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viernes, enero 23, 2026
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La inteligencia artificial no reemplaza la conciencia: periodismo y derecho en primera línea

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Santiago Torrijos Pulido

White-Collar Liaison en Fridman, Fels & Soto (Estados Unidos)

LL.M. de Georgetown Law

Cuando la inteligencia artificial esté “en su punto”, va a desplazar muchas fuentes de empleo -advirtió el multimillonario mexicano, Carlos Slim, al reflexionar sobre el futuro del trabajo en el mundo, durante los próximos años-.

Conviene tomar la frase con seriedad, pero sin fatalismo. La historia enseña que toda gran disrupción tecnológica reordena tareas, no vocaciones. Y hay dos oficios -que son arte y son ciencia, al mismo tiempo- que no pueden reducirse a códigos binarios ni a algoritmos: el periodismo y el derecho. No porque sean inmunes al avance técnico, sino porque su razón de ser no es mecánica: consiste en contar historias que importan y brindar voz a los que no la tienen.

El periodismo es, antes que nada, una ética de la mirada y de la pluma. No se limita a describir hechos: construye sentido, realza la voz de quienes son ignorados o soslayados, revela aquello que los algoritmos no ven: los silencios, los matices, el dolor, las contradicciones. Allí donde un modelo estadístico encuentra correlaciones, el periodista encuentra vidas: la mujer que pelea por su tierra, el barrio que resiste a un desalojo injusto, la clínica que niega un tratamiento, el algoritmo bancario que discrimina sin rostro. La narración no es un adorno; es la forma en que una comunidad entiende qué le ocurre y decide qué debe cambiar.

El derecho, por su parte, es el lenguaje público del límite y la reparación. Traduce las historias en derechos exigibles, en precedentes, en remedios. Es arte de la palabra precisa y ciencia de la prueba rigurosa. Donde el periodista ilumina, el abogado delimita; donde uno convoca a la conciencia pública, el otro ordena esa conciencia en reglas y garantías. Una cobertura persistente de abusos carcelarios puede nutrir una acción constitucional; una investigación sobre compras públicas puede derivar en sanciones, reformas y vigilancia ciudadana.

En la década de la IA, esa alianza se vuelve más profunda. Las herramientas generativas podrán transcribir audiencias, resumir expedientes, explorar bases documentales y crear líneas de tiempo. Bien usadas, liberan tiempo para lo que no automatiza ninguna máquina: preguntar mejor, escuchar con empatía, cruzar fuentes con escepticismo, preparar un contrainterrogatorio que ponga la verdad en el centro, escribir una crónica que incomode y que, a la vez, persuada. La tecnología será un amplificador, no un sustituto del juicio humano.

También hay razones para el optimismo informado. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha sostenido que, a escala global, el impacto más abrumador de la IA generativa tiende a complementar ocupaciones, más que a automatizarlas por completo. Si el horizonte probable es de tareas transformadas, no de profesiones borradas, el reto consiste en reimaginar competencias. 

¿Habrá sombras? Sin duda. Habrá precarización disfrazada de eficiencia; automatismos que confunden velocidad con verdad; tentaciones de delegar en la máquina la responsabilidad de decidir. Pero la salida no es renunciar, sino elevar el estándar humano: más verificación, más contraste de fuentes, más formación ética, más cuidado del lenguaje y de la prueba. La IA obliga a periodistas y abogados a ser mejores, no a huir, ni a retirarse.

Por eso, la respuesta al inexorable avance tecnológico avanza hacia un pacto de excelencia entre dos oficios que comparten un ADN común: investigar con honestidad, narrar con profundidad, argumentar con precisión y litigar con dignidad. Si el periodismo es la memoria viva de una sociedad y el derecho su conciencia normada, la década que viene presenta retos interesantes que estarán más vigentes que nunca.

Santiago Torrijos Pulido
Santiago Torrijos Pulido
Es abogado, con maestría en Criminología, Delincuencia y Victimología, colombiano, con formación en Colombia, España y Estados Unidos. Ejerce en su país y en Norteamérica. Sus artículos son publicados originalmente en La información de Houston, Texas.

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