Por Yancen Pujols
La novela llegó a su fin, no en los mejores términos. Cada quien por su lado. Cruda realidad, pero así es la vida.
Rafael Devers fue sacado de Boston el domingo con destino a San Francisco, en una transacción que sorprendió al mundo del béisbol y a la República Dominicana.
Devers, de poco hablar, bajo perfil al extremo, fue tendencia en las redes sociales. Para una persona de estilo silente acaparar muchos titulares debió ser por algo grande. De hecho, así lo fue.
Muchas personas no esperaban ese cambio. Devers tuvo temas con la plana mayor de los Medias Rojas desde el entrenamiento de febrero y marzo, cuando no le gustó que lo movieran de la tercera al puesto de designados, y eso llegó al punto de que en mayo cuestionó ácidamente al gerente Craig Breslow y rechazó jugar en la primera base.
El mejor pagado en la historia del equipo, con un contrato de más de 300 millones de dólares (313.5 millones de dólares por 10 años en 2023), enfrentó a su jefe directo, armó un revuelo por no pensar en el equipo, y eso provocó que los dueños de la organización, una comitiva liderada por el mismo John Henry, arrancara para Kansas City a reunirse con el dominicano.
El encuentro se dio, Devers no paró de batear y todo parecía que había vuelto a la normalidad hasta que el pasado día 15 lo mandaron al oeste y a otra liga.
Nada valió que encabezara al equipo en jonrones (15) e impulsadas (58, líder en ambas ligas), así como en cada categoría ofensiva. El designado fue despachado. El poder es para usarlo y se lo aplicaron, enviando con eso un mensaje de que primero va el colectivo y después el individuo.
Algo queda claro que entre Devers y Boston había una situación prácticamente sin arreglos y que los propietarios querían dejarle saber dónde está el mando. Un detalle: a Devers, según reportes, lo devolvieron del aeropuerto cuando el equipo partía hacia Seattle. Tuvo que ir al Fenway Park a buscar su vehículo. Humillación y castigo a quien era el caballo de la escuadra.
Los Medias Rojas recibieron a cuatro jugadores en el canje, ninguno con nivel de superestrella ni nada parecido, otro indicio de que querían salir de él. San Francisco sí se hará responsable de unos 250 millones de dólares pendientes de su pacto.
El nativo de Samaná tiene nueva casa, un estadio nada favorable para bateadores zurdos como es el de San Francisco. El último en dar 30 jonrones en ese parque fue Barry Bonds en 2004.
Rafael tiene el talento para hacerlo. De igual forma debe aprender de esta situación y mejorar en su comunicación y ciertas actitudes.
Boston y él se manejaron mal. Eso es cierto, pero al final, el empleado va forzado con los dueños.
Boston tiene un historial de maltrato con sus estelares. Muchos se han ido por disgustos. De todas formas, el parque sigue lleno y habrá de continuar así. Los peloteros se retiran, los conjuntos se mantienen.
Para Devers, es un nuevo comienzo. Tiene todo a su favor para borrar este momento amargo y evitar que la marca de su accionar con Boston no lo persiga por el resto de sus días como jugador.
La pelota tiene su lado duro. Es un negocio y los negocios ni agradecen ni guardan rencor.
Y como si fuese un libreto de Francis Ford Coppola, este viernes 20 de junio Devers se enfrentará a su antiguo equipo en San Francisco. Él buscará darle palos, y sus ahora rivales hacerle out.
¡Son negocios!