Lenderborg, otro anillo dominicano en la NCAA y una historia de superación

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Por Yancen Pujols

Corría el año de 2019 y un joven de 17 años de nombre Yaxel Okari Lenderborg presentaba el siguiente cuadro: mucho talento, pero sin norte definido, sin disciplina.

Suele pasar que esa coyuntura. Es nada agradable, en ocasiones es una bomba de tiempo, pero en otras es el punto de inflexión para resolver de una vez y por todas.

Su madre, Yissel Raposo, entendió que ya estaba bueno de haraganerías, pérdida de tiempo y demás elementos pueriles de esa edad.

La progenitora, con razón, explotó y le cantó sus verdades al entonces muchacho de 17 años en su vehículo tras salir de una jornada maratónica de videojuegos en casa de un amigo en Manhattan, New York. 

Este relato, expresado por el propio Yaxel a la plataforma Player’s Tribune, sirve de introducción para recordar, una vez más, que una cosa es el vino y otra el duro proceso con las uvas. 

No todo es color rosa. Hay veces que el panorama se oscurece y solo hay espinas. 

Tomó tiempo para que Lenderborg entendiera que su madre, que también ha librado batallas de salud, solo quería lo mejor para él, aunque el momento no era de peluches y flores, era de candela verbal, cierre de lujos y juegos, un adiós al ocio y un recordatorio de que la vida te pasa una factura cara cuando andas de barato perdiendo el tiempo. 

 La noche del lunes seis de abril, Lenderborg se convirtió en apenas el cuarto dominicano o de raíces dominicanas que gana un campeonato en el baloncesto universitario de los Estados Unidos (NCAA), con Michigan, cuyo único título había sido en 1989.

¿Saben quién fue el mejor jugador de los monarcas? El mismo al que le “jalaron las greñas” en 2019, el mismo cuyo primer amor fue el béisbol, ese que para graduarse de la secundaria tuvo que hacer magia y uno al que le dijeron que no en ciertas oportunidades hasta que en Michigan encontró el terreno ideal para desarrollarse. 

Pudo jugar para Puerto Rico, pero optó por la tierra de sus padres. Su papá es Okary Lenderborg, un ex selección nacional y jugador del baloncesto superior distrital con varios equipos. 

Yaxel se une a Eloy Vargas, Charlie Villanueva y Al Horford (dos coronas con Florida) como los únicos en disfrutar de un trofeo en este baloncesto, que no solo tiene nivel, sino que la estructura de su torneo, conocido como la Locura de Marzo, es lo que en verdad complica todo, porque quien pierde se va desde su mismo inicio. 

Yaxel, de 23 años, 6’-9” de estatura, jugador de las posiciones pequeño delantero y delantero de poder, a quien un compañero bautizó como el “Dominican LeBron”, tuvo un 2026 de logros en todo el sentido de la palabra. 

Fue seleccionado al primer equipo defensivo de su conferencia (Big Ten), al primer equipo ofensivo, fue el Jugador del Año y estuvo en el primer equipo de toda la nación, un hecho sin precedentes para un quisqueyano. Ni Horford, ni Karl Towns, aunque jugó un año, ni nadie antes fue elegido para ese alto honor. 

Promedió 15 puntos, seis rebotes y 3.2 asistencias por partido. 

El lunes estuvo en cancha con todo y varias lesiones, pero había que dejarlo todo en el partido más importante de su carrera por sus compañeros y el centro de estudios que lo acogió hace dos años, luego de hacer la transferencia desde UAB (Universidad de Alabama-Birmingham). 

Tras ganar, vio a su madre y ambos se abrazaron por poco más de un minuto. Hubo lágrimas de regocijo con un significado bastante profundo. Yaxel conquistó una preciada corona, la que muchos grandes no pudieron, pero lo mejor fue que pudo encontrar la brújula para trillar el camino del éxito que hoy le sonríe y el que le espera, ya sea en la NBA o en el baloncesto europeo. 

Detrás, como toda una heroína, su madre. 

Hubo sangre, sudor y lágrimas. Hoy, un mar de sonrisas. 

¡Enhorabuena!

Yancen Pujols
Yancen Pujols
Periodista
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