Del escritorio de: Haivanjoe NG Cortiñas
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El presidente de la República, Luis Abinader, dará su discurso de rendición de cuentas el próximo 27 de febrero, diciéndole que los dominicanos en el 2024 estuvieron mejor que antes, por el hecho de que la economía creció en un 5.0 %, la inflación estuvo más cerca del límite inferior que del superior del rango meta de inflación, al registrar un 3.35 %, que el ingreso per cápita continuó creciendo, situándose en US$ 11,902 anual, que la pobreza monetaria bajó a un 20.8 %, que la tasa de desempleo abierto disminuyó, al colocarse en un 5.3 % y que la deuda/PIB, también la ha reducido, comparada con la que recibió en el 2020, cuando era de un 56.6 % y ahora se encuentra en un 46.3 % y que el turismo rompe récord.
Al momento de escuchar al presidente Abinader referirse en los términos indicados, la mayoría de la población se asombrará y expresará que ese no es el país donde vive, que su situación económica y social es diametralmente opuesta y la razón es, porque los indicadores macroeconómicos como los mencionados, no necesariamente muestran el bienestar de la gente, que su realidad material quien la expone es la microeconomía, por tratarse de mediciones enfocadas en lo particular/individual y no en lo general como hace la macroeconomía.
De todas maneras, aun quedándonos con los indicadores macroeconómicos, resulta que los mismos tampoco pueden demostrar que la gente está mejor ahora que antes. El hecho de que el PIB haya crecido en un 5.0 % no significa que la población mejora su bienestar, ya que el sector informal representa el 55.3 % del mercado laboral y aporta el 35.0 % a la economía, métricas que permite inferir que cuando la economía crece, el sector informal no implica que también se beneficia, siendo las causas los menores niveles de productividad, salarios bajos y un sector al margen de la seguridad social y laboral.
En cuanto al aumento del ingreso per cápita, como indicador resultante de un promedio que iguala a toda la población, distorsiona el dato del bienestar de la gente, al ocultar que en el país existe una desigual distribución del ingreso, medido por el coeficiente de GINI no tradicional, que tiene un valor de 0.64, en una escala del 0 al 1, siendo el 1 la concentración del ingreso más alta.
En lo referente a la tasa de desempleo abierta, el hecho de que el empleo informal hoy represente el 55.3 % del total, cuando en el 2022 era de 50.5 %, también del total, es una muestra de que la disminución del desempleo lo explica el aumento del empleo informal, por lo que, no es el resultado positivo de las políticas públicas, sino, por el contrario, un revés, al lanzar a trabajadores a colocarse en el mercado de trabajo donde existe poca garantía laboral y ausencia de protección social.
En cuanto al turismo, hay algo de espejismo, pues la tasa de ocupación hotelera en el 2024 fue de un 76.0 %, mientras que en el 2018 alcanzó un 78.0 %, evidenciando que el récord en la llegada de turistas, no se ha traducido en un aumento de la tasa de ocupación hotelera.
El mercado cambiario se ha comportado con un nivel de desvío respecto al tipo de cambio estimado al 19 de febrero de 2025, comparado con igual mes y día del 2024, la depreciación monetaria registra un 6.1 %, cotizándose a la fecha sobre el RD$ 63.0 en compras que superan los mil dólares. Recordemos que la estimación para diciembre de este año es de RD$ 63.11, lo que significa que de alguna forma al segundo mes del año ya casi se ha alcanzado la proyección en forma temprana.
Respecto a las reservas internacionales netas, a diciembre de 2023 el país disponía de US$ 15,457 millones, 13 meses después, a enero de 2025 están en US$ 12,604 millones, para una caída de US$ 2,853 millones.
La ejecución presupuestaria del 2024 alcanzó algo más de RD$ 1.4 billones, de los cuales en gasto de capital apenas fue de un 12.4 %, el más bajo de la historia, cuando pudo ser 13.6 % por mandato de la ley anual de presupuesto. Otra señal más de la caída del gasto de capital, es que en el 2011 fue de un 20.0 % y en el 2012 de un 27.0 % del gasto público total.
Como agravante de la calidad del gasto público, el gobierno gastó menos en la gente, apenas un 44.6 % del gasto total y antes de la pandemia, en el 2019, fue de un 46.5 % y en el 2023 de un 45.2 %, métricas que revelan el deterioro de los servicios sociales y el menor alcance de las políticas sociales a favor de los más vulnerados.
Examinado los datos macroeconómicos y revelado que no miden el bienestar de la gente, veamos ahora lo que nos dicen los indicadores microeconómicos, a fin de poder procurar mayor evidencia de que ciertamente la población no se ve representada en los datos macroeconómicos oficiales y que su realidad material es distinta.
Los números oficiales dan cuenta de una tasa de inflación situada en el nivel del rango meta, el dato es alentador para el gobierno, pero no necesariamente lo es para la familia dominicana, al final el movimiento de los precios lo marca lo que la gente tiene que pagar cuando adquiere los bienes alimenticios y los servicios básicos para el diario vivir. En efecto, la población sabe que si no dispone de RD$ 46,421 al mes (enero 2025), no comerá lo necesario, ni en cantidad ni en calidad y que ese monto le representa RD$ 1,668 más que el año comparado (2023) y ese aumento queda encubierto en el número relativo de la tasa de inflación.
La más reciente encuesta revela que para la población el costo de la vida continúa siendo su principal problema, ante el hecho de que, al comprar la comida, el precio que paga es el acumulado, tanto así que, para septiembre de 2020, al iniciar la gestión gubernamental de las autoridades, el costo de la canasta básica era de RD$ 36,300 y al compararse con el costo actual (enero 2025), la diferencia es de RD$ 10,121 pesos al mes, un incremento, lo que evidencia que hoy se come más caro que ayer.
A nivel microeconómico, la comida que se consume a diario, su precio no es el que muestra el dato de la tasa de inflación del 2024, que fue de un 3.35 %, para el dominicano. La inflación la representa el arroz, que hoy cuesta 16.0 % más caro, el chocolate 25.0 %, el bacalao 8.0 %, la habichuela el 8.0 % mayor, la cebolla 7.0 %, la tasa de interés de un préstamo de consumo o personal es de un 19.4 % y el comercial de un 15.0 %.
Otro aspecto que afecta a la gente es la carrera de préstamos que lleva el gobierno central. Solo en el 2024 el saldo de la deuda pública se situó en US$ 57,587 millones, incrementándose en el último año en US$ 2,758 millones. Los préstamos tomados por el gobierno, hicieron que los ciudadanos que se encuentran en el mercado laboral y reciben ingresos monetarios, paguen como servicio de la deuda un monto total de RD$ 344,301 millones, lo que significa que cada trabajador pagó RD$75,139 sin haber autorizado los préstamos ni tampoco beneficiarse.
A nivel del dinero en mano de la gente, la velocidad y la magnitud con la que se mueve es menor al que lo hace la economía. De febrero de 2024 a febrero de 2025 creció en un 5.0 %, mientras que, la economía nominal fue de un 8.32 %, por eso la gente dice que tiene poco dinero.
Resulta evidente que tanto los indicadores macroeconómicos como los microeconómicos, apoyan la creencia social, en cuanto a que la situación de la gente no refleja mejoría, a pesar de algunos progresos macroeconómicos.