Por Federico Pinales
Con la “intención” de frenar las malas acciones, el gobierno aprobó una nueva ley de compras y contrataciones.
Otra estrategia para despejar los nubarrones y un nuevo “BOBO” para calmar a los bobones.
La experiencia nos ha enseñado que la única forma, razonable y lógica, no demagógica, de disminuir la corrupción en la República Dominicana, es aplicando la macana y construyendo un paredón próximo al malecón, para ajusticiar a cualquier “DON” que se compruebe que es un soberano ladrón.
En el país sobran las leyes, pensadas y elaboradas con los mismos objetivos, pero son los principales ejecutivos quienes las saltan como chivos y se convierten en Estrellas burlándose de ellas.
Peor aún, los mismos que cobran miles de millones para aprobarlas y quienes juran falsamente aplicarlas, son los primeros en violarlas sin ninguna consecuencia ejemplarizadora.
Dice un refrán popular que “quien hizo la ley hizo la trampa” y otro, “que nadie afila cuchillo para su garganta”.
Entonces, partiendo de esa realidad extraída de la sabiduría popular, ¿puede alguna persona cuerda pensar, que los legisladores, secretarios, directores, síndicos y regidores se van a suicidar, aprobando y ejecutando un mecanismo que los vaya a controlar?
Esa ley será otra letra muerta, a la que los corruptos le cerrarán la puerta, usando la inteligencia de los expertos defensores de la delincuencia.
Creemos en las “buenas intenciones” del gobierno, pero de buenas intenciones está adornado “el camino hacia el infierno”
Esperemos a ver las nuevas acciones de la dirección general de Compras y Contrataciones. Y de todas las instituciones, encargadas de sus aplicaciones, en el país y todos sus rincones.





