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martes, febrero 17, 2026

La propuesta de la ADP debe trascender de la sorpresa a la cotidianidad

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Por Alfonso Tejeda

 Con la sorpresa que aún impacta y congela la incredulidad en muchos sectores, el presidente de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), Eduardo Hidalgo planteó la semana pasada una propuesta que es una preocupación latente, cotidiana, que está convocando atención y demandando acción urgente: el inadecuado, desproporcionado e incontrolado uso de celulares que hacen los estudiantes en las aulas durante las horas de clases.

 La ADP, en los últimos años ha impuesto al país su abusivo, irrespetuoso y provocador sistema de paralizar la docencia por el más insignificante antojo que se le ocurra a cualesquiera de sus dirigentes en su dominio particular – la escuela-, despreciando, más que su responsabilidad social y la misión comprometida, la realidad económica de más del 90 por ciento de los estudiantes que confían en que la Educación es la vía para superar su condición de vida y de sus familiares.

 La propuesta de Eduardo Hidalgo, para restringir el acceso a redes sociales en los dispositivos digitales que utilizan los estudiantes menores de 16 años durante el horario escolar, va en consonancia con la discusión que a nivel internacional están provocando efectos negativos, tanto en la debida atención pedagógica como en la salud física y mental de los alumnos, que ya rebasa la alarma, y que en algunos espacios se está considerando como una crisis.

 Aunque en el país la realidad es preocupante pero manejable, en otros, la situación ya apunta a ser una conducta caracterizada por el aislamiento de los alumnos, deserción escolar, desinterés en actividades sociales cotidianas. También se le atribuye un incremento en los suicidios juveniles, que ha llevado a autoridades, entidades sociales, profesionales y universidades a enfocarse en el tema.

 La disponibilidad de celulares, tabletas y otras herramientas en las escuelas dominicanas facilita el acceso a las redes sociales existentes, que, junto a la flexibilidad y disposición de los educadores para la enseñanza, y la versatilidad de los estudiantes para incursionar en ese mundo digital, crean un ambiente que conspira contra la dedicación imprescindible que reclaman los temas y clases de la jornada escolar.

 En los últimos 20 años, los maestros y maestras en el país se han caracterizado por privilegiar sus particulares intereses manifestados en mejores sueldos y beneficios, en el desprecio a su misión pedagógica, en confrontar con sus huelgas recurrentes a las autoridades del ministerio de Educación y en desafiar con su prepotencia a una sociedad que aspira a que la Educación rinda los frutos esperados.

 La ADP, con esta propuesta, está desafiada a confrontarse, a demostrar que la misma es el inicio para recuperar la misión encomendada, que reconoce su responsabilidad como actor primario en el proceso educativo y que entiende la importancia social, cívica y cultural que tiene con los estudiantes y el futuro desarrollo de la sociedad dominicana, posible de lograrse si los maestros y las maestras acuden a las aulas a impartir docencia.

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