Por Roberto Rímoli
La percepción política es la capacidad de un político para leer el contexto social, conectar con las emociones de los ciudadanos y proyectar una imagen que genere confianza y apoyo. Cuando un político “se cuelga” en esta asignatura, se evidencian errores estratégicos, mensajes que no resuenan con el público o decisiones que erosionan su credibilidad. Estos fallos pueden alienar a los votantes, debilitar su base de apoyo y dañar su imagen pública.
A continuación, se exploran ejemplos concretos que ilustran esta desconexión con las preocupaciones ciudadanas. Un político que ignora los problemas prioritarios o minimiza temas sensibles puede perder apoyo rápidamente. Por ejemplo, en 2017 el entonces presidente de México, Enrique Peña Nieto, enfrentó críticas por su lenta respuesta a los sismos de septiembre. Su gobierno fue percibido como descoordinado e indiferente, lo que dañó su imagen y la de su partido, mostrando una clara falta de sensibilidad ante el sentir popular.
Otro signo es la comunicación ineficaz o mensajes contradictorios. Un discurso mal calibrado puede generar rechazo. En 2016, Hillary Clinton, durante su campaña presidencial en Estados Unidos, calificó como “deplorables” a un sector de los votantes de Trump. Esta declaración fue interpretada como elitista, alejando a votantes indecisos y fortaleciendo la narrativa de su oponente. Este error de comunicación reflejó una incapacidad para conectar con un electorado diverso y polarizado.
La falta de autenticidad también es un factor crítico. Los ciudadanos valoran la coherencia entre las palabras y las acciones. Un ejemplo es el ex gobernador de New York, Andrew Cuomo, quien durante la pandemia de COVID-19 proyectó una imagen de líder empático con sus conferencias diarias. Sin embargo, su credibilidad se desplomó tras revelarse acusaciones de acoso y manipulación de datos sobre muertes en asilos, evidenciando una desconexión entre su discurso y su conducta.
En la República Dominicana, un caso emblemático de fallo en percepción política ocurrió en 2019, cuando el entonces presidente Danilo Medina respaldó a Gonzalo Castillo, conocido con el mote vulgar de “El Penco”, como candidato presidencial del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) para las elecciones de 2020. Medina, quien había gozado de cierta popularidad, debido a su estilo cercano a los problemas sociales, subestimó el descontento con el PLD tras 16 años en el poder.
Castillo, un empresario con poca experiencia política y percibido como una figura impuesta por Medina, fue criticado por su campaña costosa y por acusaciones de corrupción ligadas a contratos públicos. En redes sociales, el apodo “El Penco” -que implica tosquedad, falta de refinamiento o referencia al órgano sexual masculino- fue usado de forma despectiva, reflejando el rechazo popular.
Este error de Medina -un hombre de escasos gestos- al promover un candidato poco carismático y asociado con escándalos, contribuyó a la derrota del PLD frente a Luis Abinader en 2020. Mostró fallas asociadas a incoherencias, no arrancó en todo el trayecto electoral, sino provocando burlas cada vez que hablaba. Para la campaña de 2028, “El Penco” se perfila nuevamente como candidato del mismo partido y de su mismo promotor, lo que desde ya es historia conocida.
En conclusión, un político se “cuelga” en percepción política cuando no logra conectar emocionalmente, comunicar con claridad o mantener coherencia entre su discurso y acciones.
Los casos de Peña Nieto, Clinton, Cuomo y Medina-El Penco, ilustran cómo errores de juicio, mensajes mal calibrados o decisiones estratégicas fallidas pueden costar caro, sobre todo sumado en un entorno donde las redes sociales amplifican cada paso en falso.
Dominar la percepción política es esencial para mantener la confianza y el apoyo del electorado.
Roberto Rímoli es Investigador en Comunicación y Psicología










