Por Federico Pinales
En los Estados Unidos de Norteamérica no mandan los políticos ni los partidos Demócrata y Republicano. Estos, junto a los banqueros y a los medios de comunicación corporativos, son simplemente marionetas del complejo industrial militar, razón por la cual el país nunca sale de una guerra, y vive promoviendo y armando movimientos desestabilizadores y terroristas en todo el planeta para iniciarlas y justificarlas.
Los políticos electos de los dos grandes partidos que se alternan en el poder cada cuatro años no pueden hacer nada porque suben financiados por ellos.
Los medios de comunicación no pueden denunciarlos porque viven de la publicidad que ellos les pagan.
Los organismos de seguridad no pueden controlar el tráfico ilegal de armas hacia otros países, porque eso atentaría contra sus propios intereses.
El Congreso de Estados Unidos nunca podrá legislar para poner fin a la descontrolada carrera armamentística, porque sería afilar cuchillos para sus propias gargantas, ya que la gran mayoría de sus miembros llegan a la posición financiados por las corporaciones que se benefician de los más de 850 mil millones de dólares que destina el gobierno cada año para aceitar la maquinaria militar, que reparte muerte y destrucción por todo el planeta, sin piedad y sin remordimiento, porque eso no está en el ADN de las insaciables corporaciones que se esconden detrás de ese superpoder llamado complejo industrial militar de la nación más rica y militarmente más poderosa del mundo.







