Por Nelson Cuevas Medina
En la República Dominicana, la lucha interna por el poder y el control de los máximos órganos de dirección ha afectado al sistema de partidos políticos, lo que ha llevado a muchos de ellos a desaparecer o convertirse en organizaciones sin poder real, desarticuladas y sin influencia, sumidas en constantes crisis internas. Esto tiende a profundizarse, ya que, por diversas razones, importantes dirigentes han renunciado a esos partidos o han sido expulsados debido a sus decisiones contrarias y a sus posiciones disidentes respecto a las de las cúpulas que los controlan.
Los partidos tradicionales, como el PRD, el PRSC y el PLD, son los más afectados por esta situación. Sus líderes, aferrándose a dirigentes históricos y forzando la salida de otros, han transformado lo que antes eran grandes organizaciones de masas en grupos minoritarios o bisagras, como se les llama. Es el caso del PRD y el PRSC. El PLD parece estar avanzando en la misma dirección.
Estos partidos, al mantener durante décadas a un número significativo de dirigentes en sus máximos órganos de dirección, han generado malestar entre aquellos que no logran acceder a esos espacios. El surgimiento de nuevas formaciones políticas, nacidas de su interior, ha contribuido a que sean desplazados del poder.
Esto es lo que ocurrió con el PLD, que la obstinación de Danilo Medina y algunos de sus seguidores más cercanos, al intentar imponer una modificación constitucional que le garantizara un tercer mandato presidencial consecutivo en el periodo 2020-2024, desató la ruptura interna, provocando la salida del expresidente Leonel Fernández, gran parte de sus altos dirigentes y de la base, lo que, a su vez, permitió el surgimiento de la Fuerza del Pueblo. Este hecho terminó favoreciendo al PRM y provocó la salida del PLD del gobierno.
El PRSC, aunque conserva su nombre, se ha convertido en una mera herramienta de alianzas electorales tras la muerte de su líder, Joaquín Balaguer. El PRD, por su parte, también sufrió divisiones internas y la renuncia de sus dirigentes más prominentes, lo que permitió el surgimiento del PRM, que rápidamente alcanzó el poder. Tras las elecciones más recientes, el PRD quedó reducido a partido minoritario al obtener menos del 1%, y el PLD descendió al tercer lugar, después de haber dominado con más del 60% en 2016, y a un 38% en el 2020.
En las últimas semanas, altos dirigentes del PLD, incluidos miembros del Comité Central, han abandonado el partido debido a su descontento con el manejo autoritario de la organización y el intento de imponer un candidato presidencial para 2028, sin respetar la Ley 20-23, Orgánica del Régimen Electoral, que regula la fecha de elección de los candidatos. Muchos de ellos se han trasladado al PRM, mientras que otros han decidido unirse a la Fuerza del Pueblo.
Este tipo de liderazgo, que se aferra al poder pese a la fuerte oposición interna de connotados dirigentes, refleja una actitud autoritaria que, si bien puede mantener el control a corto plazo, han terminado generando divisiones y debilitando la unidad interna. Ese es el caso del PLD, que enfrenta ahora un futuro incierto, debido a su cuestionada democracia interna, la centralización del poder y la crisis de legitimidad que se ha generado dentro de sus filas. La disconformidad de miembros y su desplazamiento hacia otros partidos políticos son señales claras de que el PLD perdió su relevancia política sin posibilidad de recuperarla. Su último Congreso no logró esa unidad y cohesión interna que se propusieron.
Ante este escenario, la Fuerza del Pueblo debe aprender de los errores cometidos por el PLD y el PRD para evitar los mismos riesgos. Varios de sus miembros, incluidos aspirantes a la secretaría general, han expresado su preocupación por la propuesta de la Dirección Política, que será refrendada por la Dirección Central.
Esta propuesta busca que los principales dirigentes nacionales -Presidente, Vicepresidente y Secretario General- sean elegidos por la Dirección Central, un organismo de máxima dirección compuesto por 1,500 miembros, en lugar de involucrar a los más de 80,000 presidentes de las Direcciones de Base. Argumentan que esta centralización del poder podría percibirse como un intento de control autoritario, lo que generaría desconfianza y divisiones internas en la Fuerza del Pueblo.
Es esencial que la Fuerza del Pueblo, en su primer Congreso Elector, garantice un proceso inclusivo y democrático, donde todas las estructuras del partido se sientan representadas. Si se percibe que la toma de decisiones está siendo manipulada por un pequeño grupo, eso podría llevar a una fractura interna, similar a lo que ocurrió con el PLD y el PRD. De hecho, ya es un tema de cuestionamiento en muchos comunicadores y entre analistas políticos. La unidad y la transparencia deben ser prioritarias para evitar que la Fuerza del Pueblo caiga en la misma trampa de desgaste y fragmentación que afectó a otras formaciones políticas.
Ante este escenario político, el exsenador y miembro de la Dirección Política, Dionis Sánchez, aspirante a secretario general, expresó en una entrevista de un medio de comunicación, en clara alusión a uno de los otros aspirantes, lo siguiente: "La Fuerza del Pueblo necesita un gerente confiable para sus compañeros, que pueda desplazarse, estar en los medios de comunicación y operativizar al partido. Se requiere un secretario general que ponga al partido en sintonía y pueda llegar a cada comunidad."
Estas declaraciones reflejan el malestar en la organización política, lo que sugiere que se deben tomar acciones urgentes para evitar posibles fracturas en la Fuerza del Pueblo.