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miércoles, enero 28, 2026
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La Navidad en Nueva York

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Por Evelyn Irizarri Santos

NUEVA YORK, Estados Unidos. – La canción de El Gran Combo de Puerto Rico que hace referencia a la diferencia que representa pasar un verano en Nueva York que en cualquier otro lugar, retrata la realidad de esos tres escasos meses de calor que hace olvidar por ese breve tiempo el intenso frío de un inverno que, en la mayoría de los casos, suele ser demasiado largo. 

La canción describe las actividades que la gente aprovecha y que solo se pueden realizar durante el verano: los desfiles, las fiestas al aire libre, los viajes en barco para visitar la estatua de la Libertad, las festividades por la independencia, en fin, una parte interesante de cómo cambia la vida de los neoyorquinos durante la época más cálida del año. 

Sin embargo, el invierno, con su intenso frío y las molestosas nevadas, no es motivo para impedir que las Navidades sean memorables, y hasta cierto punto caóticas en materia de desplazamiento y congestión vehicular, de manera dramática en Manhattan.

Visitantes y residentes 

La ciudad de Nueva York se convierte en el centro más atractivo para millones de visitantes durante las fiestas de Navidad, a los que se suman millones de residentes.

Según los datos ofrecidos por NYC Tourism + Conventions, de 7.5 a 8 millones de turistas visitan la ciudad entre Acción de Gracias y Año Nuevo, reiterando así que esta es la época más concurrida en la Gran Manzana.

Las personas se concentran en el centro de Manhattan para presenciar los eventos tradicionales que solo pueden disfrutar aquí, como hacerse fotos en el icónico árbol del Rockefeller Center, y el 31 de diciembre la atención se concentra en el Times Square, con el conteo y la elevación de la bola gigantesca que anuncia el final del año y el comienzo del Año Nuevo. 

Puntos críticos 

Precisamente estos atractivos que ofrece la ciudad convierten las zonas a su alrededor en lugares intransitables, donde caminar es prácticamente imposible.

Las calles próximas al gigantesco árbol de Navidad se transforman en mareas humanas que vienen y van, pero que también se detienen ante los múltiples atractivos que se encuentran por doquier, en cualquier esquina.

Acercarse a los alrededores del Rockefeller Center deviene en una estimulante odisea, y es que durante el tiempo que el árbol permanece encendido, más de 100 millones de personas lo visitan. 

En el caso de Times Square, para la tradición de Nochevieja, solo ese día, congrega más de un millón de personas.

La economía de la ciudad se dispara, en especial, el comercio, pero quienes tienen que desplazarse por la zona para trabajar, de repente quedan atrapados en medio de una multitud que dificulta avanzar, incluso, para alcanzar cortas distancias. 

Las tiendas 

Durante los días previos a Navidad es cuando la ciudad parece caer en una locura colectiva. La gente corre despavorida de un lado a otro, en busca de los regalos para sus seres queridos y para comprar aquellas cosas que aún necesitan para la cena de Noche Buena o su comida de Navidad. El consumismo también escala a la estratosfera y comprar en las tiendas de la 5ta Avenida es como correr en un maratón, y caminar sin tropezar con alguien, un imposible.

A pesar de todo, el entusiasmo de la Navidad 

A pesar de lo caótica que se torne la situación, de la dificultad de moverse entre la gente, de la locura que sin o queriendo termina por contagiar o afectar a todos, es el entusiasmo y la alegría con que se viven las fiestas de Navidad en la Gran Manzana, lo marca la diferencia.

Es esa magia que la gente mantiene viva y que los hace olvidar los problemas de la cotidianidad para regalarse y regalar amor y alegría.

Es esa virtud, si se le quiere llamar de algún modo, que tiene la ciudad de mantener sus tradiciones, de no dejar morir la esencia de estas fiestas, aunque a veces se le va un poco la mano.

El transporte 

En general, el transporte vehicular es literalmente la parte más difícil para quienes se aventuran a conducir sus propios vehículos en Manhattan, próximo a estas zonas, pero igual también para quienes utilizan el transporte público, incluso, el servicio de trenes.

Los conductores privados y taxistas se quejan de las interminables filas de carros que parecen paralizados, sumado a la cantidad de calles cerradas, y los agentes policiales que no permiten el abordaje de pasajeros en ciertas áreas. 

Los taxistas rehúsan ofrecer sus servicios en el centro de la ciudad. "Es mayor el gasto en combustible y el tiempo que se pierde que las ganancias que se puedan obtener", afirman.

Los trenes

Para quienes deben viajar a Manhattan a trabajar durante todo el mes de diciembre, y deben utilizar los trenes, perciben el viaje como un castigo. Hay que estar preparados para esperar hasta más de una hora de retraso y cuando aparece un tren, llega lleno a toda capacidad, y los pasillos quedan atestados de personas paradas hasta el final de su recorrido.

Los niveles de estrés se acrecientan por temores a perder el tren. Aceleran el pulso. Y las quejas de los viajeros son constantes.

Y si viajar a bordo de un tren se transforma en una pesadilla, no menos resultar encontrar parqueo donde dejar el vehículo. 

La inseguridad  

A pesar de que el incremento de agentes de policía en las calles parece ofrecerle a la gente la confianza necesaria para disfrutar de la ciudad, los delincuentes buscan y siempre encuentran la forma de cometer sus fechorías. 

De hecho, el Departamento de Policía de Nueva York, anunció la formación de un escuadrón especial dedicado de manera exclusiva a combatir a los "carteristas" que se han convertido en la amenaza más sería de turistas y residentes. 

La NYPD ha advertido sobre nuevas modalidades a las que recurren los delincuentes.  Alerta sobre sutiles acercamientos, en particular, a personas con prendas como cadenas, con el pretexto de que se le parece a algún familiar que está lejos o ya falleció. Lo abrazan, y en un santiamén, lo despojan de sus prendas. 

Evelyn Irrizari
Evelyn Irrizari
Evelyn Irizarri Santos es periodista, con experiencia en televisión, medios digitales y prensa. Es, además, abogada y educadora.

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