Por Federico Pinales
Los políticos, empresarios, periodistas, medios de comunicación, ONG y organismos internacionales sinvergüenzas, que se han pasado la vida manipulando la conciencia de los pueblos, para encubrir sus perversidades, y las de los interés que representan, ya no pueden seguir ocultando sus desvergüenzas, porque sus descaros han llegado a niveles que provocan la repulsa de la población consciente del mundo.
¿Cómo es posible que Amnistía Internacional y la mal llamada “Comisión de Los Derechos Humanos” estén guardando silencio cómplice, frente a una serie de atrocidades que se están cometiendo en el mundo, con el propósito de apropiarse de las riquezas ajenas, y ellos no digan esta boca es mía, mientras se la pasan repitiendo toda la propaganda cínica y mentirosa contra la República Dominicana?
¿Cómo es posible que aplaudan como focas todas las acciones inhumanas y criminales de las grandes potencias, que históricamente han oprimido y saqueado a la gran mayoría de las naciones del mundo, mientras les entierran las dagas a países que, como la República Dominicana, han dado pruebas inequívocas de solidaridad, con su vecino más cercano? El sufrido pueblo de Haití,víctima de su propios verdugos internos.
¿Por qué Donald Trump puede tener derecho a deportar de su país, en forma humillante a todos los indocumentados, incluyendo a los haitianos y a sus vecinos mexicanos y se les niega ese mismo derecho a la República Dominicana, que sí lo viene haciendo, pero respetando los derechos humanos?
Es cierto que en algunas ciudades de los Estados Unidos existen concentraciones de chinos, haitianos, judíos, italianos, centroamericanos, mexicanos, cubanos y dominicanos, pero en ninguna de esas comunidades se violan olímpicamente las leyes del país en que viven y se imponen las de sus países de origen, exceptuando algunas costumbres como los sabores culinarios, por tratarse de un asunto de preferencia estomacal. Lo cual se ha convertido en la bandera secreta de los chinos, mexicanos, dominicanos, griegos, jamaiquinos y haitianos
Los periodistas que solo tienen como superiores ideólogos y económicos a sus conciencias y como interés supremo el bienestar colectivo, deben dejar de reproducir todas las mentiras que se inventan esas agrupaciones e instituciones fantasmas sanguijuelas insaciables, al servicio de los peores intereses ocultos mundiales y nacionales.
No debemos ser enemigos de Haití, somos hermanos gemelos, geográficamente hablando. Nos necesitamos recíprocamente, desde el punto de vista económico.
Pero ellos en su lado y nosotros en el nuestro. Cada uno respetando las leyes y las costumbres del otro.
No más chantajes ni manipulaciones para obligarnos a aplicar las agendas particulares de los cínicos e hipócritas instrumentos perversos al servicio de los peores intereses mundiales.