Por Santo Salvador Cuevas
Los tambores de guerra que promueve la Casa Blanca en los Estados Unidos de América apuntan hacia la Cuba de José Martí, Máximo Gómez y Fidel Castro.
Cualquiera que sea el desenlace de una contienda bélica, en Cuba quedará sepultado para siempre ante la historia, el legado del presidente Donald Trump.
Es un derecho internacional estampado en la Organización de las Naciones Unidas, el que reconoce a Cuba como una nación libre y soberana, avalada cada año con el voto universal y mayoritario de las naciones del mundo en el Consejo General de la ONU.
Lo de Donald Trump con Cuba, no es más que una bravuconada, un adefesio que niega toda lógica y todo el humanismo que sirve de base moral al derecho de los pueblos a decidir su propio destino.
Trump debe ser menos irresponsable y menos canalla, es el grito global de los pueblos a nivel planetario que demandan al presidente Donald Trump a poner un stop a su locura y dejar de agredir y bañar en sangre a pueblos soberanos.
En ningún tratado universal se le ha otorgado a Donald Trump poderes para que pretenda galopar como emperador y dueño del planeta.
Fueron los cubanos en la década del 50 quienes decidieron derrocar la dictadura de Fulgencio Batista.
Fueron los cubanos los que instauraron un gobierno revolucionario.
Fueron los cubanos, movidos por la presión y las agresiones del gobierno de Estados Unidos, los que asumieron el modelo socialista.
Así como fueron los norteamericanos los que derrocaron las colonias inglesas e instauraron un modelo de gobierno capitaneado por dos partidos: El Partido Republicano y Partido Demócrata.
Es un derecho de los gringos decidir su modelo de Gobierno, pero ese mismo derecho les asiste a los cubanos, los a los iraníes, a los puertorriqueños, a los venezolanos, o a los chinos, etc.
Pero jamás es, ni será el derecho de Donald Trump a erigirse como amo del mundo.
Usted es el presidente de los Estados Unidos y no fue electo, ni para dirigir al mundo ni para que se convierta en un asesino.
Deje a Cuba vivir en paz, deje a las naciones tranquilas.
Para tanto atropello y tanta sangre derramada, ya está bueno señor.










