Santiago Torrijos Pulido
Legal Expertise Liaison en Fridman, Fels & Soto (USA)
LL.M. de Georgetown Law
La reciente operación en Colombia que permitió rescatar a 17 menores vinculados al grupo Lev Tahor vuelve a poner sobre la mesa un problema que no conoce fronteras: la vulnerabilidad de niños y adolescentes frente a organizaciones o individuos que se amparan en discursos religiosos para cometer abusos. América Latina entera ha sido testigo de ello, y República Dominicana no es la excepción.
Para entender la magnitud del fenómeno, basta mirar lo ocurrido en Guatemala, donde en diciembre de 2024 las autoridades rescataron 160 niños del asentamiento donde residía Lev Tahor. Las denuncias incluyeron trata de personas, embarazos forzados y abuso sexual. Cuatro menores que lograron escapar narraron las condiciones de encierro, aislamiento y violencia en las que vivían. Fue uno de los operativos de protección infantil más grandes de la región en décadas.
Pocas semanas después, miembros del mismo grupo aparecieron en Colombia, en el municipio de Yarumal, Antioquia. Migración Colombia actuó con rapidez: identificó menores con alertas de Interpol por secuestro y trata, rescató a 17 niños y niñas, y evitó que la comunidad se instalara en el país suramericano. La reacción de la comunidad judía fue inmediata y clara: Lev Tahor no representa sus tradiciones ni su fe, y sus prácticas contradicen directamente las normas religiosas que dicen defender.
Pero la historia no termina ahí. Estados Unidos fue escenario del caso judicial más contundente: en 2021, un jurado federal condenó a Nachman Helbrans, líder del grupo, por secuestro y explotación sexual infantil. El juicio reveló un operativo criminal transfronterizo: Helbrans había “casado” a su sobrina de 12 años con un joven adulto, ordenándole mantener relaciones sexuales con fines de procreación; cuando la madre escapó con sus hijos a Nueva York, los líderes planearon y ejecutaron un secuestro internacional usando datos ficticios, teléfonos encriptados y documentos falsos para llevar a la menor a México. Fue necesaria la participación de agencias de Estados Unidos, México, Guatemala, Canadá e Israel para recuperar a los niños.
Estos tres episodios -Guatemala, Colombia y Estados Unidos- muestran un patrón innegable: existen grupos que, bajo una fachada religiosa, imponen estructuras de control y abuso que ponen en riesgo a los menores. Y aunque República Dominicana no ha registrado un caso equivalente en escala o naturaleza a Lev Tahor, sí enfrenta expresiones locales del mismo problema de fondo: la instrumentalización de figuras religiosas para dañar a niños y adolescentes.
El ejemplo más reciente es el del pastor Johan Manuel Castillo Ortega, condenado a 10 años de prisión en Santo Domingo Oeste por agredir sexualmente a seis niñas y adolescentes en Los Alcarrizos. Según la acusación del Ministerio Público, Castillo Ortega utilizaba su rol religioso como fachada para acercarse a las víctimas, aprovechando escenarios de vulnerabilidad, intimidación y confianza institucional. El expediente detalla manoseos, exhibicionismo, proyección de material pornográfico y agresiones.
Pero el denominador común existe: el abuso de poder de quienes se esconden detrás de un rol religioso para dañar a menores.
El caso dominicano demuestra que la niñez puede quedar expuesta cuando la figura del líder religioso se utiliza para intimidar, silenciar o manipular. El caso guatemalteco muestra la magnitud que puede tomar el problema cuando no se interviene a tiempo. El caso colombiano confirma la importancia de actuar con rapidez. Y el caso estadounidense evidencia que las redes de abuso pueden convertirse en estructuras transnacionales.
La lección para República Dominicana es clara: es necesario fortalecer los mecanismos de denuncia, garantizar acompañamiento especializado a víctimas, vigilar a tiempo los patrones de aislamiento y control en comunidades, y asegurar que ningún discurso espiritual sirva como escudo para la violencia.
La fe auténtica jamás lastima a un niño. La justicia, en cambio, debe estar siempre lista para protegerlo.





