Cada jugada cuenta: el "Leybazo" y cómo los errores a tiempo dejan fuera de juego a quienes aspiran a gobernar

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Por Nelson Cuevas Medina

 "En el béisbol y en la política no gana quien nunca falla, sino quien evita fallar cuando no hay margen para el error". 

En el béisbol invernal de la República Dominicana hay una frase que resuena como advertencia y aprendizaje. “Cada jugada cuenta”. No es solo un cliché de narradores o fanáticos aficionados; es una verdad que el terreno de juego se encarga de confirmar una y otra vez. Un turno al bate, un lanzamiento mal ejecutado o una decisión tomada sin cálculo pueden transformar una victoria posible en una eliminación inevitable. Esta vez el glorioso fue la víctima. 

Esa lógica no se queda en el estadio, se proyecta sobre la vida pública. En política ocurre lo mismo. No se pierde por "destino" ni por mala suerte; se pierde por fallar cuando el margen para equivocarse desaparece. Porque al final, tanto en el terreno de juego como en el ejercicio del poder, la diferencia entre avanzar y quedar fuera no está en la suerte, sino en la decisión que se toma -o se falla- cuando ya no hay espacio para errar.

La historia del béisbol dominicano bautiza jugadas y conserva nombres que nacieron de un momento exacto. Es el caso del Tulilazo, el cuadrangular de Andy Abad que definió un campeonato entre Licey y Águilas; o el Caminerazo, el batazo de Junior Caminero en el noveno inning de un séptimo juego que coronó al Escogido campeón en el Torneo 2024-2025. Jugadas celebradas porque produjeron gloria. Alegrías y celebraciones en unos, tristezas y frustraciones en otros.

Pero no solo las proezas deciden temporadas. También los fallos. En aquel mismo séptimo juego del Tulilazo, el turno fallido de Tony Bautista -con corredores en posición anotadora- cerró la puerta a la remontada aguilucha. Sin épica, sin aplausos, pero con el mismo poder definitivo. Lo bauticé entonces como el Toninazo, la derrota que llegó en el momento más inoportuno para los aguiluchos.

Esa misma pedagogía se confirmó, para entender la política, cuando el Licey quedó fuera frente a los Gigantes del Cibao. Ambos buscaban el pase al todos contra todos, Gigantes con 22 victorias y Licey con 21. Un triunfo azul igualaba la posibilidad de clasificación. El escenario era casi perfecto. Corredores en segunda y tercera, dos outs, el Licey abajo 5-3 y Domingo Leyba en el plato. El conteo llegó a tres y dos. Era el turno donde se define si se continúa compitiendo o se queda mirando desde afuera.

El ponche llegó. Y con él, una de las causas de la eliminación del glorioso en el presente torneo invernal. Ese fallo merece nombre propio, digámosle el Leybazo.

No para culpar a un jugador, sino para nombrar un fenómeno, porque cuando la estructura completa deposita su futuro en un solo momento… y falla, la frustración y la impotencia es significativa. 

Eso también ocurre en política. Hay derrotas que no nacen en las urnas, sino en la incapacidad de responder cuando la coyuntura exige precisión. Hay proyectos que no se pierden por la fuerza del adversario, sino por errores propios; por no conectar con la ciudadanía votante cuando se tiene la oportunidad; por actuar tarde; por confiar en que “habrá un juego más”. "Una segunda vuelta". Y cuando el error llega en el momento decisivo, ya no hay calendario que salvar ni discurso que remiende. 

El juego pendiente entre Licey y Gigantes terminó jugándose, sí, pero sin sentido competitivo real. Igual ocurre con partidos, instituciones y liderazgos que, formalmente, siguen existiendo, pero ya no inciden. Permanecen en el terreno por inercia, no por capacidad. Cumplen trámites, no protagonizan decisiones. Muchos dejan de ser opción para próximas "temporadas".

Ese es el verdadero fuera de juego político, seguir estando, cobrando; pero no contar. He ahí cuando empieza la "bisagra".

El round robin del actual béisbol invernal nos ofreció una lección que trasciende la crónica deportiva; donde "cada jugada y cada movimiento cuenta". Y cada error a tiempo tiene consecuencias que no siempre se pueden revertir. El Leybazo no fue solo un ponche; es la confirmación de que, tanto en el terreno de juego como en la política, las oportunidades que no se aprovechan a tiempo terminan convirtiéndose en exclusión. Ejemplos tenemos de sobra.

No es destino.

No es azar. 

Es consecuencia.

Porque la historia, implacable, termina registrándolo. Tanto en el béisbol como en la política.

 

Nelson Cuevas
Nelson Cuevas
Periodista - Dirigente comunitario. Lic. en Educación, Lic. en Derecho, con Maestría en Derecho Civil y Procesal Civil Contemporáneo. Con estudios en Manejo de Areas Silvestrea y Areas Protegidas, en la Universidad Estatal de Colorado, EE.UU.

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