Con las riendas tensas, las memorias de Juan Bolívar

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Por Alfonso Tejeda 

En un reciente comentario a un artículo de Marino Beriguete, ese intelectual que en cada entrega reta a sus lectores a demostrar si está equivocado en sus planteamientos, el poeta Aquiles Julián abona variados elementos y circunstancias con los que reafirma la tesis- podemos definirla así- del articulista citado, en cuanto a las limitaciones de lectores en el precario mercado del libro en el país, en el que “no abundan, por cierto, y son casi inexistentes, las memorias. Y aún menos las biografías y autobiografías”, como apunta el crítico.

 Aquiles Julián abunda en sugerencias para establecer un mercado del libro a partir de un creciente y sostenido interés de la población en la lectura, hasta hacer de esta un activo cultural distinguible en la cotidianidad de estudiantes, profesionales, de la gente común, es decir, convertir un derecho en hecho cotidiano en el que la sorpresa sea por la dimensión del acto, por la frecuencia del mismo y por la multiplicidad de protagonistas, nunca por la precariedad de su presencia.

La introducción contenida en los dos anteriores párrafos sirve para enmarcar la publicación de “Con las riendas tensas”, las memorias de Juan Bolívar Díaz Santana, el periodista que a lo largo de más de 60 años ha ejercido esa actividad que, según la muy socorrida expresión de Gabriel García Márquez,  “es el mejor oficio del mundo”, juicio que el autor comparte, aún haya confrontado atentados, exilios, persecuciones, insultos, sentencias, sinsabores.

Y es que su inicio en esa profesión ocurre en uno de los momentos más traumáticos vividos por el país en la última mitad del siglo pasado: la contienda fratricida iniciada en abril de 1965, convertida en la acción bélica más desafiante de la historia dominicana a partir de la intervención armada de fuerzas militares estadounidenses que arrinconaron en Ciudad Nueva a los constitucionalistas dominicanos, sitio en el que estuvo y tuvo la oportunidad de integrarse a Diálogo, un semanario que editaba la juventud católica y social cristiana de entonces.

La herencia que dejó la intervención y la experiencia de Diálogo se sumaron para hacer de Él el periodista celebrado que es hoy , cuando en julio primero de 1968, a dos años de instalado el presidente Joaquín Balaguer en el poder, un desafiante Juan Bolívar lo confrontó, hecho que el autor, hoy, con un desenfadado humor cuenta en sus memorias bajo el título de “Balaguer me lanza al estrellato profesional”, relumbrón que otros dos años más tarde lo convertirían en objeto de un atentado del que se salvó en tablitas..

Ya entonces había decidido hacer de su vocación un acto de fe, de compromiso, “de experiencia en experiencia, acumulando saberes y propósitos, rectificando rumbos y abriendo nuevos caminos, hasta llegar a la elección que definiría su vida y su destino: el periodismo”, como con atinada propiedad establece la excelente Margarita Cordero en el prólogo del libro de 635 páginas distribuidas en 46 capítulos, ejercicio de “compresión” de una activa, diversa y frondosa carrera a través de la radio, los periódicos, la televisión, dónde asentó su profesionalismo y la ética, compartiendo con el gremialismo y la docencia, en los que “sentó cátedras”.

Esas cualidades y oportunidades, junto a una acerada práctica de ciudadanía y defensa democrática, lo llevaron a entender la trascendencia política de momentos como el 16 de mayo de 1978, cuando el poder quiso imponerse, pero chocó de frente con un lacónico: “El cambio va”, titular cargado de decisión, de certeza, de coraje, que ayudó a imponerse a la pretensión desconocedora de la voluntad popular, la que finalmente derrotó a quienes quisieron trastocar esos resultados electorales.

La puesta en circulación de sus memorias este lunes 18 de mayo en el auditorio Manuel del Cabral de la biblioteca Pedro Mir en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, por la diversidad y composición de los asistentes al acto, encabezado por el presidente Luis Abinader, funcionarios, compañeros de faena, empresarios, intelectuales, periodistas y ex alumnos, es el mejor testimonio de reconocimiento a una labor, a una vida marcada al inicio por precarias condiciones económicas y sociales desde las cuales se construyó al hombre que es hoy Juan Bolívar Díaz Santana.

 

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