Por Osvaldo Santana
A mediados de febrero de 2024, el periodista Pavel Zarubin le preguntó al presidente ruso Vladimir Putin, a quién prefería en la Casa Blanca, cuál sería mejor para Rusia, ¿Joe Biden o Donald Trump? Sin titubear, respondió: “Biden. Es una persona más experimentada y predecible, un político de la vieja escuela. Pero trabajaremos con cualquier presidente estadounidense en el que el pueblo estadounidense tenga confianza”.
No se equivocó respecto a Trump, que, aunque en el tiempo ha mostrado una aparente actitud amigable hacia Putin, y parece favorable a la finalización de la guerra en Ucrania, más allá de ese conflicto, avanza por el mundo desarticulando toda clase de convenciones y normas del derecho internacional, bajo el influjo de una supremacía inspirada en “hacer grande a América de nuevo”, sin siquiera considerar ni respetar a los aliados tradicionales, con resultados, a un año de su gestión, desfavorables, si se mide su propósito de alejar bajo sumisión a Europa de China, domeñar a Canadá y narigonear a Gran Bretaña. Y simplemente, apropiarse de Groenlandia.
En general, ha dejado claro a Europa que debe aumentar el gasto en defensa, porque Estados Unidos no puede seguir cargando con el costo de la seguridad de “unos países” a los que se refiere con desdén, como dependientes de su voluntad y sus medios.
Pero más allá, puede percibirse una pérdida en los términos de las relaciones de Estados Unidos con sus socios más importantes: la Unión Europea y Gran Bretaña y la vieja Organización del Atlántico Norte (OTAN). La Unión Europea, pese a su docilidad, en forma alguna puede estar contenta con Trump, no solo por Ucrania o Groenlandia, sino también por las políticas de sanciones arancelarias y por los desprecios. Ha trastocado todo.
El Consejo de Paz
En medio de todo eso, se ha inventado un Consejo de Paz, originalmente ideado para la reconstrucción de Gaza, el cual presidiría de por vida, con autoridad para invitar o no a los Estados de su preferencia, crear o disolver órganos de dicho consejo y para designar un sucesor.
Para ser miembro del Consejo, el Estado invitado tendría que aportar la astronómica cifra de US$1,000 millones. Entre los invitados iniciales está Putin, lo que no cayó bien entre los aliados europeos, y rechazaron adherirse.
Francia dijo que los propósitos de ese Consejo “van más allá del marco de Gaza y plantean serias dudas, en particular respecto a los principios y la estructura de las Naciones Unidas, que no pueden ponerse en tela de juicio”.
El primer ministro británico, Keir Starmer habría declarado, según medios, que no estaba dispuesto a “pagar 1.000 millones de dólares del dinero de los contribuyentes para formar parte de una junta directiva en la que estaría Putin”.
Noruega declaró que no se unirá al Consejo. “Para Noruega es importante cómo esta propuesta se vincula con estructuras establecidas como la ONU y con nuestros compromisos internacionales”, dijo el secretario de Estado, Kristoffer Thoner.
Suecia también rechazó sumarse. El primer ministro, Ulf Kristersson, dijo que, “tal como está redactado actualmente el texto”, Estocolmo no ingresará en la organización.
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y el canciller alemán, Friedrich Merz, durante una rueda de prensa conjunta expresaron desaprobación: “Estamos listos, pero, por supuesto, existen problemas objetivos. Tal como está estructurada actualmente la iniciativa, hay problemas con nuestra Constitución. Sería inconstitucional involucrarnos”, afirmó Meloni.
“Tal como está estructurado actualmente el Consejo de Paz, no podemos aceptar, por razones constitucionales en Alemania, las estructuras de gobernanza por sí solas. Por supuesto, estamos dispuestos a intentar otras formas, nuevas formas de cooperación con los Estados Unidos, cuando se trate de encontrar nuevos formatos que nos acerquen a la paz en diferentes regiones del mundo”, añadió Merz.
También se negaron a participar España y los Países Bajos. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, dijo que “es evidente que esta junta está fuera del marco de las Naciones Unidas y no ha incluido a la Autoridad Palestina”, y defendió que “el futuro de Gaza y también de Cisjordania deben decidirlo los palestinos; y también el futuro de su coexistencia pacífica y segura con Israel, deben decidirlo Israel y Palestina”.
El canciller neerlandés, David van Weel, igualmente lo rechazó y señaló que los países que aceptaron participar son “más pragmáticos”, mientras que la posición de la Unión Europea es “más de principios”.
A Trump lo acompañan en su Consejo los presidentes de Argentina, Armenia, Indonesia, Azerbaiyán, Hungría, Kazajistán y Pakistán, así como representantes de los gobiernos de otras naciones. Putin fue invitado, pero no hay certeza de su participación.
Durante la ceremonia de firma de los estatutos de la organización, Trump señaló: “Una vez que el Consejo esté completamente formado, podremos hacer prácticamente todo lo que queramos. Lo haremos en colaboración con la ONU”, agregó.
El Reino Unido y Trump
Mientras Trump antagoniza con sus aliados europeos, al mismo tiempo los ha exhortado a hacer filas contra China, pero el 2026 trajo noticias inquietantes para la Casa Blanca, y es que las relaciones entre el Reino Unido y China, tras años de deterioro, experimentan un “reinicio” diplomático y económico bajo el gobierno laborista de Keir Starmer.
A principios de 2026, el Reino Unido busca un “reajuste” en sus relaciones con China, destacando la aprobación de una gran embajada china en Londres y la reanudación de conversaciones comerciales clave para impulsar la economía británica. Se prioriza la cooperación en descarbonización y economía digital, buscando un equilibrio entre inversión y seguridad nacional.
Mega embajada China: Aprobada en enero de 2026, la nueva sede cerca de la Torre de Londres marca un cambio tras siete años de debate, reflejando el intento del gobierno de Keir Starmer por mejorar la relación.
Comercio y Economía: Se han mantenido conversaciones para fortalecer el comercio, crucial para el crecimiento británico, explorando la cooperación en el sector automotriz y la economía digital.
Contexto de Inversión: China sigue siendo un inversor clave, con un alto valor de activos en el Reino Unido, incluyendo discusiones sobre plantas de energía y tecnología.
Surgió una nueva fuente de tensión. El gobierno decidió ceder la soberanía de las islas Chagos a Mauricio, después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump atacara ese plan, que su administración había apoyado previamente. Trump dijo que renunciar al archipiélago del océano Índico, sede de una base naval y de bombarderos estadounidense de importancia estratégica, era un acto de estupidez que demuestra por qué necesita apoderarse de Groenlandia.
“Sorprendentemente, nuestro ‘brillante’ aliado de la OTAN, el Reino Unido, está planeando actualmente regalar la isla de Diego García, el sitio de una base militar vital de Estados Unidos, a Mauricio, y hacerlo sin razón alguna. No cabe duda de que China y Rusia se han dado cuenta de este acto de debilidad total”.
Groenlandia y Reino Unido
Reino Unido ha marcado otra diferencia clave. El ministro Starmer calificó de “inaceptable” la presión de Trump sobre el futuro de Groenlandia. Y afirmó que no cederá ante amenazas arancelarias ni presiones para que Groenlandia pase a control estadounidense, y defendió que la isla pertenece a sus habitantes y a Dinamarca.
Canadá y Trump
Trump ha intentado narigonear a Canadá, pero el nuevo primer ministro Mark Carney ha sorprendido con un acercamiento a China, la cual visitó recientemente. Ese hecho desató la ira de Trump.
Carney precisó que su viaje buscaba “corregir algunos problemas que surgieron en el último par de años” en los intercambios en sectores como el agrícola, el pesquero o el de vehículos eléctricos, y recordó que Ottawa acaba de acordar una cuota anual máxima de 49.000 de estos autos para que entren en Canadá con aranceles reducidos.
Medios internaciones recogen: “A principios de 2026, las relaciones entre Canadá y China han experimentado un giro significativo hacia la estabilización y la cooperación, superando años de tensiones tras una visita del primer ministro Mark Carney a Pekín, marcando un nuevo capítulo tras ocho años sin encuentros de alto nivel. Se ha firmado un acuerdo de asociación estratégica que incluye la reducción de aranceles, el aumento del comercio agrícola y la entrada de vehículos eléctricos chinos.
El ministro Starmer debió precisar que su país no tiene intención de firmar un acuerdo de libre comercio con China, porque el T-MEC tiene cláusulas específicas al respecto, después de que Trump amenazara con imponerle aranceles del 100 por ciento si firmaba un pacto comercial de esta naturaleza con Pekín.
“En virtud del T-MEC (tratado comercial trilateral que incluye a México, Canadá y EE. UU.), tenemos el compromiso de no buscar acuerdos de libre comercio con economías que no sean de mercado sin previa notificación. No tenemos intención de hacerlo con China ni con ninguna otra economía que no sea de mercado”, explicó Carney.
“Esto es totalmente coherente con el acuerdo de T-MEC, con nuestras obligaciones, que respetamos profundamente en el marco de dicho acuerdo”, añadió el primer ministro canadiense.
“Un desastre”
Las palabras de Carney no parecieron contentar a Trump, que replicó diciendo que “China está tomando el control total y absoluto del que fuera el gran país de Canadá” y que “Canadá se está autodestruyendo sistemáticamente” y “el acuerdo con China es un desastre para ellos”.
Canadienses por Estados Unidos
Carney se ha sumado a la larga lista de mandatarios internacionales que han protestado por el desprecio de Trump hacia las fuerzas internacionales que respaldaron a Estados Unidos durante la guerra de Afganistán.
“Fuimos los primeros que invocamos el artículo 5 de la OTAN, fuimos los primeros que enviamos ayuda a Nueva York después del 11-S, enviamos a 40.000 soldados a servir en el frente de Afganistán”. Recordó que 165 canadienses perdieron la vida en esa guerra y más aún resultaron heridos
Pero Trump obtuvo una victoria
Claro, obtuvo una victoria resonante en América bajo la “Doctrina Donroe”, con la captura del presidente de Venezuela Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, y la tutela al gobierno encabezado por Delcy Rodríguez; también resultó exitoso con la imposición de Nasry -Tito- Asfura en Honduras, y con el acrecentamiento de las presiones sobre Cuba, amenazas a Colombia y México.
En los últimos días se han acrecentado los informes que sugieren que Estados Unidos planea establecer un bloqueo total sobre Cuba, lo que ya ha provocado reacciones de Rusia, que expresó su preocupación. China llamó poner fin a las violaciones del derecho internacional y a que sea levantado inmediatamente el bloqueo y las sanciones contra Cuba.
Frente a Irán
Y ahora pretende imponer su estándar o modelo a Irán, que ya sufrió un ataque contra sus instalaciones nucleares durante el enfrentamiento con Israel, durante la guerra contra Gaza, Palestina, el año pasado.
En paralelo, ya Estados Unidos acercó al Golfo Pérsico el portaviones USS Abraham Lincoln, el cual realiza maniobras. Viajó desde el Mar de China Meridional. La embarcación posee destructores, cazas F-35, otras aeronaves de combate y aviones de guerra electrónica. Además, en otros territorios cercanos, Estados Unidos posee bases militares.
El jefe de la Comisión de Seguridad Nacional y Política Exterior del Parlamento iraní, Ebrahim Azizi, advirtió a los soldados estadounidenses en Oriente Medio: “Espero que, si Estados Unidos comete un error basado en los cálculos erróneos de un presidente delirante, sus soldados en la región se hayan despedido de sus familias”, según su cuenta de X.
Trump también habló de su “flota masiva” rumbo a Irán: “Tenemos una gran fuerza yendo hacia Irán. Preferiría que no pasara nada, pero los estamos vigilando muy de cerca”.
De modo que el inquilino de la Casa Blanca está en guerra y con frentes abiertos en todas partes, menos con Rusia, con la cual trata de alcanzar la paz en Ucrania. Lo impredecible ocurre, como predijo Putin.





