Por Yancen Pujols
Todavía duele y dolerá por un largo trecho, quizás hasta la próxima edición del Clásico Mundial, proyectada para realizarse en tres o cuatro años.
La República Dominicana tenía todo para llevarse esta versión en la ciudad de Miami. Los vientos soplaban en esa dirección hasta que chocaron con un muro de concreto llamado Estados Unidos, que la noche del martes fue derrotado por un inspirado equipo de Venezuela, país que por primera vez disfruta de un cetro de este torneo que arrancó en 2006, hace ya 20 años.
Avasallante en sus cinco compromisos anteriores, la escuadra dominicana pasó de anotar 12 y 10 carreras por encuentro a ser maniatada por un picheo norteamericano que puso candado.
Solo se pudo hacer una carrera, el cuadrangular de Junior Caminero en el segundo episodio a Paul Skenes, probablemente el mejor lanzador de las Grandes Ligas. El choque finalizó 2-1.
El derecho de los Piratas de Pittsburgh no estuvo en su mejor presentación, pero, como suelen hacer los caballos, pudo sacar de abajo para evitar males peores. Estuvo arrinconado en varias ocasiones, es cierto, más eso no fue suficiente y pudo escapar sin daños mayores.
Ese partido de la noche del pasado domingo 15 de marzo será un recuerdo amargo y duradero, de esos que martillan sin parar.
Ese fue el roster dominicano de más talento que se ha estructurado en los registros de este campeonato. Estaba todo lo necesario para coronarse y resulta que no se logró la meta.
En 2013, el país ganó invicto con una nómina que dio la gran sorpresa. En este 2026 pasamos al otro extremo: un grupo de estrellas, de los mejores en sus respectivas posiciones, cuando no es que estaba el premier, que fue descalificado por el eventual subcampeón.
La sensación de que era el conjunto ideal para triunfar era colosal. El dolor de no completar la meta supera el primer enunciado.
La escuadra de Manny Machado, que tiene aroma de Salón de la Fama, Juan Soto, proyectado para el mismo honor al igual que Vladimir Guerrero Jr., entre otros peloteros de alto nivel, no pudo terminar la misión y por tercer Clásico consecutivo el país no llega a la última ronda ni tampoco celebra el gran baile.
En el béisbol no siempre gana el mejor, triunfa quien juega mejor. Amén de la duda de si una tropa de este calibre volverá a reunirse para futuras competencias. Hay que recordar que hubo malos corridos de bases y turnos pobres.
Perdurará por años la pregunta de si debió salir Austin Wells en el séptimo episodio y en su lugar entrar un corredor emergente.
El dirigente Albert Pujols defendió su decisión ante los medios de no sustituir a Wells, su receptor titular en un juego cerrado. En las redes sociales se piensa distinto y el tema lo que genera es pura candela.
Reitero, este desaliento pica y se extiende.
Venezuela, dejado fuera de los favoritos, etiqueta colocada a Japón, Estados Unidos y la República Dominicana, se puso “la ñoña” del Clásico Mundial de Béisbol el martes tras derrotar a los del “Tío Sam” con marcador de 3-2, en un emocionante partido en el estadio de los Marlins, donde más de 36 mil personas, la mayoría de la tierra de la arepa, se dieron cita.
Los últimos meses han sido convulsos para el país de Bolívar y esta conquista deportiva le sirve de alivio y, por igual, les concede los venezolanos los derechos de hablar y mandar a callar por varios años a sus rivales de la región.
Son los campeones y a quien ostenta ese rango no se le discute.
Para la República Dominicana habrá una espina que solo se retirará cuando arribe otra copa. El Clásico Mundial de Béisbol 2026 dejó un saldo no deseado y una pesadilla que apenas comienza.










