Por Santo Salvador Cuevas
El desarrollo y la paz son los valores más preciados de toda la humanidad.
En cualquier rincón del planeta la gente se mueve, trabaja y lucha por su bienestar y desarrollo, siempre para vivir mejor.
Ese valor del desarrollo social pierde sentido si no se produce en un ambiente donde reine y perdure la paz social.
Es por la paz global y particular que toda la humanidad elabora reglas y leyes para la convivencia pacífica.
Desde tiempos muy lejanos en la historia surge la primera norma o ley escrita con el Código de Ur-Nammu, hecho realidad o promulgado en la antigua ciudad sumeria de Ur, alrededor del año 2050 a.C., aunque ha sido más imponente en el tiempo el Código de Hammurabi (aproximado en 1750 a.C.) destacado por su rigurosidad de "diente por diente" y "ojo por ojo".
La gente a lo lejos en la historia de la humanidad asume el código de conducta o ley, a partir de que el mismo es igual para todos, y todo quien lo viole (sin importar jerarquía o estatus social), es objeto de juicio y castigo.
En la República Dominicana, todos somos garantes del desarrollo y la paz social.
El principal garante de la paz es Luis Abinader Corona, honorable presidente de la República.
En República Dominicana está en vigencia una Constitución y el Régimen Electoral No. 20-23, creados como garantía ciudadana para que todos sean iguales, con derechos a elegir y ser elegidos, siempre bajo el entendido de que la soberanía descansa en el pueblo y no en el Palacio Nacional.
El brazo del Ministerio Público, ni debe ser parcializado, ni debe ser politizado para descabezar a la oposición política y sacar de circulación con ribetes legales a los candidatos contrarios al oficialismo.
Con la parcialidad y el tinte politiquero que se ha hecho desde el 2020, es más que suficiente.
Una veintena de ex funcionarios del gobierno anterior al del Partido Revolucionario Moderno (PRM) han sido víctimas de panfletos acusatorios, agrandados y juzgados en público por el poder mediático, sin juicio previo.
Mientras el mismo ministerio se hace de la vista gorda ante decenas de escándalos de corrupción que apuntan a los distintos ministerios y direcciones generales, sin que se haya dado ni mínimamente el mismo trato, hay justicia que se da para los integrantes del PRM y sus aliados de la Fuerza del Pueblo.
“Sé justo lo primero -dijo el Patricio Juan Pablo Duarte- si queréis ser felices".
El presidente Abinader no debe hacerse el tonto (lo digo muy respetuosamente) y debe garantizar una competencia electoral en pie de igualdad de cara al certamen del 2028.
Es normal que el partido oficial participe y hasta gane el proceso, pero no con arrebatos ni usando el poder y los recursos del Estado para controlar las entradas de los recintos y decidir la perspectiva de la victoria.
Al presidente le toca evitar un traje a la medida entre candidatos.
No es verdad que los candidatos oficiales acusados de corrupción van hacer su campaña en libertad, y los potenciales presidenciales de la oposición en las cárceles.
Eso no es ni concebible ni aceptable.
Un buen estadista está y siempre debe estar (no importa su simpatía) por encima de los partidos y de los intereses particulares.
Deben cesar los abusos políticos contra el PLD y apostar a que continuemos disfrutando de un ambiente armonioso y de paz.
Existe una experiencia histórica que todo gobernante debe usar de almohada.
El Acuerdo de Santiago en 1974 (PRD, MIDA, UNION CIVICA, MPD, Línea Roja del 14 de Junio, etc.), fue un frente de oposición que buscaba desplazar al presidente Joaquin Balaguer, el que presentó como candidato de la oposición a Don Antonio Guzmán Fernández.
La represión balaguerista fue tan fuerte, que la oposición al régimen de Balaguer decidió no participar en las elecciones pautadas en 1974, buscando con ello deslegitimar al gobierno.
Pero Joaquin Balaguer no procedió prefabricando expedientes a la oposición, ni apresando a Don Antonio Guzmán, ni al candidato vice presidencial por el PQD, Elías Wessin y Wessin; ni a Carmen Mazara del Movimiento Popular Dominicano (MPD); ni a Iván Rodríguez de la Línea Roja del 14 de Junio; ni a José Staling Hernández, de la Unión Cívica Nacional (UCN); ni a Jorge Guarionex Lluberes del Movimiento de Integración Democratica (MIDA); ni a José Francisco Peña Gómez, líder político de la coalición opositora.
Lo que hizo Joaquín Balaguer, fue sacar un as debajo de la manga:
El contralmirante Luis Homero Lajara Burgos, como candidato presidencial del Partido Demócrata Popular (PDP), Lajara Burgos y su partido acudieron a la contienda por la presidencia de la República, logrando Balaguer "hacerle quicio" al plan de la oposición que apostaba a que el Partido Reformista y Balaguer, fuesen solos a las urnas.
"Lajara Burgos, presidente", fue la consigna que enfrentó a Balaguer en 1974.
Invito al ciudadano presidente de la República a orientar el cese de la represión política contra los partidos de oposición.
Todos debemos aportar al desarrollo nacional y a la paz social.
Este país es de todos los dominicanos y no solo del oficialismo.










