Miguel J. Escala
(#31)
No todo lo que viene de Harvard transforma la vida. Pero cuando Harvard confirma lo que la experiencia humana ha ido enseñando durante décadas, conviene prestar atención. Es en serio.
Nuestras confirmaciones
Veamos, entonces, nuestras confirmaciones. El artículo #30, “Lo que hemos ido construyendo… y lo que falta”, tuvo una excelente acogida si la medimos por los comentarios compartidos en la página web de PronosticaMedia y por los mensajes que recibí. Me hicieron leer mucho y, sobre todo, me entusiasmaron a compartir el listado de los primeros 30 artículos como un comentario permanente en la propia página.
José Medina, en un comentario dirigido a mí y a los “lectores asiduos”, aporta una reflexión que comparto porque resume muy bien la intención del listado y la insistencia en que participemos en la construcción que hemos iniciado. Nos dice este también “asiduo lector”:
“Me parece muy interesante y educativo todo lo que estos artículos han ido construyendo a lo largo del tiempo. Las opiniones y experiencias compartidas por los lectores son igualmente valiosas, pues muestran cómo cada aporte enriquece la comprensión colectiva de la tercera edad. Esto refuerza la importancia de mantener todos los artículos disponibles para quienes se integren más tarde, y de incentivar la participación activa, porque, como se evidencia, todos aprendemos unos de otros y cada interacción genera nuevas perspectivas y aprendizajes”.
Otros comentarios apuntan a la conveniencia de recopilar este recorrido como una comunidad abierta. El de Teresa Guzmán es particularmente sugerente:
“Siento que formamos parte de esta comunidad. Con esta entrega #30 seguimos evolucionando. Me sumo a la idea de consolidar los artículos en un documento (libro, manual, guía, etc.) en formato ágil para la difusión”.
Ese “nosotros” que se refleja en su comentario es un sentimiento valioso que conviene resaltar. Ojalá todos los lectores —asiduos o no, de siempre o recién llegados— se reconozcan en esa manera de pensar. Lo del formato ágil ya vendrá.
Willy Rafael Carmona, con una visión más joven que el promedio de lectores, reconoce que estos artículos le sirven para “que conozcamos, valoremos y seamos parte no obstaculizadora de nuestros familiares y conocidos en la tercera edad”. Introduce así el componente del cuidado y de la interacción con quienes acompañan en este tránsito por las edades. Ya varios me han confiado que comparten los artículos con sus padres.
Y, en línea con lo que señalan muchas investigaciones, José Apolinar Chalas —con quien me he reencontrado después de más de cuarenta años— resalta la importancia de la conexión social: “Es muy importante mantener contacto personal con viejas y nuevas amistades”.
Algo similar ocurre en mi propia experiencia. No solo trato de mantener más y mejor comunicación con amistades, sino que he rescatado vínculos de hasta más de setenta años. Siete compañeros de los primeros años de escuela mantenemos un chat: vivimos en cuatro países y compartimos recuerdos, experiencias y alegrías. Uno de los participantes, tras el artículo #30, compartió lo que considero un buen resumen del concepto de tercera edad exitosa:
“Creo que cada uno tendrá su receta particular, pero el común denominador es tener una calidad de vida saludable y digna, un soporte familiar y de amistades fuertes, sentirse bien con lo que haces, darle gracias a Dios cada amanecer y anochecer, y luchar para sentirte útil en la familia, en la comunidad y contigo mismo. Sobre estos temas hay una librería infinita; los artículos de Miguel me gustan porque son coherentes y reales. Ver a Miguel escribir es una inspiración para seguir nadando”.
Y sí, hemos propuesto las relaciones en una de las cuatro dimensiones del modelo o marco de referencia que nos sirve para evaluar nuestros progresos, la Dimensión de Conexión y Comunicación Social. Está compuesta por dos competencias que evitan el aislamiento y garantizan que la persona sea escuchada y valorada. Esas dos competencias (de las diez propuestas en el artículo #27, Del QR a la Tercera Edad Exitosa) son:
- Comunicación clara y asertiva (expresión de necesidades y límites).
- Relaciones y redes de apoyo (mantenimiento de vínculos y búsqueda de ayuda).
Por lo tanto, desde sus inicios, el modelo ha reconocido los vínculos sociales como un componente esencial. Pero lo que sigue no solo lo confirma: lo eleva. Listos para aprender del estudio de Harvard.
La “buena vida” de Harvard
Para enriquecer el modelo propuesto, estamos revisando literatura valiosa y bien fundamentada. El libro The Good Life, de Robert Waldinger y Marc Schulz, recoge los hallazgos del Estudio de Desarrollo Adulto de Harvard, que ha seguido a más de 700 participantes durante más de 80 años para descubrir los factores que sostienen una vida plena. Tremendo estudio.
Con frecuencia recibimos por las redes sociales enlaces de “estudios” presentados por supuestos profesores de Harvard, de Yale, de Stanford, y recomendaciones de doctores de la Clínica Mayo, de Cleveland Clinic, de Boston Medical Center. A pocos les ponemos caso, sobre todo cuando hay que pasar a los comentarios y dar los datos personales. Pero el estudio de Desarrollo Adulto de Harvard del cual pueden encontrar información en la web tanto en inglés como en español tiene credenciales históricas como para ponerle mucha atención y para enriquecer nuestro modelo con sus hallazgos. Si cambiamos lo de “Buena vida” por lo de “Tercera edad exitosa” que hemos venido manejando, más facilmente lo “acomodamos”.
Y aquí cobra sentido el título de esta entrega: Harvard en serio. No el prestigio institucional, sino la verdad en serio que emerge cuando la vida es estudiada con rigor… y es comprendida con honestidad.
La pregunta central del estudio es tan simple como profunda: ¿qué nos permite vivir una buena vida? Resaltando en nuestro caso, lo de “tercera edad exitosa”.
En The Good Life, Robert Waldinger y Marc Schulz recogen los hallazgos del Estudio. La respuesta, reiterada una y otra vez, no está en la riqueza, ni en la fama, ni siquiera en los logros profesionales. Está en las relaciones. Relaciones cercanas, estables, significativas. Relaciones que cuidan… y en las que también cuidamos.
Y esto adquiere una fuerza especial en la tercera edad. Porque no se trata solo de “tener gente alrededor”, sino de la calidad de esos vínculos. Una vida puede estar llena de contactos y, sin embargo, vacía de conexión.
La investigación es clara en varios puntos que vale la pena subrayar:
- Primero, las relaciones protegen. No solo emocionalmente, sino también físicamente. Las personas con vínculos sólidos viven más y mejor.
- Segundo, la soledad pesa. Y pesa tanto como factores de riesgo que solemos considerar más “médicos”. El aislamiento deteriora.
- Tercero, nunca es tarde. Aun en etapas avanzadas de la vida, es posible reconstruir, fortalecer o incluso iniciar nuevas relaciones significativas.
- Y cuarto —quizás el más importante para nosotros—: las relaciones se cultivan. No son un accidente. Son una decisión sostenida en el tiempo.
Por eso, cuando hablamos de una “tercera edad exitosa”, disfrutada y de servicio, como la hemos venido definiendo, no estamos hablando de una etapa pasiva. Estamos hablando de una etapa profundamente activa en lo relacional. Activa en mantener vínculos. Activa en pedir ayuda cuando se necesita. Activa en ofrecer presencia, escucha, compañía. Activa en seguir construyendo comunidad.
Eso es, en el fondo, Harvard en serio. No el conocimiento que se acumula, sino el que se encarna. No el que se certifica, sino el que transforma la manera en que vivimos y nos relacionamos.
Para seguir construyendo
Y aquí la invitación final. Si algo hemos ido construyendo juntos —artículo tras artículo— es más que un conjunto de ideas: es un modelo en construcción… y una comunidad en movimiento.
El estudio de Harvard no hace más que confirmarnos que vamos por buen camino. Pero también nos deja una responsabilidad clara: no dejar las relaciones en el plano de la reflexión, sino llevarlas a la práctica cotidiana.
Por eso, más que cerrar este artículo, dejo una pregunta abierta —casi como tarea personal—:
¿Qué relación voy a cuidar hoy? ¿A quién voy a llamar, visitar, escuchar… o reconciliar?
Porque la tercera edad exitosa no se declara: se construye. Y se construye, sobre todo, en relación con otros. Sigamos, entonces, poco a poco: aprendiendo, ajustando, compartiendo… y conectando. La cosa va en serio.











