Por Federico Pinales
El pueblo dominicano parece que está condenado a ser licuado en la misma batidora, con los mismos ingredientes de cada cuatro años, porque al parecer, estamos obligados al reciclaje de figuras, muy respetables en el pasado, pero que por sus probadas contradicciones entre lo que dicen y lo que hacen, deberían estar disfrutando de un honroso retiro y darle paso a otros que no hayan estado cerca de ellos, ni que les corran por las venas, para evitar la reproducción de la contaminación que los descalifica para seguir dirigiendo los destinos de nuestro desdichado país.
Solamente en un país de desmemoriados pueden materializarse las hipótesis planteadas, objetivamente, por los respetables analistas Rafael Céspedes Morillo y Osvaldo Santana, en sus dos últimas entregas publicadas en este medio la pasada semana.
Leyendo cuidadosamente y entre líneas ambos trabajos, sentí que el colador dejó escapar algunas pajitas, como esa de la “experiencia”, olvidando que uno de esos “expertos” no había sido ni regidor, cuando fue escogido por dos veteranos estadistas para reemplazarlos a ellos en la conducción de los destinos del país.
El pueblo los secundó y todos lo apoyamos, sin ser peledeistas, ni reformistas, porque creíamos en sus discursos demagógicos, que aún sigue repitiendo descaradamente y la gente le sigue creyendo, porque al parecer todos hemos perdido la memoria y ellos la vergüenza.
Todos los que nacimos entre los años 50 y 60, que vivimos parte de la dictadura de Trujillo, los primeros 12 años de Balaguer, los 8 años del PRD, con Don Antonio Guzmán y Salvador Jorge Blanco a la cabeza, los cuatro de Hipólito Mejía, 12 de Leonel Ferández, los 8 de Danilo Medina, y ahora los de Luis Abinader, tenemos la responsabilidad moral de recordarles a unos y enseñarles a otros, que todos han sido una partida de simuladores, encantadores de serpientes, cómplices de todas las cosas malas que siempre han criticado cuando han estado en la oposición, pero que han permitido o han hecho cuando han estado en el poder.
Por lo tanto, como Rafael Céspedes Morillo, Osvaldo Santana y también yo, pienso que estamos dentro de los setentones, que hemos vivido todas esas épocas, debemos cuidarnos de no darles ideas que les permitan encontrar la forma de seguirse colando, ellos directamente o a través de los Hijos, como se nota claramente en las hipótesis de Morillo y en el análisis de mi querido amigo y compañero de mil batallas Osvaldo Santana.






