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miércoles, febrero 11, 2026

Dinámica del crecimiento económico en escenario de pronósticos

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Por Bernardo Hirán Sánchez Melo, Ph.D.

Cada año, la publicación de las cifras de crecimiento económico por parte del Banco Central de la República Dominicana se convierte en uno de los momentos más esperados del debate público. No solo porque permite evaluar cómo le fue a la economía en los últimos doce meses, sino porque, inevitablemente, abre la puerta a interpretaciones encontradas. Para algunos, los números revelan debilidades y estancamiento —el vaso medio vacío—; para otros, muestran capacidad de resistencia y recuperación —el vaso medio lleno—. Mucho de este contraste está influido por la forma en que los datos son presentados y debatidos en los medios.

Al mismo tiempo, organismos internacionales y analistas económicos elaboran proyecciones que marcan las expectativas para el año siguiente. Estas previsiones suelen convertirse en referencia obligada para gobiernos, empresarios y ciudadanos interesados en el rumbo económico del país.

En este contexto, el Banco Central informó que la economía dominicana creció un 2.1% durante 2025. De manera paralela, la institución proyectó que en 2026 el crecimiento podría alcanzar el 4.0%. Esta cifra se ubica entre el 4.5% estimado por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y el 3.6% previsto por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Más allá de los titulares, es importante recordar que el análisis económico requiere rigor. Las conjeturas apresuradas o los juicios basados únicamente en percepciones pueden llevar a interpretaciones distorsionadas de la realidad. Por ello, para esta entrega se desarrolló una proyección propia del crecimiento de 2026, sustentada en herramientas econométricas que permiten observar tanto las tendencias de largo plazo como los ajustes de corto plazo de la economía dominicana.

Por un lado, se utilizó un modelo que relaciona el crecimiento con variables clave como el consumo y la inversión (demanda interna), el sector externo, las tasas de interés y el tipo de cambio, con el objetivo de identificar los equilibrios estructurales de la economía. De manera complementaria, se aplicó un enfoque basado en la acumulación de capital, el empleo y la productividad, ampliamente utilizado en los estudios modernos del crecimiento económico.

Los resultados son reveladores. Desde la perspectiva de los factores productivos —trabajo y capital—, el crecimiento real para 2026 se ubicaría en torno al 4.02%, apenas por encima de la proyección oficial del Banco Central. Desde el enfoque que incorpora el comportamiento de la demanda interna y el sector externo, el crecimiento se situaría cerca del 3.8%, muy próximo a lo estimado por la CEPAL y por debajo del escenario más optimista de los organismos internacionales.

Esta diferencia entre modelos no es contradictoria. Suele ocurrir cuando las proyecciones basadas en inversión y empleo extienden las tendencias recientes de expansión, mientras que los modelos que incluyen variables financieras y externas introducen límites relacionados con el costo del crédito, el equilibrio comercial y la estabilidad macroeconómica.

Lo que ambos enfoques confirman es que el crecimiento dominicano responde principalmente a fuerzas internas. Entre ellas destacan el aumento sostenido del consumo y la inversión, la expansión de la construcción y la infraestructura, el crecimiento de la población ocupada y la fuerte conexión de la producción nacional con las importaciones de bienes e insumos. A esto se suma el papel clave de las remesas familiares, que continúan financiando una parte importante del consumo de los hogares.

Este patrón configura un modelo de crecimiento extensivo: la economía crece agregando más capital, más empleo y más consumo, más que por aumentos significativos de productividad. De hecho, las variaciones anuales del PIB están fuertemente asociadas al comportamiento de las importaciones, lo que refleja la dependencia de insumos externos para sostener la actividad productiva.

Sin embargo, este mismo modelo tiene límites claros. El bajo valor agregado local, la escasa industrialización profunda y el predominio de servicios de baja productividad hacen que el crecimiento tienda a mantenerse en rangos medios, sin dar el salto hacia niveles más altos y sostenidos de desarrollo económico.

De ahí que el gran desafío de la economía dominicana no sea únicamente crecer, sino crecer mejor. Las políticas públicas deberían orientarse a fortalecer sectores con mayor contenido tecnológico y productivo, fundamentalmente en las actividades agropecuarias y agroindustriales, impulsar cadenas de valor nacionales, elevar la productividad laboral y mejorar de manera sostenida el poder adquisitivo de los trabajadores.

En conclusión, las proyecciones para 2026 apuntan a un crecimiento sólido, cercano al 4%, en línea con las estimaciones de los principales organismos nacionales e internacionales. La economía dominicana mantiene su dinamismo en un entorno regional complejo, pero su sostenibilidad a largo plazo dependerá de la capacidad de transformar su modelo productivo hacia uno de mayor valor agregado, con bienes y productos diferenciados que generen mejores márgenes de utilidad, fundamentalmente para los cientos de miles de productores, y mayores niveles de productividad.

Bernardo Hirán Sánchez Melo, Ph.D.

es economista

Bernardo Hirán Sánchez Melo
Bernardo Hirán Sánchez Melo
El autor es economista

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