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miércoles, enero 28, 2026
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Las peleas entre padres e hijos, esposos, hermanos, amigos y colegas

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Por Federico Pinales

Los conflictos entre las personas que se aman suelen ser más complicados, violentos y dolorosos que los que se producen entre otros seres humanos sin vinculaciones íntimas.

Sin embargo, hay que ser muy cuidadoso al intentar intervenir como mediador en ese tipo de contienda, para al final no cargar con la peor parte y terminar enemistado con uno de los contendores. Ello así, porque cuando llega la reconciliación entre los seres queridos que antes se pelearon, afloran revelaciones que provocan el rechazo de quiénes creyeron haber hecho lo correcto, en favor del “amigo” o “amiga” supuestamente víctima en el conflicto.

Por esa razón, siempre he estado de acuerdo con la frase famosa que dice: “en pleitos de hijos y padres, entre maridos y mujeres, hermanos y amigos nadie se meta, para no salir embarrado”.

Casi siempre, cuando el causante del desacuerdo que generó el conflicto violento, la separación, el divorcio o el distanciamiento momentáneo reconoce su error y se disculpa sinceramente, el afectado decide perdonarlo y restablecer la relación, a veces con vínculos sentimentales más fuertes.

Tanto es así, que también se ha hecho popular la frase que dice: “que de cada reconciliación entre esposos sale un nuevo hijo”.

Hay numerosos ejemplos que confirman esa teoría, dentro y fuera de mi círculo familiar.

En el caso de los hermanos, amigos y colegas, el resultado de las reconciliaciones se mide de otras maneras, igualmente de favorables y fructíferas para la paz y la buena convivencia entre seres humanos y naciones que se necesitan entre sí.

Si Japón y Los Estados Unidos fueron capaces de reconciliarse después de finalizada la segunda guerra mundial, en la que Japón le destruyó una base a los americanos y le mató más de tres mil soldados, a lo cual Estados Unidos respondió lanzándole dos bombas atómicas, que eliminaron a más de 300 mil japoneses, en cuestión de horas; ¿por qué no hacer lo mismo entre aquellos que solo se han ofendido de palabras, pronunciadas en impulsados por malos entendidos o manipulados por intereses “bastardos”, para poner fin a relaciones hermosas? Algunas sentimentales, familiares, políticas, empresariales, profesionales, gremiales o religiosas.

La violencia genera violencia, el odio envenena el alma, pero el amor incondicional produce paz, tranquilidad, reduce el estrés y alarga la vida.

Por esa razón, invito al perdón y a la reconciliación, sobre todo entre quienes han tenido la humildad de reconocer sus errores.

Hay quienes no perdonan a sus victimarios nunca, ni siquiera después de muertos, pero esa es la excepción en la regla.

 

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