Miguel J. Escala
El artículo anterior, dedicado a la Navidad, fue deliberadamente un receso en nuestros aprendizajes guiados. Con este texto retomamos el camino del dominio de las competencias esenciales. Y, aunque haya sido una pausa, estoy seguro de que todos aprendimos algo en esos días navideños: sobre nosotros mismos, sobre nuestras familias y, muy especialmente, sobre nuestras relaciones.
Sin proponérnoslo explícitamente, muchos pusimos en práctica al menos una de las competencias que hemos identificado como esenciales: la competencia #5, “Relaciones y redes de apoyo”. Los encuentros familiares, las ausencias sentidas, las conversaciones pendientes o los silencios prolongados generaron —en más de un caso— dilemas desorientadores que activaron ciclos de reflexión y aprendizaje.
Puede haber ocurrido lo mismo con otras competencias. ¿Cuántas situaciones recuerdas en las que te detuviste a pensar, a revisar actitudes o a replantearte decisiones? Para tenerlas a mano como marco de referencia, comparto nuevamente las diez competencias que hemos seleccionado:
- Autocuidado integral
- Adaptabilidad y flexibilidad personal
- Regulación emocional y resiliencia
- Comunicación clara y asertiva
- Relaciones y redes de apoyo
- Pensamiento crítico y toma de decisiones
- Curiosidad activa y aprendizaje permanente
- Competencias digitales básicas
- Manejo del tiempo y propósito vital
- Gestión del hogar y finanzas básicas
En el artículo prenavideño, la invitación fue iniciar un proceso de aprendizajes transformadores comenzando por la primera competencia. Retomemos ese hilo.
A trabajar el autocuidado integral (Competencia #1)
Para iniciar, invito a todos a realizar un ejercicio personal sobre el autocuidado integral, nuestra primera competencia. Nos referimos a la capacidad de moverse, cuidar la existencia personal, cuidar la salud, cuidar la apariencia personal, hacer ejercicio y comer saludablemente.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), lo define como “la capacidad de las personas, familias y comunidades para promover la salud, prevenir enfermedades, mantener la salud y hacer frente a enfermedades y discapacidades con o sin el apoyo de un proveedor de atención médica”.
En resumen, atender la propia salud física, mental, emocional y social de manera consciente y sostenible.
Pensemos en un dilema desorientador relacionado con nuestro autocuidado —algo que nos haya inquietado o hecho replantear nuestra percepción sobre nosotros mismos— y reflexionemos sobre él. A veces, el detonante es tan simple —y tan contundente— como subirse a la pesa y descubrir unas libras de más… o de menos.
Con libras de más o con libras de menos, enfoquémonos ahora en la competencia #1, cuya importancia es fundamental: su descuido puede agravar enfermedades y, en casos extremos, comprometer la vida.
Cuando hablamos de autocuidado integral nos referimos a la capacidad de tomar decisiones informadas y sistemáticas sobre nuestro bienestar, atendiendo señales físicas, emocionales, mentales y sociales. Los cambios que aparecen de forma inesperada —o que muestran tendencias preocupantes— suelen convertirse en el punto de partida para fortalecer esta competencia.
Recordemos que entendemos las competencias como un conjunto integrado de conocimientos, habilidades, actitudes y disposiciones que una persona moviliza para desempeñarse eficazmente en contextos concretos. Por eso, el autocuidado no se reduce a una acción aislada, sino a una integración consciente de múltiples dimensiones.
Los períodos de mayor cercanía familiar suelen reforzar nuestros deseos de vivir con salud: de seguir disfrutando a los nietos, y en algunos casos a los bisnietos; de estar presentes en futuras graduaciones, bodas y celebraciones que aún no imaginamos. Sin embargo, en medio del jolgorio, a veces se nos olvida algo esencial: cuidarnos.
Pasadas las fiestas, al compararnos con otros años, reconocemos que el cuerpo cambia, los ritmos se transforman y los roles sociales se reacomodan. Frente a estos cambios pueden aparecer señales que desconciertan: perder un poco el equilibrio, irritarse con mayor facilidad, sentirse menos motivado a probar cosas nuevas, depender más de otros, fatigarse más rápido o temer la soledad, generando ansiedad.
Cada una de estas vivencias interrumpe la rutina y abre un espacio para la reflexión. Incluso puede inquietarnos descubrir que una frase antes repetida sin mayor conciencia —“Demos gracias a Dios por este nuevo día que nos da”— cobra ahora un sentido más profundo. Comprenderla nos lleva a reconocer la importancia de dirigir con intención nuestro autocuidado.
En caso de tener pareja, la percepción del dilema lo compartimos con quien vivimos, quien incluso pudo ser quien detectó. Desde luego si es autocuidado es porque estamos resaltando el protagonismo de la persona, pero tenemos que entender que el “auto” puede ser compartido entre cuidadores y persona cuidada. En una pareja el rol de cuidador y de persona cuidada puede ir variando.
El dilema como punto de partida
Un dilema desorientador frecuente es aceptar que hemos postergado la visita al médico, aun cuando ha sido recomendada. Aparecen excusas conocidas: el temor a encontrar algo, la molestia del copago, la desconfianza hacia el sistema o la idea de que “mejor no saber”. Sin embargo, ese cosquilleo persistente —esa inquietud— nos obliga a pensar.
El inicio del año ofrece una buena oportunidad para programar visitas médicas, sin llegar a extremos como el del amigo que comienza enero con una peregrinación de chequeos que va del odontólogo al proctólogo. Todos debemos conocer quienen son los especialistas que debemos consultar según nuestros achaques.
Cuando una persona se detiene a escuchar lo que esa experiencia le está diciendo —el temor, la duda, la incomodidad— se inicia un proceso de aprendizaje profundo. Surgen preguntas que rara vez nos hacemos cuando todo funciona bien. Se cuestionan ideas antiguas y se abren nuevas posibilidades.
Desde luego lo primero que tenemos que reflexionar como respuesta a los dilemas desorientadores que vivimos con respecto a la competencia de autocuidado es decidir en las fuentes que vamos a creer. Las redes sociales son peligrosas porque en la búsqueda de “likes” los que son influencers o esperan serlo, hacen listas de recomendaciones como frutos de investigaciones que no citan, pero siempre atribuidas a profesores de las más prestigiosas universidades del mundo.
De ahí la importancia de desarrollar estrategias de autoaprendizaje: escribir reflexiones, llevar un diario de hábitos, integrar el ejercicio —caminar sigue siendo una de las mejores opciones— recurrir a fuentes confiables y llegar a acuerdos con la pareja. A esto se suma el aprendizaje guiado, iniciado con el acompañamiento médico y enriquecido por talleres, lecturas y espacios formativos ofrecidos por centros gerontológicos con buena reputación. Y desde luego, los diálogos con la pareja y los amigos.
Mezirow y el autocuidado: aprender desde el dilema
El desafío de aplicar el modelo de aprendizaje transformador de Jack Mezirow consiste en utilizar el dilema que nos desconcierta como catalizador de un cambio profundo en nuestra manera de entender el autocuidado en el tránsito por las edades.
La relación entre dilema y competencia se construye a través de un proceso de autorreflexión guiada, que conecta el temor inmediato con la necesidad de una transformación a largo plazo. Veamos cómo se articulan las fases de Mezirow tomando como ejemplo un dilema desorientador concreto: la pérdida de equilibrio y el temor a una caída.
- El dilema desorientador: la pérdida de equilibrio
El evento físico rompe la rutina y cuestiona suposiciones previas (“yo camino bien por mi cuenta”). Me asusta que me sienta casi mareado. Genera miedo y conciencia de vulnerabilidad. Sin dilema, no hay transformación. Aceptemos que hay algo que no funciona y procedamos.
- Auto examen. Reflexión crítica guiada
Se pasa de una creencia limitante (“me caigo porque estoy viejo”) a una perspectiva transformadora (“he descuidado mi autocuidado y puedo hacer algo al respecto”). Debo lograr más equlibrio en mi andar.
- Discurso racional y diálogo
El intercambio con pares, médicos o fisioterapeutas ayuda a desmontar la idea del deterioro inevitable y a construir una nueva visión: la del autocuidado como herramienta activa. Aunque no hablamos de cura, trabajamos para poder manejar y optamos por acciones preventivas que han demostrado resultados.
- Planificación de acciones y adquisición de competencias
Con una mentalidad renovada, aprendemos habilidades prácticas: ejercicios de fortalecimiento, revisión de medicamentos, ajustes en la dieta y prevención de riesgos.
- Reintegración y transformación
El autocuidado se integra a la vida cotidiana como un valor central. El miedo se reemplaza por la confianza y la perspectiva se vuelve proactiva. Hemos, entonces, aprendido.
En síntesis, la pérdida de equilibrio actúa como palanca emocional para un cambio más profundo: la adopción de una identidad en la que el autocuidado es la base de la autonomía y la calidad de vida. La competencia “diana” sale fortalecida.
Recuerden que es un ciclo interminable que si no logramos los resultados esperados tenemos que repetir las acciones buscando participar en otras estrategias.
Los invito a aplicar los pasos de Mezirow fortaleciendo la misma competencia, pero a partir de otro dilema desorientador.
Vale la desorientación
Aunque incomodan, los dilemas desorientadores tienen un enorme valor. Nos obligan a detenernos, a escuchar al cuerpo y a preguntarnos por el significado de lo que nos ocurre. Bien acompañados, se convierten en oportunidades para fortalecer competencias esenciales como el autocuidado, la regulación emocional, la toma de decisiones y la búsqueda de sentido.
Más que señales de declive, los dilemas pueden ser el punto de partida para una vida más consciente, autónoma y plena.
Fortalecer el autocuidado, además de “comprarnos” más tiempo, afecta y se ve afectado por otras competencias de la lista. Lean de nuevo el listado de las esenciales y vinculen esa dinámica de aprendizaje que se da inter-competencias. Por ejemplo analicen la #3 y #7 con respecto a la #1 tratada.
| Para los lectores que quieren seguir leyendo sobre el tema
Les recomiendo dos textos. Uno de divulgación producido por una institución mexicana: https://www.gob.mx/inapam/articulos/autocuidado-clave-para-envejecer-saludablemente Y otro más académico |
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| En nuestro próximo artículo, coomplaciendo peticiones, analizaremos la competencia #8 sobre dominio tecnológico básico para que no se nos pongan negras las páginas y nos bloqueen porque el tiempo se venció. |







Excelente artículo Miguel, muy educativo, nos lleva a una reflexión seria sobre la responsabilidad de nuestro cuidado en la tercera edad.
Excelente, estoy muy de acuerdo e identificado con todo el contenido, razón por la cual estoy reenviando a un buen número de adultos mayores de 65
Como siempre, interesante tu artículo querido Miguel.
Leyendo tu desarrollo sobre el autocuidado integral y los “dilemas desorientadores”, me queda claro lo oportuno de detenernos, observar los cambios del cuerpo y tomar decisiones más conscientes. Muchas veces, esos pequeños avisos, pérdida de equilibrio, fatiga, inseguridad al caminar, no son señales de derrota, sino invitaciones a reorganizar nuestro cuidado personal.
En esa línea, vale la pena recordar que la ciencia respalda estrategias sencillas. Investigaciones del Dr. Peter Wayne (Harvard) muestran que prácticas accesibles como el tai chi no solo ayudan con el equilibrio y la prevención de caídas, sino que también apoyan la atención, la memoria y la claridad mental. Aunque nace de tradiciones antiguas, en los 1950s se crearon versiones abreviadas para hacerlo más accesible, y hoy incluso rutinas simples pueden ofrecer beneficios relevantes.
Algo similar ocurre con ejercicios funcionales muy prácticos para mayores, como flexiones de pared con pausa, elevaciones de pierna sentado con resistencia, elevaciones de talones, sentadillas modificadas con silla y el bird-dog con pausa, que fortalecen, mejoran la movilidad y reducen el riesgo de caídas, y que además están disponibles en formatos sencillos en línea.
Lo interesante es que estas prácticas no solo fortalecen el cuerpo: también estimulan la neuroplasticidad. Al coordinar respiración, postura, equilibrio y concentración, el cerebro crea nuevas conexiones y mantiene activas funciones cognitivas clave. Practicadas con constancia, aunque sea 10–15 minutos al día, pueden apoyar justamente eso que propones: más autonomía, más confianza y una mejor calidad de vida a lo largo del camino del autocuidado.
La salud es en gran parte responsabilidad nuestra.