Jet Set: anatomía de una sobrecarga

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El informe técnico pericial sobre el colapso del techo reconstruye una historia larga: un cine de 1973 convertido en discoteca, un techo intervenido una y otra vez, cargas añadidas durante años y una estructura que, según los peritos, terminó trabajando por encima de su capacidad.

La escena final ocurrió a las 12:44 de la madrugada del 8 de abril de 2025. Pero el informe pericial deja claro que el colapso no empezó esa noche. Empezó mucho antes, en una estructura concebida en 1973 para otro uso, otro peso y otra lógica operativa. El inmueble nació como Cine El Portal. En 1994 pasó a ser Jet Set Club. Y con el paso del tiempo fue acumulando ampliaciones, remodelaciones, equipos técnicos, capas de mortero, casetas, tinacos y soluciones constructivas que alteraron la forma en que el techo trabajaba.

La pericia encargada por el Ministerio Público no describe un hecho súbito aislado, sino la convergencia de una secuencia de transformaciones. El edificio original tenía una planta rectangular y un techo de vigas postensadas de 15.85 metros, separadas a 1.80 metros entre sí. Sobre esas vigas descansaban placas prefabricadas y, encima de ellas, un sistema de capas acumuladas de finos que llegó a 37.5 centímetros de espesor. Ese dato aparece una y otra vez en el informe porque es central para entender el desenlace: el techo terminó soportando cuatro capas superpuestas de mortero, además de equipos de climatización, tinacos, luminarias, plafones y su propio peso.

Las imágenes satelitales revisadas por los peritos sirvieron para narrar esa ocupación progresiva del techo. En 2011 ya había siete elementos visibles. En 2014 eran nueve. En 2015 el número subió a doce. Entre 2016 y 2021 se mantuvo en catorce, aunque con cambios en tamaño y distribución. Y entre 2022 y 2025 alcanzó diecisiete instalaciones visibles. El informe interpreta esa evolución como un uso cada vez más intenso de la cubierta como área operativa auxiliar. No era un techo pasivo. Era una plataforma de servicio sobrecargada por la lógica de funcionamiento del local.

Ese punto importa porque la pericia no discute solo el peso total, sino la forma en que ese peso se concentró y se transmitió. El patrón de colapso fue atribuido a una falla inducida por sobrecarga en las vigas postensadas ubicadas en los ejes H y J, cerca de la esquina sureste de la cubierta. Allí, dicen los peritos, las vigas comenzaron a fallar por flexión bajo la acción combinada de las capas de finos, los equipos de aire acondicionado, los tinacos y el peso propio. Lo que siguió fue una pérdida progresiva de rigidez, deformaciones excesivas, torsión en las vigas perimetrales y un colapso progresivo de desarrollo súbito.

El informe se detiene también en un rasgo que ayuda a comprender por qué una falla local pudo convertirse en un derrumbe mayor: las conexiones del sistema de techo no eran fijas. Las vigas transversales, según la descripción pericial, estaban simplemente apoyadas sobre las vigas perimetrales y vinculadas mediante una varilla de una pulgada. Además, en los extremos se empleó un elemento de concreto vaciado in situ que no estaba anclado a las vigas postensadas. Dicho de otro modo, el sistema trabajaba como un conjunto de piezas independientes. Eso reducía la redundancia estructural y facilitaba que la caída de una viga arrastrara a las adyacentes.

La parte más contundente del documento está en el análisis numérico. Para la viga más cargada, identificada como VE1, los peritos estimaron una carga total de 2.822 toneladas-fuerza por metro lineal. Luego modelaron la estructura en ETABS y compararon el resultado con cálculos manuales. La carga distribuida quedó en 2.936 tonf/m; el momento flector máximo en 92.186 tonf-m; la capacidad nominal a flexión en 74.669 tonf-m. La relación demanda/capacidad llegó a 123%. Y el propio informe añade que, al tomar el promedio de las capacidades de las vigas postensadas según los ensayos de tendones, la utilización resultó de 126%.

Eso significa que, bajo el escenario reconstruido por los peritos, la viga crítica estaba trabajando por encima de su resistencia. No se trata de una observación retórica. Es la base técnica de la conclusión principal. El informe no habla de una posibilidad abierta ni de una combinación abstracta de hipótesis. Habla de una falla por flexión en la viga VE1 y de deformaciones máximas que, según la simulación, sobrepasaban los límites permisibles en la parte sur del techo.

El reporte no atribuye la tragedia a materiales defectuosos de forma general. De hecho, los resultados de compresión de concreto muestran promedios que, dentro de la diversidad de elementos, no son presentados como la causa primaria del colapso. Las vigas transversales arrojan 395.77 kgf/cm² de esfuerzo de rotura corregido promedio; las vigas perimetrales, 389.55; las columnas, 245.21; las losetas, 250.60; y los elementos de cierre, 182.85. Para el acero, el informe consigna 2,800 kgf/cm² de fluencia en varillas corrugadas ASTM A615 grado 40 y 15,195.67 kgf/cm² en cables de tendones postensados ASTM A416 grado 250.

Lo que el informe sí subraya es que el problema no fue solo cuánto pesaba cada elemento, sino cómo se fue montando un sistema de cargas sobre una estructura existente. Los peritos hablan de cuatro capas de mortero superpuestas, cuatro tinacos de agua, seis equipos de climatización y siete casetas de aluzinc. También reconstruyen remodelaciones importantes, sobre todo la de 2015, cuando se renovó el escenario, se levantó una zona VIP en un segundo nivel y se añadieron sobre la cubierta casetas técnicas, ductos y equipos de climatización. La propia documentación del informe muestra una imagen de Instagram de ese proceso y señala la presencia de un perfil metálico colocado perpendicularmente a las vigas transversales.

Hay otro punto delicado: los peritos identificaron la ausencia de una columna en el lado oeste del área del escenario y sostienen que fue demolida previamente. En la documentación gráfica aparece como “columna eliminada”. El texto describe la zapata de esa columna y no reporta en ella oquedades ni evidencias de asentamiento, pero la mención forma parte del mapa de modificaciones detectadas en el lugar. El informe no coloca esa ausencia como la causa principal del colapso, pero la integra en un contexto de transformaciones estructurales acumuladas que refuerza la idea de que el edificio fue alterado en distintos momentos sin que la pericia pudiera obtener información oficial completa sobre las intervenciones previas ante MOPC y MIVED.

También llama la atención la brecha documental. El MIVED remitió unos planos de 1983 para una ampliación del restaurante Jet Set, pero los peritos concluyen que esos planos corresponden a un techo ligero apoyado sobre tijerillas metálicas y que no coinciden con el levantamiento estructural y arquitectónico del inmueble analizado. Esa discordancia no es un detalle menor: significa que la reconstrucción de la estructura real tuvo que hacerse a partir de levantamientos, escombros, ensayos, fotografías y modelado, no sobre una base documental completa y consistente.

El informe también dedica un capítulo a descartar causas. El Centro Nacional de Sismología no registró un movimiento sísmico importante cercano al edificio antes de las 12:44 a. m. El Indomet no reportó vientos anormales ni acumulación de agua por lluvias en la noche del 7 y la madrugada del 8 de abril de 2025. La Policía Científica no mostró evidencias de explosivos. Y el informe de los bomberos sobre el incendio de julio de 2023 en el área de la planta eléctrica no indica afectación del techo; además, durante la pericia no se observaron daños atribuibles a ese incendio.

Visto completo, el relato pericial es duro porque desmonta la idea de un azar puro. El techo no aparece en el documento como una víctima de una causa externa inesperada. Aparece como una estructura antigua, concebida bajo parámetros de otra época, sometida a cambios sucesivos y finalmente llevada a un nivel de exigencia que, en la viga crítica modelada, superó su capacidad resistente. La falla, según la conclusión oficial de los peritos, fue una falla inducida por sobrecarga.

Esa conclusión no cierra todas las preguntas públicas, pero sí fija un eje técnico. El punto de partida ya no es una especulación general sobre qué pudo pasar. El punto de partida es este: el sistema de techo trabajó con cuatro capas de finos de 37.5 centímetros, con equipos y tinacos añadidos durante años, con una ocupación creciente de la cubierta, con conexiones no fijas entre piezas, y con una viga cuya demanda superó la capacidad calculada. A partir de ahí vendrán las responsabilidades penales, civiles o administrativas. Pero el informe ya dejó dibujada la mecánica del desastre.1. Informe final técnico pericial sobre la edificación del Jet Set Club

Por eso la recomendación final es tajante: no reparación, solo demolición y reconstrucción. Cuando un informe pericial termina ahí, no lo hace por prudencia semántica. Lo hace porque considera que lo que queda del edificio no ofrece margen para otra salida. El Jet Set, como estructura, no terminó de caer solo en la madrugada del colapso. Terminó de caer cuando el uso real del techo se divorció de su capacidad estructural.

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