Lito Santana
El pasado 2 de marzo, la Policía Nacional arribó a su 90 aniversario. Diversas actividades fueron organizadas por esta institución ante tan importante ocasión.
Desde su fundación, la entidad policial ha atravesado por distintos momentos que han marcado su historia.
Algunos para bien, pero otros la colocan como una de las instituciones del Estado que peor servicio ha brindado a la Nación.
Los más lastimosos recuerdos para el pueblo dominicano están vinculados a hechos sangrientos en los “tristemente célebres” 12 años del Gobierno represivo del doctor Balaguer, que abarcaron el período de 1966 hasta el 1978.
La Policía Nacional, con varios de sus organismos represivos, se encargaron de ubicar, perseguir, apresar, torturar y en muchas ocasiones asesinar a cientos de jóvenes, por el “único delito” de levantar sus gritos, en busca de un sistema democrático y participativo. La lista es tan extensa, como interminable.
La población veía a los integrantes de la Policía como agente del terror y del miedo.
Fue a partir del 1978, con la salida del poder de ese régimen opresivo y la llegada del Gobierno del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y el presidente Antonio Guzmán Fernández, que este órgano abusivo empezó a mejorar su oscura imagen suavizando su estilo persecutor, por lo menos para la juventud inquieta y revolucionaria.
La Policía ha evolucionado, pero aún tiene rasgos que, aunque no se asociación a la persecución política, desdicen de su rol para proteger a los ciudadanos, bienes y propiedades, que es su fin. En general, colaborar para mantener el orden público.
Quizás por eso en la eucaristía que ofreció el arzobispo de la arquidiócesis de Santiago, monseñor Héctor Rafael Rodríguez, con motivo de este 90 aniversario, fue tan incisivo en su mensaje a los altos oficiales de ese “cuerpo del orden”.
Monseñor Rodríguez dijo que la Policía tiene el gran reto de fortalecer la confianza y la credibilidad ciudadana, a través de sus acciones, y no a través de informes o de palabras.
“Un gran reto que tiene esta institución, es que está sometida a un proceso de reforma que será largo, el reto de fortalecer la confianza y la credibilidad ciudadana, a través de sus acciones, no a través de informes o de palabras, que la gente se sienta segura, que sienta confianza en esta institución, no por lo que escucha con estadísticas, sino, por lo que ve y por lo que siente”, sostuvo el religioso.
Explicó que a toda la sociedad le afecta la violencia, las desigualdades, la desconfianza social, la falta de credibilidad, la cultura del irrespeto a la ley y la tentación de responder al mal con el mal, a la violencia con violencia, y a la muerte con venganza.
“Toda institución humana, también las que sirven al orden público, necesita constantemente revisarse, purificarse, renovarse y revestirse de la verdad, reconocer cuando falla”, afirmó.
En este 90 aniversario ¿podrá la Policía Nacional tomarle la palabra al arzobispo de Santiago, y especialmente, dejar atrás la práctica de las ejecuciones extrajudiciales con el pretexto de legítima defensa en supuestos intercambios de disparos?






