Miguel J. Escala
Reacciones al edadismo
Para muchos lectores el concepto de “edadismo” ha resultado novedoso, pero pronto han comprendido su significado y la necesidad de abordarlo. Uno de ellos lo describió como un término “tayota”, insípido, argumentando que deja de lado el verdadero amor de los nietos. Sin embargo, lo cortés no quita lo valiente, y el amor de los nietos no elimina el edadismo presente en otros espacios sociales.
Ese comentario me recordó otro, de un lector que compartió cómo sus nietos lo defienden. Contó que su esposa, cariñosamente, lo llama “viejito”, pero su nieta de ocho años le dijo: “No le digas así, que él no está viejito”. Es evidente que, salvo en familias disfuncionales (que las hay y que todos conocemos), los hijos y nietos no suelen practicar el edadismo con los abuelos. Más bien, la familia suele ser un espacio de respeto y cariño, donde los abuelos son frecuentemente valorados y hasta venerados. Un ejemplo hermoso de este respeto es el testimonio de Zoé Saldaña sobre su abuela: “Su amor, su fuerza y su sacrificio viven en mí cada día. Gracias, abuelita, por tu legado inmenso y silencioso”. Esa nieta merece otro Óscar y otro Soberano por honrar a su abuela de esa manera.
En mi caso, mis ocho nietos, que me llaman “Tato”, aunque noten cómo el tiempo pasa y como avanzo en la tercera edad, siempre encuentran un momento entre sus ocupaciones con tablets, celulares o conversaciones con sus iguales para preguntarme o contarme algo. Sin embargo, he sentido más el peso del edadismo en otros contextos, como en el trato que recibo como cliente mayor en los bancos.
Cuando he llamado por algún problema relacionado con mi cuenta, las preguntas que hacen suelen sugerir que el error es mío. Parece que el sistema bancario es infalible y que el fallo debe estar en la capacidad del cliente mayor para adaptarse a la tecnología. Preguntas como: “¿Puso bien su cédula?”, “¿Se acordó de su contraseña?” o “¿Le dio a Enter?” no solo son innecesarias, sino que revelan un sesgo subyacente. Con mi perfil abierto en su pantalla, incluida mi edad, parece asumirse que mi dificultad proviene de mi edad y no de una posible falla técnica o de diseño en el sistema. Todo para concluir que fue un error del sistema. En esos casos he sentido la misma sensación que cuando alguien en una conversación en inglés sube la voz al notar mi acento buscando asegurarse la comprensión, como si uno no entendiera y además fuera sordo.
El edadismo como forma de discriminación basada en prejuicios abarca múltiples espacios y acciones, muchas veces inconscientes. Incluso la cortesía excesiva puede ser una expresión de edadismo. Un ejemplo personal ilustra este punto. Un tío mío vivió con Parkinson durante más de veinticinco años. Su deterioro físico era evidente, y en una ocasión quise ayudarlo a bajar unos escalones. Él, con toda tranquilidad, me dijo: “Gracias, pero a los pacientes de Parkinson se les ayuda cuando ellos lo piden”. Esa frase me enseñó una lección valiosa sobre respeto a la autonomía y sobre la importancia de no asumir que alguien necesita ayuda únicamente por su edad o condición. Una pregunta respetuosa puede transformar un acto de edadismo en uno de verdadera solidaridad.
En un artículo titulado República Dominicana/ Edadismo y discriminación por edad: un recorrido por acciones políticas y jurídicas para su abordaje, disponible en la web, se resumen los hallazgos de la experta internacional Claudia Mahler, quien trabajó junto a CONAPE para promover el uso de la legislación en la lucha contra el edadismo. Según este artículo:
“ Dentro de los principales problemas y desafíos que enfrentan las personas mayores dominicanas, en base a lo desarrollado por CONAPE, la discriminación por edad genera ‘amenazas específicas muy importantes para los derechos de la población adulta mayor, ya sea en el acceso limitado a la asistencia de la salud, el empleo, a la propiedad y a los derechos de herencia, el acceso a la información y a la educación, el derecho a la vivienda y al transporte, el acceso igualitario a los recursos para la satisfacción de las necesidades básicas’,
Hay edadismo en República Dominicana y desde luego afecta más a las personas vulnerables por su situación económica o su condición de salud. Recordemos que los organismos internacionales alertan que estar expuesto al edadismo se asocia con una menor esperanza de vida y una salud física y mental más deteriorada. Quizás el adulto mayor, por no pelear, aumenta el aislamiento social y disminuye la calidad de vida.
Nuestra legislación vigente, la visión de CONAPE y el respeto cultural hacia las personas mayores son herramientas clave para combatir el edadismo. Son parte de nuestro núcleo positivo para enfrentar el edadismo. Sin embargo, es necesario contar con la voluntad de todos, incluyendo a las propias personas mayores, quienes debemos participar activamente como protagonistas de nuestro desarrollo y en la lucha contra este fenómeno. Como he respondido a algunos comentarios: ¡Adultos mayores, uníos!
Formas de combatir el edadismo
Existen numerosos materiales producidos por las Naciones Unidas y, específicamente, por la Organización Mundial de la Salud (OMS) dentro de su Campaña Mundial contra el Edadismo, que orientan las acciones institucionales. Se destacan tres grandes estrategias que incluyen diversas acciones:
- Política pública y legislación: Establecer un marco legal sólido sobre los derechos humanos y, en particular, contra el edadismo. Es fundamental contar con veedores y observatorios que supervisen el cumplimiento de estas normativas.
- Intervenciones educativas: Implementar programas en todos los niveles, comenzando en el hogar, para identificar los errores detrás de los prejuicios, demostrar los efectos de la discriminación y fomentar experiencias de reflexión mediante juegos de roles y debates.
- Intervenciones de contacto intergeneracional: Promover la interacción entre personas de distintas edades para derribar estereotipos y fortalecer el respeto mutuo.
Para erradicar el edadismo de manera efectiva, es esencial comprender sus tres principales orígenes: institucional, interpersonal y autoinfligido.
- Edadismo institucional: Se manifiesta en leyes, normas, políticas y prácticas que limitan la participación de las personas mayores en la sociedad. Combatirlo implica revisar y reformular políticas públicas para reconocer el papel de los adultos mayores en la construcción de la visión colectiva, así como diseñar programas educativos que difundan y promuevan estas iniciativas. Esto implica trabajar en cambios estructurales y educativos que desafíen las prácticas discriminatorias
- Edadismo interpersonal: Se da en las interacciones entre personas, incluso dentro de la misma generación. La burla sistemática puede convertirse en una forma de acoso o bullying, aunque se disfrace de humor compartido en entornos familiares o sociales. Hace poco me aseguré de que la risa con mi tía centenaria fuera un "reírnos con ella" y no "de ella". Su reacción al preguntar nuestras edades y negar la posibilidad de tener un sobrino "tan viejo" generaba risas, pero ella misma era la primera en divertirse. Debemos cuidar nuestro lenguaje y, sobre todo, asegurarnos de escuchar y dar voz a quienes son mayores.
- Edadismo autoinfligido: Se produce cuando una persona adopta el rol que la sociedad le impone y termina aceptando la exclusión, la burla o la falta de autonomía. Esto puede llevar incluso a una especie de satisfacción por encajar en el estereotipo del "tonto" en reuniones familiares o sociales. Es crucial desarrollar conciencia sobre nuestros derechos y rechazar cualquier forma de maltrato, recordando que, aun con posibles limitaciones, seguimos siendo dueños de nuestra vida y merecemos respeto.
Acciones desde nuestro círculo de influencia
Si analizamos las estrategias propuestas para combatir el edadismo, las más cercanas y accesibles dentro de nuestro propio círculo de influencia —como diría Stephen Covey— son:
- Revisar nuestra propia autopercepción: Reconocer que, sin importar la edad, seguimos siendo protagonistas de nuestra vida y nuestro desarrollo, tanto físico como intelectual.
- Darnos a respetar con asertividad y dignidad: No permitir que otros nos ridiculicen o limiten nuestra autonomía.
- Fomentar intervenciones educativas en nuestro entorno: Generar conversaciones y acciones que cuestionen los prejuicios edadistas.
- Participar en iniciativas de incidencia: Contribuir activamente a la promoción de cambios en políticas públicas y legislación.
Combatir el edadismo no es solo una responsabilidad institucional, sino un compromiso que debemos asumir en nuestra vida cotidiana. La clave está en transformar nuestras actitudes y construir una sociedad donde el respeto y la equidad prevalezcan para todas las edades
Espero sus comentarios para seguir construyendo juntos. Si no ha leído los artículos anteriores (este es el cuarto) puede recuperarlos en PronosticaMedia Opiniones.
Miguel gracias por este y los demás articulos sobre el tema. Reflexionar en conjunto sobre esto nos ayuda a asumir con mayor control esta etapa.
También se sufre de edadismo en los centros de salud. Frecuentemente los médicos y otro personal de salud tienden a dudar de los síntomas presentados por adultos mayores y he sido testigo de burlas entre ellos respecto a un paciente que consideran esta confundido.
Otro asunto es la poca importancia a nivel mercadologico que le dan los bancos, las agencias de entretenimiento y de viajes. Olvidan los recursos económicos que pueden tener y no ofrecen los productos apropiados.
La madre de unos amigos celebró sus 86 años con estilo, alquilando un yate en Miami, vestida como capitana y siendo el alma de la fiesta. Rodeada de familiares y amigos, incluyendo a mi esposa y a mí, demostró que la vitalidad no tiene límite. Siempre al tanto de la política y la economía mundial, es más que “la mamá de”; es nuestra amiga por derecho propio. En mi camino hacia el envejecimiento, aspiro a ser igual de activo y alegre. Hay que seguir avanzando con ánimo y humor, ya que la alternativa no es muy atractiva.
A medida que envejecemos, nuestra capacidad de aprender crece exponencialmente. Si bien es cierto la de memorizar disminuye pero en este siglo el conocimiento esta al alcance de todos incluyendo las tecnologias que te suplen esa falta de memoria. Me atrevo a decir que aprendemos en tasa exponencial y la razon es el dejar la rutina la laboral en que estuvimos sumergidos tantos años.