser hijo de quien éramos sin afrontar consecuencias desagradables.

Volviendo a Patricio, este era como el primo de todos. Tenía cierto retraso, aunque bien administrado. No hacía locuras; era manso. A su edad, el tema del amor no parecía despertar su interés, por lo menos en términos públicos. Parecía disfrutar del trabajo. Tenía unas dieciocho tareas de tierra que su abuelo, ya difunto, le había cedido para que se ocupara de ellas, y él se tomó esa responsabilidad muy en serio. Sembraba yuca, maíz y varios cultivos más. Algunos de los mayores lo orientaban y, al final, obtenía buenas cosechas, cosechas que eran aprovechadas por Zacarías, su padre, pues este prefería recoger los frutos antes que sembrarlos. Pero eso, para el humilde Patricio, no era un problema. Se resignaba y seguía con su vida. Él era realmente especial.

En la comarca, un día era más o menos igual a otro. Eran pocas las diferencias entre uno y otro, de modo que cuando ocurría algo fuera de lo común, aquello se convertía en un acontecimiento especial, como sucedió cuando se descubrió que Leonora estaba embarazada. Era una joven de quien no se conocía novio alguno y que, además, era una muchacha de su casa, que apenas salía al río y a algún otro lugar cercano. En sus veintiocho años nunca se le había visto ser callejera ni fiestera. Pero pasó, y el tema no era tanto el embarazo como saber de quién era aquella barriga, pues ella se negaba a decirlo.

Su madre, doña Sofía, no había logrado convencerla de que, por lo menos a ella, le revelara quién era el padre de la criatura que venía en camino. Eran muy pocos los temas de conversación en la comarca distintos al embarazo de Leonora. El dilema había provocado situaciones nuevas, como que en cualquier reunión social no se hablara de otra cosa. De inmediato surgía la pregunta:

—¿Ya sabemos quién es el padre de la barriga de Leonora?

Alguien propuso que se hiciera un concurso para ver quién descubría o lograba investigar el nombre del padre de la criatura. Habían surgido chistes y toda clase de comentarios en torno a aquel embarazo sin paternidad conocida. Algunos decían:

—Habrá que esperar que nazca para ver por dónde andan los rasgos y, a partir de ahí, llegar al padre.

Muchas especulaciones aparecieron.

—¿Será de Luis?

—No.

—Tal vez de Pedro.

—Tampoco.

Y alguien dijo:

—¿Y no puede ser de Patricio?

Ellos eran primos y muy cercanos. Era una de las pocas personas con las que Patricio compartía. Pero esos comentarios eran motivo de risa, pues apenas alguien lo insinuaba, casi de inmediato todos descartaban esa posibilidad, dadas las cercanías familiares entre ambos, algo que en la comarca se respetaba mucho, además de las características propias de Patricio.

—¡Señores! —dijo don Juan en un momento—. Vamos a esperar. Por el tamaño de la barriga, deben faltar solo unos tres meses y entonces se sabrá quién es el responsable.

Dicho eso, el tema cambió de inmediato y continuaron con el juego de dominó que los ocupaba.

Pasaron unos tres meses y una semana cuando se conoció el nacimiento de la criatura de Leonora. Fue varón y ella anunció que su hijo se llamaría Patry.

Parecía que era una forma de honrar a su padre.

 

Rafael Céspedes Morillo
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Rafael Céspedes

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